
Chiapas, uno de los estados más violentos de México, enfrenta una situación de extrema inseguridad y violencia controlada por el crimen organizado. En los últimos meses, el aumento de la migración involuntaria y el desplazamiento de personas han exacerbado la crisis en la región. Tanto es así que incluso se han cancelado elecciones en algunas áreas debido al riesgo que supone la presencia de grupos delictivos. Tapachula, una ciudad en la frontera sur del estado, refleja claramente esta realidad.
Desde hace tres décadas, las pandillas MS13 y Barrio 18 llegaron a México, incluyendo Chiapas, como parte de un fenómeno migratorio complejo y multifacético. La intensificación de las políticas de deportación mientras buscaban “el sueño americano” obligó a miembros de estas pandillas a regresar a sus países de origen, como El Salvador, Honduras y Guatemala.
Sin embargo, las condiciones de violencia y pobreza en esos países llevaron a muchos de estos individuos a buscar nuevas rutas migratorias hacia el norte, transitando a través de México. En su camino, establecieron células y redes de apoyo que replicaron las estructuras criminales de sus pandillas, penetrando en diversas regiones mexicanas, incluyendo Chiapas.
La frontera sur mexicana, debido a su proximidad con Centroamérica y su posición estratégica en las rutas migratorias, se convirtió en un punto clave para estas pandillas.

La llegada de la MS13 y Barrio 18 a Chiapas se intensificó por la importancia de Tapachula como un centro neurálgico de migración en la región. Desde finales de los años 90, la ciudad ha sido un punto crucial para miles de migrantes centroamericanos que intentan llegar a Estados Unidos.
El flujo constante de personas y el paso del tren conocido como “La Bestia”, facilitaron el asentamiento y la operación de estas pandillas en la región. Así, establecimientos como albergues para migrantes y puntos de tráfico se convirtieron en terrenos fértiles para que estas pandillas extendieran su influencia.
Las pandillas centroamericanas como la MS13 y Barrio 18, que alguna vez impusieron su dominio, ahora operan bajo el estricto control de los grandes cárteles de la droga, particularmente el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG).
De poderosos a subalternos

Las pandillas, aunque aún presentes en Tapachula, han visto menguada su influencia. De acuerdo con una investigación de Insight Crime, titulada “Pandillas y narcos: el vértice de todos los males en Tapachula, México”, señala que la capacidad de control de estos grupos ha sido absorbida por los cárteles de la droga en México, quienes imponen las normas y dirigen las operaciones criminales.
Anteriormente, la MS13 controlaba partes de la ruta de migrantes que se movían en “La Bestia”, pero esta realidad se ha transformado con el tiempo.
Las pandillas, ahora, desempeñan roles subalternos en el ecosistema criminal. Se dedican principalmente al narcomenudeo y a ayudar en el tráfico de migrantes. Estas tareas menores son dirigidas y supervisadas por los grandes cárteles.
Los pandilleros funcionan como “vendedores callejeros” para los narcotraficantes, vendiendo pequeñas cantidades de droga y cobrando cuotas por el paso de migrantes.
Guerra entre el CJNG y el Cártel de Sinaloa

Tapachula ha sido testigo de una creciente violencia debido a la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el CJNG, disputa que ha generado un clima de inseguridad y ha incrementado el control territorial por parte de los cárteles.
En 2023, la Secretaría de Marina (Semar) incautó 200 kilos de cocaína pertenecientes al grupo de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, reflejando la magnitud del conflicto.
Las estructuras locales de las pandillas han sido subyugadas y puestas a trabajar al servicio de los grandes cárteles. En Tapachula y sus alrededores, los grupos criminales libran la guerra y cobran el pago en nombre de “Los Señores”. La ciudad está fuertemente controlada por estas organizaciones que han transformado el paisaje criminal, señala el informe de la organización.
La migración en Tapachula ha sido aprovechada por el CDS y el CJNG como una fuente significativa de ingresos. Los coyotes, que mueven migrantes desde Centroamérica hacia Estados Unidos, dejan casi la mitad del costo del viaje en manos de los narcotraficantes, según Insight Crime. Este dinero se convierte en armas y otros recursos que sustentan la guerra entre cárteles.
Tapachula ha experimentado una transformación en su dinamismo criminal. Las pandillas que alguna vez dominaron la región ahora operan bajo un estricto control de los cárteles de la droga. La ciudad sigue siendo un punto crucial para el tráfico de drogas y de migrantes, alimentando la economía criminal y la confrontación entre las poderosas organizaciones delictivas.
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