
La fotografía da la oportunidad de conocer más el mundo que nos rodea, ya sea captando estructuras arquitectónicas, animales, paisajes o personas que se convierten en protagonistas, nos acercan a un instante impregnado de sentido artístico.
En medio de la rutina, la imagen de un rincón de México puede servir de entretenimiento, para aliviar la vista y conocer un elemento nuevo que podría servir para lucirse en reuniones.
Esta fotografía nos invita a analizar sobre la grandeza de la creatividad humana y la belleza de lo que se localiza en el país. Sin más antesala, a continuación está la imagen del día, proporcionada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Tezcatlipoca: Señor del Mictlampa, el lugar de los muertos

Hijo de la pareja creadora Ometecuhtli y Omecihuatl, Tezcatlipoca fue uno de los dioses más venerados del panteón mexica. En la cosmología náhuatl prehispánica, su presencia era omnipresente y encarnaba la dualidad entre vida y muerte, especialmente como regente del rumbo del Norte.
Este rumbo, llamado Mictlampa, era un lugar oscuro, frío, seco y de reposo eterno, considerado la región de los muertos. Tezcatlipoca, por lo general considerado de naturaleza oscura y nocturna, también era visto como el Sol que descendía al reino de los difuntos, lo que fortalecía su vínculo con el Norte.
No es sorprendente, entonces, que en los ajuares funerarios se incluyeran ofrecimientos dedicados a esta deidad, como esta urna perteneciente a la Ofrenda 14 del Templo Mayor de Tenochtitlan.
Quién es Tezcatlipoca

Según el investigador Rafael Tena, autor de “La religión mexica”, el panteón de esta civilización prehispánica contaba con hasta 114 deidades, destacando quince de ellas como principales. Entre estas, Tezcatlipoca, conocido como el “dios-dios”, ocupaba la cúspide de la jerarquía divina.
Se le considera una figura central, no solo por su posición, sino también por su compleja relación con Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada. Ambos dioses formaban una dualidad antagónica: Tezcatlipoca representaba el cielo nocturno y la guerra, mientras que Quetzalcóatl simbolizaba la luz, la fertilidad y la sabiduría. Esta dualidad se reflejaba en sus nombres y colores: Quetzalcóatl era conocido como Tezcatlipoca Blanco, siendo Tezcatlipoca asociado al color negro.
El nombre Tezcatlipoca, que significa “el espejo que humea”, proviene del náhuatl. Este dios es frecuentemente representado con espejos de obsidiana en el pecho, el tocado o los pies, objetos que los mexicas consideraban adivinatorios. La capacidad de otorgar estos poderes recaía exclusivamente en Tezcatlipoca, quien los confería a los tlatoanis.
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