
A inicios de los años 2000, el Cártel de Sinaloa contactó a pilotos aviadores que trabajaran para la organización. La tarea era transportar droga de Sudamérica a México, y después a Estados Unidos (EEUU). Uno de los más destacados es Alejandro Flores Cacho, operador que está bajo la mira del país vecino.
Flores Cacho ha recurrido a una diversidad de identidades en un intento por pasar desapercibido ante la justicia. Algunos de los nombres que ha usado durante su trayectoria delictiva son: Alejandro Bolaños Cacho y Abel Robles Valdez.
Cacho es mexicano pero se desconoce el estado donde es originario. Nació el 26 de marzo de 1963, por lo que actualmente tiene 60 años de edad, según consta en su Clave Única de Registro de Población (CURP) compartida por el Departamento de Estado de EEUU.
En 1982 se graduó como piloto aviador en una escuela militar de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), de acuerdo con su célula profesional 0770624, registrada en la Secretaría de Educación Pública (SEP).

A los pocos meses de haberse graduado, Flores realizó uno de sus primeros viajes a Colombia, donde el Cártel de Medellín tenía nexos con el Cártel de Sinaloa. De esa manera se fue involucrando en el transporte de sustancias ilícitas que eran traficadas hasta EEUU.
En el año 2002, Flores Cacho integró una célula criminal en México que extendió sus operaciones a Venezuela. Además de llevar la droga de un punto a otro, también se encargaba de trasladar el dinero ilícito obtenido de sus actividades delictivas.
Los movimientos del piloto mexicano ya habían sido detectados por EEUU, por lo que en 2008 se presentó una acusación en su contra en la Corte Federal de Houston, Texas. Pero fue hasta el 13 de octubre de 2010 cuando la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) incluyó a Cacho en su “lista negra”.
Para ese entonces, Alejandro era identificado como un “piloto que controla una red multinacional de transporte de drogas en coordinación con los líderes del Cártel de Sinaloa Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García”, se lee en un reporte de la OFAC.

Con base en una serie de investigaciones se determinó que Cacho lideraba el cuadro de narcopilotos de la organización, de manera que estaba a cargo de la entrega y distribución de narcóticos por aire y mar de Sudamérica a México.
Las operaciones de aviación de Flores Cacho eran respaldadas por dos empresas: Mantenimiento, Aeronáutica, Transporte y Servicios Aéreos S.A. de C.V. (un negocio de hangares ubicado en Toluca, Estado de México) y Aero Express Intercontinental S.A. de C.V. (un transportista de carga aérea en la Ciudad de México).
Asimismo, Alejandro era socio de una escuela de aviación llamada Capacitación Aeronaútica Profesional S.C., con sede en Cuernavaca, Morelos. En ese centro se entraban a pilotos para que posteriormente se involucraran en el tráfico de drogas, según los informes de la OFAC.
Entre los operadores financieros vinculados con Cacho se encontraba su esposa Diana Lorena Toro Díaz, y su hermano Javier Flores Cacho, quienes operaban una variedad de empresas fachada para adentrarse en la economía legal, en las que se incluía un restaurante, un rancho ganadero, un club deportivo y un negocio agrícola.
Hasta el momento no se tienen registros de que Alejandro haya sido detenido en relación con sus labores de piloto de aviación. Sin embargo, algunos de sus socios han caído ante la justicia, entre los que se encuentran Irma Patricia Bernal Talamantes y José Luis Rodarte Grijalva, asegurados en 2011 en Chihuahua por lavado de dinero.
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