
El concepto de la “Ciudad de los 15 Minutos” ha ganado popularidad en muchos países como un modelo urbanístico que promete mejorar la calidad de vida de los residentes.
Este enfoque propone que todas las necesidades diarias de una persona, desde trabajo y educación hasta recreación y compras, puedan ser satisfechas dentro de un radio de 15 minutos caminando o en bicicleta.
Sin embargo, la implementación de este modelo de ciudades en México enfrenta numerosos obstáculos que hacen que esta utopía urbana sea difícil de realizar, pues existen muchas trabas para poder ser aplicado en el contexto mexicano.
¿Por qué la idea no es viable en México?

La implementación de estas iniciativas en áreas metropolitanas como la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) enfrenta desafíos significativos en términos de viabilidad económica y equidad social, de acuerdo con el artículo La ciudad de los 15 minutos y la escala metropolitana: el caso de la Zona Metropolitana del Valle de México de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
El estudio analizó datos de transporte obtenidos de teléfonos móviles y encontró que los residentes de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) tardan en promedio más de 54 minutos en sus desplazamientos cotidianos.
El modelo de la “Ciudad de los 15 Minutos” pretende fomentar un estilo de vida sostenible y centrado en la comunidad, pero su implementación en contextos metropolitanos como el de la ZMVM muestra limitaciones debido a varios factores. En primer lugar, el acceso a vivienda asequible es un problema en áreas periféricas donde la densidad poblacional es baja y los servicios básicos son deficientes.
En segundo lugar, según el artículo, la distribución equitativa de servicios esenciales está limitada, lo cual aumenta la segregación socioeconómica. Además, las largas distancias y la falta de transporte público adecuado complican aún más la movilidad regional.
La media global de distancias recorridas en la ZMVM es de 3.63 km a pie, lo que se traduce en un tiempo estimado de 54 a 84 minutos. Sólo el 10% de los desplazamientos se realiza dentro del radio de 1 km, el cual coincide con el ideal de 15 minutos a pie.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y otras áreas centrales atraen un número significativo de desplazamientos desde zonas muy dispersas, lo que revela una conectividad limitada con las periferias. Además, la segregación socioespacial hace que los residentes en periferias tengan que recorrer largas distancias debido a la falta de servicios cercanos.
La mayoría de los habitantes de bajos ingresos dependen del transporte público informal, lo que incrementa su tiempo y costo de desplazamiento. Además, la falta de infraestructura adecuada para asegurar desplazamientos seguros y accesibles aumenta las dificultades.
El estudio concluye mencionando que para que este modelo de ciudad sea viable es esencial una revaluación significativa de la planificación urbana, la distribución equitativa de recursos y la implementación de políticas integrales que aseguren la interconexión de diversas escalas urbanas.
¿Cómo surge este concepto?

La idea de una ciudad de quince minutos surgió a raíz de la pandemia de COVID-19, cuando la población se vio obligada a salir de sus hogares solo para recorrer distancias cortas en busca de bienes y servicios esenciales, de acuerdo con Jorge Acosta, investigador de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Sinaloa.
El objetivo de implementar esta iniciativa en las grandes ciudades es ofrecer a los ciudadanos la posibilidad de desplazarse dentro de un radio promedio de quince minutos, donde puedan encontrar todo lo necesario para vivir: bienes, servicios, entretenimiento, atención médica, supermercados, espacios de recreación, entre otros.
“Nosotros creemos que es cierto, es posible, y que incluso deberíamos de apuntar nuestras ciudades hacia esa idea (…) no separar a la población, ese es un concepto erróneo de dividir, separar, fragmentar, sino buscar la manera de cómo la ciudad se puede organizar de tal manera que la gente no tenga que moverse demasiado para acceder a todo esto”, expresó el académico en una entrevista realizada por la misma institución.
Según Acosta, el promedio de velocidad de una ciudad es de 15 kilómetros por hora, velocidad que se puede alcanzar con una bicicleta. Priorizar este tipo de transporte puede ayudar a mitigar la dependencia al automóvil, promover una movilidad más sustentable, mejorar la salud de los ciudadanos, disminuir los gases contaminantes, además de crear ciudades menos ruidosas donde se promueva el uso del espacio público.
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