
¿Cómo explicarle a alguien joven qué pasó en Ayotzinapa?, esa fue una de las primeras interrogantes a las que se enfrentó el periodista Miguel Ángel Juárez Franco, autor del libro “La eterna noche de los 43″, una novela basada en hechos reales de lo que aconteció entre la noche de 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, pero que la oscuridad del caso se alargó -y lo seguirá haciendo- por 10 años. Hay detenidos, pero no culpables; hay restos, pero no certeza de que los 43 normalistas estén vivos o muertos; hay una verdad histórica que engrosó la lista de archivos de casos de impunidad, negligencia y el uso de todo el Estado para cometer crímenes de lesa humanidad.
Podríamos contarle que 43 estudiantes de la Escuela Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa desaparecieron hace 10 años; que dos grupos criminales querían el control de la región -rica en oro y heroína-; que el alcalde y su esposa (José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda) estaban involucrados con el narcotráfico; que la policía municipal, estatal y militares participaron en la desaparición de los normalistas y que el Estado, entonces encabezado por Enrique Peña Nieto, se esforzó en ocultar la verdad.
Incluso podríamos ir más atrás y decirle cómo se comenzó a sembrar amapola y coca en Guerrero; cómo los cárteles se pelearon por dominar la región hasta que aparecieron los hermanos Beltrán Leyva y controlaron todo, pero que después se pelearon con su primo -un tal Chapo Guzmán-, quien con ayuda del segundo gobierno del PAN desató la guerra y los eliminó. Que tras esto se formaron varios grupos locales como Los Rojos y Guerreros Unidos, dueños, de un cargamento de heroína escondido en uno de los autobuses que los normalistas tomaron en Iguala para acudir a la marcha del 2 de octubre (No se olvida, y tampoco Ayotzinapa); que para recuperarlo echaron a andar la maquinaria de seguridad en Guerrero (que servía a sus órdenes). Que Juntos, Estado y criminales, balearon a los jóvenes y los desaparecieron.
Así es como narra Miguel Ángel Juárez Franco “La eterna noche de los 43″, una novela que junta todas las investigaciones sobre lo que ocurrió a los normalistas para convertirlas en un “llamado a la indignación” y en un libro que no permita olvidar lo que pasó con los estudiantes de Ayotzinapa.

Encontrar la verdad
Para rellenar los huecos provocados por la desaparición y fabricación de pruebas, por los 10 años transcurridos y por aquellos detalles inalcanzables para las investigaciones y revelaciones de los testigos, el autor echó mano de la literatura; es así como podemos imaginar dentro de las páginas del libro como fueron los últimos momentos de Julio César Mondragón, a quien sus compañeros le decían “El Chilango” y que fue uno de los tres normalistas asesinados en esa noche eterna. Sus asesinos le arrancaron la piel del rostro. “Sólo con la literatura podemos llegar a alcanzar ese nivel de indignación e imaginar que mientras el jóven era asesinado y desollado, pensaba en su esposa e hija recién nacida”.
La herencia que recibió el líder y fundador de Morena de las administraciones pasadas también incluía la promesa de encontrar a los 43 normalistas, por eso su primer decreto fue crear la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa. Sin embargo, el pasado 30 de septiembre López Obrador entregó el poder a Claudia Sheinbaum sin cumplir esa promesa. A 10 años de distancia, la noche eterna de iguala sigue sin ver la luz.

A las declaraciones del autor se deben sumar la prisión domiciliaria en la que se encuentra Jesús Murillo Karam (exprocurador federal de justicia), Tomás Zerón de Lucio (exjefe de la Agencia de Investigación Criminal), prófugo en Israel; la detención de los líderes de Guerreros Unidos (Gildardo López Astudillo, Felipe Rodríguez Salgado y Martín Villegas Navarrete) y de más de un centenar de presuntos involucrados, entre policías, criminales, militares y políticos, algunos llevan sus procesos en libertad.
Imposible no hablar de la pareja Abarca-Pineda: ella, de larga historia familiar con vínculos con la delincuencia; él, vendedor de sombreros y oro que llegó a convertirse en alcalde de Iguala y que soñaba con escalar en el PRD, ambición que lo llevó a buscar con ahínco el aparecer en una fotografía con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Los Abarca-Pineda están presos, pero por delitos de delincuencia organizada, lavado de dinero y delitos contra la salud; no les han podido imputar su participación en la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Responsabilidad de todos
Durante su primer día como presidenta de México, Claudia Sheinbaum pidió disculpas por la masacre cometida el 2 de octubre de 1968. Para Ayotzinapa no queremos lo mismo; aún estamos a tiempo de saber qué pasó con los jóvenes y no llegar a repetir el 68, destacó Miguel Ángel Juárez Franco.
De no hacer nada, dar un giro a las investigaciones o comenzar de nuevo, se corre el riesgo -destaca el periodista- de que ocurra lo mismo que en Tlatlaya, cuando 22 civiles fueron asesinados por militares, pero en lugar de investigar, el caso se archivó, luego los documentos se quemaron y el crimen comenzó a quedar en el olvido; sólo es retomado por los medios cuando se acerca el fatídico aniversario de lo que ocurrió el 30 de junio de 2014.

“¡Ayotzi vive, la lucha sigue, sigue!”, “¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!” volvieron a retumbar -como cada año- en la cantera del Centro Histórico de la Ciudad de México el pasado jueves 26 de septiembre de 2024. Se cumplían 10 años de la eterna noche; en las murallas que defendían al Palacio Nacional los manifestantes escribieron “Ejército asesino” y “Harfuch narco de mier...”.
Harfuch, el próximo encargado de la seguridad pública nacional tiene su propio nivel de responsabilidad en la desaparición de los 43 normalistas: “Tenía que desarmar a la policía de Iguala y municipios aledaños; ya le habían advertido que tenían vínculos con el crimen organizado: no lo hizo y actuó en omisión”.
Sólo así, expandiendo el estudio y las responsabilidades es como podríamos llegar a conocer la verdad de lo que pasó con 43 jóvenes que soñaban con ser maestros; 43 historias de los más de 115 mil desaparecidos en México; 43 estudiantes a quienes ¡Vivos se los llevaron! y, sí, ¡Vivos lo queremos!.
-¿Por qué no conocemos la verdad de lo que pasó?
-Porque nos la han escondido, no la quieren dar a conocer. Y la fuerza de la Presidencia de la República no ha alcanzado para reconstruirla
¿Quién tiene más poder que la Presidencia de la República?
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