Cuando Osho quiso conquistar Estados Unidos: un rancho enorme, un ejército privado, discípulos esclavos y un ataque bioterrorista

El 13 de junio de 1981, un ciudadano indio pagó casi seis millones de dólares por un un terreno de 260 kilómetros en el estado de Oregón. Fue el primer paso para el desembarco del “gurú del sexo”. La creación del “Rancho Rajnísh” y el ataque con salmonella a los vecinos del pueblo más cercano que le valió una orden de captura. El FBI logró detenerlo cuando intentaba escapar del país con una fortuna millonaria en joyas

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secta de Osho oregon
PORTLAND, OREGÓN, EE. UU. - Bhagwan Shree Rajneesh, líder de la secta, en el centro, y su secretaria personal, Ma Anand Sheela, a la izquierda, saliendo del edificio de los Servicios de Inmigración y Naturalización. 1982

Nadie sospechó que había algo extraño cuando el 13 de junio de 1981 un desconocido ciudadano indio que portaba documentos con el nombre de Swami Prem Chinmaya compró por la friolera de 5.75 millones de dólares un rancho con un terreno de 260 kilómetros cuadrados, ubicado en los condados de Wasco y Jefferson, en el estado de Oregon.

Quizás las autoridades estadounidenses habrían prestado un poco más de atención si hubiesen sabido que Swami era el marido de Ma Anad Sheela, la asistente principal de Bhagwan Shree Rajneesh, más conocido como el maestro espiritual Osho, que por lo que se leía en las noticias estaba teniendo problemas con las autoridades de su país. Los vecinos del lugar pronto se enteraron de que, después de la compra, el lugar había pasado a llamarse “Rancho Rajnísh” y que estaban a punto de vivir una verdadera pesadilla.

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Si por entonces les hubieran mencionado a Osho, casi nadie habría podido responder quién era ese sujeto porque por lo general en los pueblos de Oregon hay muy poca gente interesada en lo que sucede en el resto del mundo, salvo que se trate de una catástrofe natural o una guerra que involucra a Estados Unidos. Por eso desconocían por completo que Osho había nacido con el nombre de Chandra Mohan Jain y era el primero de once hermanos, hijos de un comerciante de telas de Bhopal, India. Cuando ya había construido su personaje espiritual, Osho contaría que esos años fueron determinantes en su vida, porque lo dejaron crecer con libertad.

En la escuela secundaria se destacó como muy buen estudiante, pero también como un polemista feroz, que debatía tanto con sus compañeros como con sus maestros. Eso le costó que lo echaran de varios colegios, hasta que el último de ellos, el Jainista, en Jabalpur, le permitió dar exámenes libres sin tener que asistir a las clases. Estudió filosofía en la Universidad de Sagar y en 1958 comenzó a enseñar la materia en la Universidad de Jabalpur, donde fue promovido a catedrático dos años después.

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Por esos años comenzó a viajar por todo el país bajo el nombre de “Acharia Rajnísh”, dando conferencias críticas acerca del socialismo y Gandhi. Sus argumentos sobre Gandhi se basaban principalmente en una crítica hacia la romantización de la pobreza como modo de vida que llevaba hacia la pureza del alma. También criticó a las religiones ortodoxas de la India a las que calificaba de “muertas”, llenas de rituales vacíos, que oprimían a sus seguidores con el miedo de ser condenados al fuego eterno.

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RAJNEESPURAM, OREGON, USA - Discípulos de Osho en una meditación dinámica (1982)

Sexo y enseñanzas a golpes

De ahí a crear su propia filosofía espiritual hubo un solo paso y lo dio cuando se largó a dirigir encuentros de meditación, que duraban entre 3 y 10 días, donde además daba unas charlas para elevarse “del sexo a la superconciencia”, donde proponía una aceptación más libre de la sexualidad. La prensa india empezó a llamarlo el “gurú del sexo”.

Planteaba que la religión era un arte para disfrutar de la vida y el sexo una herramienta para hacerlo, lo que unía a fuertes críticas a las religiones convencionales, a las que acusaba de proponer vidas miserables a sus seguidores. También enseñaba su propia técnica de meditación, a la que llamó “Meditación Dinámica”, una práctica en cinco fases que llevaban a liberar los sentimientos en oposición al silencio y la quietud que proponían otras formas de meditación

El 26 de septiembre de 1970 inició su primer grupo de discípulos o “neo-sanniasins” en esta técnica de meditación y cuatro después fundó su primera casa de meditación, o ashram, en Pune. Allí, además de la “Meditación Dinámica” empezó a desarrollar prácticas de sexo libre ente los asistentes y también otros tratamientos – los llamó terapias – que requerían el uso de la violencia, como contracara del silencio y la quietud. Llegó a haber heridos entre los participantes, ya que no se trataba de simular violencia sino de ejercerla sobre los demás, incluso con palos y otros objetos contundentes.

Mientras tanto, el dinero de los discípulos entraba a raudales en el ashram de Pune, donde Osho seguía planteando que la elevación espiritual que permitía alcanzar la felicidad no era opuesta al dinero, sino todo lo contrario. Se calculaba que unas 30.000 personas por año iban al ashram a recibir las enseñanzas de maestro y las agradecían dejando una jugosa contribución.

Así llegó a finales de la década de los ’70, cuando las autoridades indias empezaron a vigilarlo. La investigación comenzó por el uso de la violencia en las sesiones terapéuticas, pero pronto se descubrió que en el ashram también se comercializaban drogas. Eso hizo que Osho pusiera sus ojos en Estados Unidos para escapar de un seguro proceso judicial en la India. Nada de eso sabían los vecinos del rancho que Swami Prem Chinmaya acababa de comprar.

La llegada del “maestro”

Algunos comenzaron a preocuparse cuando poco después de la compra empezaron a llegar cientos de personas procedentes de diferentes lugares del mundo. Eran los discípulos de Osho, dispuestos a trabajar de sol a sol para acondicionar el rancho para vivir en él y esperar la llegada del “maestro”. Osho llegó el 29 de agosto, luego de entrar a los Estados Unidos con una visa de turista y se instaló allí.

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Osho solía ser llamado el "Gurú de sexo"

Tal vez porque temía que las autoridades indias lo reclamaran o simplemente para no llamar la atención, en lugar de dar sus encendidas conferencias y conducir las terapias, el maestro se guardó a silencio, una verdadera mudez que duraría tres años. Mientras tanto, bajo las órdenes de Sheela, los discípulos trabajaron como mano de obra prácticamente esclava para construir las enormes instalaciones del ashram. Había máquinas de todo tipo, la inversión era multimillonaria.

Sheela dirigía casi todo. De tanto en tanto, Osho se comunicaba con sus seguidores grabando vídeos que se les proyectaban. Vivía recluido en su refugio dentro del rancho y cuando salía – algo que ocurría muy pocas veces – solamente sonreía y los saludaba con la mano pero sin pronunciar palabra.

Con el correr del tiempo, el silencio de Osho creó conflictos dentro del propio ashram, donde había descontentos por el accionar del grupo dirigente que obedecía a Sheela, que fungía como representante del maestro, aunque Osho nunca dijo que lo era. Para solucionar el conflicto, Sheela creó su propio ejército privado. La excusa fue la relación cada vez más tirante con los habitantes del pueblo vecino, que rechazaban la creciente influencia del ashram, pero los hombres armados que respondían a la asistente del maestro también controlaban el trabajo de los discípulos, e incluso les impedían salir de los límites de la propiedad.

Osho saltando frente a una multitud de seguidores vestidos de rojo, un momento capturado en el documental Wild Wild Country
Osho saltando frente a una multitud de seguidores vestidos de rojo, un momento capturado en el documental Wild Wild Country

Bioterrorismo en un pueblo

Los verdaderos problemas comenzaron cuando en 1982 surgió dentro del ashram el proyecto de transformar el campamento en una ciudad, a la que se llamaría Rajnishpuram, incorporando dentro de ella al pueblo más cercano, The Dalles. Más tarde, Osho y Sheela se acusarían mutuamente sobre el asunto: la asistente diría que todo fue idea de Osho, el maestro aseguraría que jamás había hablado del tema con ella. La cuestión es que ocurrió.

Los vecinos de The Dalles, con las costumbres conservadoras del país profundo y dedicados fundamentalmente a la agricultura y la ganadería en pequeñas parcelas, ya veían con malos ojos la llegada de esa suerte de hippies que se habían instalado en el antiguo “Rancho del Lodo”, como se llamaba antiguamente a los terrenos del ashram, y cuando se les propuso la idea se opusieron de manera casi unánime. No querían saber nada del supuesto “gurú” ni de sus discípulos.

Entonces Sheela ideó una maniobra política para ganarles la pulseada. Con la promesa de darles viviendas hizo traer a personas sin techo de distintas ciudades del estado para que votaran a favor de un candidato del ashram en las siguientes elecciones municipales y lograr así que desde la alcaldía se impusiera la creación de la nueva ciudad. Pero la movida salió mal y los indigentes terminaron deambulando por The Dalles sin que nadie se ocupara de ellos hasta que las autoridades de Oregon los “repatriaron” a los lugares desde dónde habían llegado.

Mientras tanto la situación dentro del ashram había empeorado. La mayoría de los discípulos no estaba de acuerdo con los planes de expansión, simplemente querían meditar. Tampoco querían seguir trabajando como bestias sin recibir nada a cambio. Cuando lo plantearon en una asamblea, la respuesta de Sheela fue incrementar las fuerzas de su ejército personal.

Ella – o quizás Osho – tenía un nuevo plan. Si los habitantes de The Dalles no aceptaban la creación de la nueva ciudad por las buenas, deberían hacerlo por las malas, y esas malas podían incluir la evacuación forzada o la muerte. A fines de 1983, un grupo del entorno de Sheela contaminó con salmonella la red de agua potable de The Dalles. Se desató una crisis sanitaria: la mayoría de los habitantes del pueblo se enfermó, aunque no se produjeron muertes. Fue el primer caso confirmado de terrorismo químico o biológico perpetrado en territorio estadounidense.

Un escape fallido

Después del atentado, Osho decidió salir de su mutismo para decir que no tenía nada que ver ni con la contaminación del pueblo, ni con el ejército privado dentro del ashram ni otros delitos que ya estaban siendo investigados por el FBI. Que esas habían sido decisiones y acciones de Sheela. Para entonces, la que había sido su asistente principal y discípula preferida estaba en Europa, acompañada por su entorno.

Durante los meses que siguieron, sus abogados intentaron primero detener las investigaciones y luego evitar la detención del “gurú del sexo”, pero sus recursos legales se fueron agotando. Luego de una larga investigación, el 23 de octubre de 1985, un juzgado federal emitió treinta y cinco cargos contra él y varios de sus discípulos por conspiración de evadir las leyes de inmigración. Los abogados de Osho sabían que esas primeras acusaciones abrirían las puertas a otras mucho más graves, entre ellas la de lavado de dinero y la temible de bioterrorismo.

Osho interactuando con sus seguidores
Osho interactuando con sus seguidores

Lo que siguió fue digno del guion de una road movie policial, con Osho y su círculo más cercano de colaboradores viajando de noche por caminos secundarios y cambiando de autos para despistar hasta llegar al avión que los llevaría volando fuera del país y los depositara en Bermudas. Casi lo logran. El lujoso Lear jet estaba con todos sus pasajeros a bordo y a punto de despegar desde un pequeño aeropuerto de Charlotte, en Carolina del Norte, el 27 de octubre de 1985 cuando el piloto debió apagar los motores porque el avión quedó rodeado de autos de los que bajaron agentes del FBI fuertemente armados. En su poder le encontraron 58.000 dólares en efectivo y joyas por valor de más de un millón.

El “maestro” fue separado de sus discípulos y pasó siete días detenido en la ciudad de Charlotte, desde donde lo enviaron a Oklahoma. Allí, el gurú fue retenido, incomunicado y forzado a registrarse bajo el seudónimo de David Washington en la cárcel, supuestamente para su protección. “Creo que intentaban matarme. Si alguien mataba a un preso llamado David Washington a nadie le importaría. Matar a Osho, en cambio, habría sido un escándalo”, dijo después. Existen versiones, nunca comprobadas, que sostienen que cuando estuvo preso le suministraron una sustancia que empeoraría su diabetes y lo mataría lentamente.

Diez días después comenzó el juicio en Portland. Sus abogados lograron un acuerdo por el cual se declaró culpable de dos de los 35 delitos que se le imputaban, los más fáciles de probar y con penas más leves. El tribunal le concedió una sentencia suspendida de diez años, cinco años de libertad condicional y una multa de 400 mil dólares por costos de sanciones y procesamientos, además de la obligación de salir de Estados Unidos y no regresar durante al menos cinco años sin el permiso del fiscal general. La aventura norteamericana de Osho había terminado.

De venerado a rechazado

Cuando se conocieron los pormenores del proceso judicial poco quedaba del rostro que Osho y su eficaz departamento de marketing habían construido para mostrarlo al mundo: la del gurú de la libertad sexual, best seller en el mercado de los libros new age, capaz de criticar a Mahatma Gandhi por su “exaltación de la pobreza” y de decir que la vida espiritual no debía estar peleada con el dinero, como lo demostraban sus posesiones terrenales, entre ellas una flota de 93 Rolls Royce.

Se lo comenzó a ver como un embaucador y un criminal. Por eso, el problema que se le presentó cuando quiso abandonar Estados Unidos fue que ningún país quería recibirlo. Las autoridades indias se negaron en un principio a recibirlo, por lo cual Osho emprendió una suerte de gira mundial buscando donde recalar y ser aceptado.

Osho junto a Sheela, su mano derecha, a quien culpabilizó sobre la contaminación del pueblo
Osho junto a Sheela, su mano derecha, a quien culpabilizó sobre la contaminación del pueblo

Casi lo logra en Uruguay, donde estuvo dos semanas y pretendió comprar una casa el Punta del Este para que el gobierno le otorgara la residencia. Estaba a punto conseguirlo cuando una llamada desde Washington al presidente Julio María Sanguinetti frenó todo. Le dieron una opción sencilla: si le daba la residencia al “gurú”, la deuda de seis millones de dólares que Uruguay tenía con Estados Unidos debía ser pagada inmediatamente y no se autorizarían más préstamos.

Finalmente, las autoridades indias permitieron que volviera a Pune, en el antiguo “ashram”. Su salud estaba ya muy deteriorada por la diabetes. Murió allí el 19 de enero de 1990. Algunos de sus discípulos sostienen que fue porque hubo visitantes al “ashram” que le tiraron malas energías; otros siguieron hablando de una droga desconocida que le inyectaron en la cárcel de Oklahoma. En su tumba hay un epitafio que reza: “Osho Nunca Nació, Nunca Murió, Solo Visitó este Planeta Tierra entre el 11 de diciembre de 1931 y el 19 de enero de 1990”.

Con el correr de los años, los delitos de Osho quedaron en el olvido, mientras el negocio editorial se ocupó de hacer resurgir su imagen de “maestro espiritual”: entre recopilaciones de sus discursos, biografías y análisis de sus “enseñanzas” se calcula que en la actualidad hay en el mercado unos 650 títulos traducidos a 60 idiomas que venden millones de ejemplares anuales.

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