
Argentina enfrenta un amplio abanico de desafíos en la postpandemia y la reconstrucción del entramado productivo es uno de ellos. La economía muestra signos de clara recuperación y en casos como la industria y la construcción, de franco crecimiento. Esta reconstrucción nos plantea un reto: cómo financiarla. Desde la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y los Emprendedores del Ministerio de Desarrollo Productivo pusimos el foco en resolver ese problema y diseñamos una política de créditos para PyMEs masiva, accesible y federal.
Desde que asumimos sabíamos que el desafío era grande: las pequeñas y medianas empresas fueron perjudicadas por la gestión que nos precedió y no sólo debieron enfrentar aumentos de tarifas que las obligaron a bajar las persianas, sino que aquellas que lograban sobrevivir sólo podían financiarse a tasas que llegaron hasta el 80%. Fue la consecuencia directa de haber abandonado un modelo económico centrado en la producción y el empleo para privilegiar la especulación financiera como único fin.
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Desde el inicio de la gestión de Alberto Fernández y desde la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y los Emprendedores se otorgaron 658.712 créditos. Entre ellos se contabilizan la línea para PyMEs al 24% con garantía del FOGAR, los créditos del programa ATP, los créditos capital de trabajo e inversión productiva y trabajadoras y trabajadores independientes a tasa cero. Se trata de un crecimiento exponencial en relación al período 2018 y 2019, donde sólo hubo 4.086 créditos. Hablamos de 30 líneas de crédito por más de 230 mil millones de pesos.
Para lograr una política de créditos de tal envergadura, el Ministerio de Desarrollo Productivo multiplicó los recursos del FOGAR 133 veces. Pasó de 1.080 millones de pesos a finales de 2019 a 144.000 millones de pesos al día de hoy. Lo mismo sucedió con el FONDEP que pasó de 1.860 millones a fin de 2019 a 54.500 millones de pesos en la actualidad: esto representa haber multiplicado los recursos 29 veces.
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La estrategia de financiamiento es clara y responde a un objetivo de nuestra fuerza política y un compromiso asumido con la ciudadanía allá por octubre de 2019: recuperar una Argentina que prioriza a quienes invierten, arriesgan y generan empleo y a quienes trabajan. Pero no se trata sólo de una cuestión discursiva; este gobierno ratificó en los presupuestos y en sus acciones lo que prometió durante la campaña y lo que afirma públicamente cada día de gestión.
Pero las políticas de crédito masivo a las PyMEs sólo fueron posibles porque logramos superar un discurso que fue mayoritario entre 2015 y 2019, un discurso que aún resuena en algunos sectores y que asegura que nuestras pequeñas y medianas empresas no son creativas ni tampoco innovadoras y por eso no son competitivas a nivel internacional. Ese discurso es falso. Nuestro país tiene empresarios que en una economía compleja como la argentina y en plena pandemia, diseñaron, produjeron y distribuyeron y hasta exportaron productos que fueron esenciales para la lucha contra el COVID-19.
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El desafío con el que iniciamos la gestión sigue ahí. La política de financiamiento debe ser aún más masiva y federal. Los 658.712 créditos que otorgamos desde la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa y los Emprendedores del Ministerio de Desarrollo Productivo son apenas el puntapié inicial de una política que debe ampliarse para llegar más y mejor a todas las PyMEs que así lo requieran en todos los lugares del país. En eso trabajamos día a día.
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