
Un mexicanismo es una palabra, expresión o giro lingüístico que es típico o característico del español hablado en México.
Estos pueden ser términos únicos que no se utilizan de la misma manera en otros países de habla hispana, o pueden ser variaciones y modismos que son específicos de la variante del español hablada en nuestro país.
Pueden estar relacionados con la cultura, la historia o las costumbres de nuestra región y a menudo reflejan la riqueza y diversidad de la lengua española en este país. Algunos ejemplos de mexicanismos incluyen palabras como “chido” (que significa “bueno” o “genial”), “chilango” (para referirse a los habitantes de la Ciudad de México) y “nopal” (una especie de cactus ampliamente consumido en la gastronomía mexicana).
Pero, cuando un capitalino dice que alguien “anda a medios chiles” o lo tilda de “teporocho”, pocos se detienen a pensar en el origen de estas pintorescas expresiones.
Sin embargo, un viaje al pasado de dos emblemáticos barrios de la Ciudad de México revela que estas frases son mucho más que jerga: son parte del patrimonio cultural e histórico de la capital.

A medios chiles: un brindis de ingenio y tradición
La historia nos lleva a La Merced, el mercado que ha sido el corazón comercial de la ciudad durante siglos.
Aquí, los cargadores, quienes sostenían el peso de la economía literalmente sobre sus hombros, encontraron un método creativo para saciar la sed sin renunciar a la eficiencia. Sin vasos a la mano, cortaban chiles jalapeños por la mitad para usarlos como copas improvisadas para mezcal, tequila o caña.
Esta práctica dio origen a la expresión “a medios chiles”, utilizada para describir la condición de aquel que ha comido y bebido lo justo para encontrarse entre la alegría y la satisfacción. Curiosamente, la Real Academia Española añade matices al término, señalando que puede significar también ‘a medio hacer’, ‘medio dormido’ o ‘medio borracho’.

Teporocho: de oferta etílica a identidad urbana
El barrio de Tepito, por su parte, ofrece otra historia rica en sabor local. Aquí, una infusión etílica, vendida a tres por ocho pesos: “tres por ocho”, podría haber dado lugar a la palabra “teporocho”, refiriéndose a aquellos cuya ebriedad era evidente. Con el tiempo, este término pasó a identificar no solo a los ebrios del barrio, sino a cualquiera en la ciudad que haya excedido los límites de la bebida.
A lo largo de los años, estas expresiones se han mantenido vigentes, evolucionando y adaptándose a nuevos contextos. “A medios chiles” y “teporocho” no son solo palabras, sino narrativas vivas que cuentan la historia de sus orígenes cada vez que son pronunciadas.
Revelan no solo la creatividad lingüística de los barrios de Tepito y La Merced, sino también la capacidad de los mexicanos para hacer de la cotidianidad un arte y del lenguaje, un testimonio de resistencia y humor ante la adversidad.
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