Jared Fogle recibió en noviembre de 2015 una condena de 15 años y medio de prisión por abuso sexual de menores y distribución de pornografía infantil. La jueza federal Tanya Walton Pratt lo sentenció en Indianápolis. Hasta pocos meses antes, Fogle había sido el rostro más reconocido de la casa de sandwiches Subway.
La historia de Jared Fogle era, durante mucho tiempo, el tipo de historia que a la gente le gusta escuchar. Siendo estudiante universitario, con obesidad severa, había empezado a comer en Subway casi todos los días y bajó más de 90 kilogramos. La cadena vio en eso una oportunidad y lo convirtió en su vocero.
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Durante más de 15 años, Fogle apareció en publicidades, eventos y campañas nacionales. En ese período, el número de locales de Subway se triplicó hasta convertirse en la cadena de comida rápida más grande del mundo. Su fortuna personal llegó a los 15 millones de dólares.
En 2010 se casó con Kathleen McLaughlin, una maestra. Tuvieron dos hijos. Subway no tardó en incorporarlos a la estrategia comercial: lanzó una campaña llamada Jared’s Journey que contaba la historia de su pérdida de peso y presentaba a su familia mediante animaciones, sin haber pedido el consentimiento de McLaughlin ni de los chicos.
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La empresa también lo enviaba a escuelas primarias de todo el país. La gira se llamaba Jared’s School Tour y su objetivo promocionado era combatir la obesidad infantil.

En julio de 2015, agentes del FBI allanaron la casa de Fogle en Zionsville, un barrio residencial de Indianápolis. Se llevaron computadoras, dispositivos de almacenamiento, registros de celular y otros datos. Subway suspendió su relación con él ese mismo mes y lo confirmó públicamente en agosto a través de Twitter: “Ya no tenemos relación con Jared y no tenemos más comentarios”.
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Las grabaciones de Herman-Walrond, difundidas públicamente a través del programa televisivo Dr. Phil, eran demoledoras. En ellas, Fogle describía con detalle sus métodos para ganarse la confianza de los chicos y admitía abiertamente sus deseos. “Me gustan de todas las edades”, decía en uno de los audios. “Eso es lo que pasa, quiero decir, me gustan todas”.
La investigación también alcanzó a Russell Taylor, el ex director ejecutivo de la Jared Foundation, la fundación sin fines de lucro que Fogle había creado para combatir la obesidad infantil. Taylor había instalado cámaras ocultas en su propia casa para filmar a menores desnudos, algunos de apenas seis años. Fogle recibió imágenes de ocho de esas 12 víctimas. Los fiscales afirmaron que Fogle no solo sabía lo que Taylor hacía, sino que lo alentó a producir más material.
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El 19 de agosto de 2015, hace 11 años, Fogle se presentó ante un tribunal federal para formalizar su acuerdo de culpabilidad. Ese mismo día, su esposa pidió el divorcio.

Jared Fogle se declaró culpable de dos cargos: haber viajado para mantener relaciones sexuales ilícitas con una menor y haber distribuido y recibido pornografía infantil. Los documentos judiciales establecieron que había viajado para tener sexo pago, incluso con menores, desde 2007 hasta junio de 2015, y que en varias ocasiones organizó viajes de negocios para que coincidieran con esos encuentros.
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Los fiscales habían revisado decenas de miles de mensajes de texto y correos electrónicos. Fogle, dijeron, se había aprovechado “de su riqueza, estatus y secreto” para explotar menores, según declaró el fiscal general Josh Minkler. Dos de sus víctimas eran niñas a quienes abusó en hoteles de Nueva York: una de ellas fue abusada tres veces en noviembre de 2012, cuando tenía 16 años, y dos veces más cuando tenía 17.
Como parte del acuerdo, Fogle aceptó pagar 1.400.000 dólares en indemnizaciones a 14 víctimas, que recibieron 100.000 dólares cada una. El gobierno acordó no pedir más de 12 años y medio de prisión; la defensa, no solicitar menos de cinco. Pero la jueza Pratt no estaba obligada a seguir esas recomendaciones, y no lo hizo.
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En la audiencia de sentencia, que se extendió por cinco horas, la defensa de Fogle llamó al psiquiatra forense John Bradford, de la Universidad de Ottawa, para testificar por teléfono. Bradford había evaluado a Fogle dos días antes de que firmara el acuerdo de culpabilidad y llegó a una conclusión que generó tanto asombro como indignación: Fogle sufría hipersexualidad, dependencia del alcohol y lo que Bradford denominó “pedofilia leve”.
Su explicación fue aún más llamativa. Según Bradford, la pérdida rápida de peso habría desencadenado los trastornos sexuales de Fogle. “Una vez que bajó de peso, en poco tiempo desarrolló hipersexualidad”, declaró. “Hay trastornos cerebrales que pueden asociarse con el impulso sexual”. Bradford también señaló que Fogle había tenido un trastorno compulsivo de alimentación antes de adelgazar, y que la hipersexualidad pareció desarrollarse poco después de que bajara los kilos.
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Bajo contrainterrogatorio, el fiscal Steve DeBrota le preguntó a Bradford si “pedofilia leve” era un término reconocido por otros expertos en el campo. Bradford admitió que no. Le preguntó entonces si era un término que él mismo había inventado para “darle una escala a la palabra pedofilia”. Bradford dijo que sí.

Bradford también reveló que Fogle le había admitido tener un historial extenso con prostitutas y que pagaba un mínimo de 12.000 dólares por año por sexo. “Ciertamente tuvo relaciones sexuales durante un período prolongado. Lo hizo de forma extensiva mientras trabajaba para Subway”, dijo el psiquiatra.
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La jueza Pratt escuchó todo y no se dejó llevar por el argumento de Bradford. Al momento de dictar sentencia, fue terminante: “No existe tal cosa como la pedofilia leve”. En lugar de los 151 meses que pedía la fiscalía, le impuso 188 meses de prisión, es decir, más de 15 años y medio.
Antes de escuchar la sentencia, Fogle habló ante el tribunal con la voz quebrada. “Lamento profundamente haber defraudado a tantos de ustedes”, dijo. “Quiero redimir mi vida. Quiero convertirme en una buena persona. Quiero reconstruir mi vida”. Sus abogados intentaron también apelar a la situación de McLaughlin, que quedaría como madre soltera con dos hijos para que le redujeran la pena. La jueza Pratt los interrumpió sin rodeos: “Le dio a su esposa 7 millones de dólares en el divorcio. Creo que va a estar bien”.
Además de la prisión, Fogle quedó obligado a pagar 175.000 dólares en multas al gobierno y otros 50.000 en lugar de la confiscación de bienes. Deberá cumplir supervisión de por vida al salir de la cárcel y quedará registrado como agresor sexual de forma permanente. Taylor, su cómplice en la fundación, fue sentenciado en diciembre de 2015 tras declararse culpable de explotación infantil y producción de pornografía con menores.
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