
Se sentó en el asfalto caliente de Saigón, cruzó las piernas en la posición de loto y cerró los ojos en una meditación profunda. Mientras el combustible empapaba su túnica, Thich Quang Duc mostraba una serenidad casi sobrenatural antes de encender el fósforo que lo convirtió en una hoguera humana. El fuego devoraba su cuerpo ante cientos de testigos horrorizados, pero nunca se lamentó ni movió un músculo, demostrando una determinación sólida que transformó su dolor en un grito ensordecedor de protesta.
La tragedia ocurrió la mañana del 11 de junio de 1963 en una concurrida intersección de Saigón, la capital de Vietnam del Sur. Alí, el monje tomó esta drástica decisión para denunciar la brutal persecución del gobierno dictatorial de Ngo Dinh Diem, un régimen católico que discriminaba a la mayoría budista. El detonante fue la matanza de nueve civiles un mes antes en la ciudad de Hué, asesinados por las fuerzas estatales simplemente por ondear la bandera de su fe en una festividad religiosa.
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Aquel acto causó una fuerte conmoción política en todo el mundo y dio origen a la expresión “quemarse a lo bonzo”. El momento fatal quedó inmortalizado por Malcolm Browne, en una impactante fotografía que ganó el Pulitzer en 1964. La crudeza de esa imagen obligó a los Estados Unidos a retirarle el apoyo diplomático y financiero al gobierno de Diem. En menos de cinco meses, el aislamiento internacional y la presión social desataron un golpe de Estado militar respaldado por la CIA que derrocó y terminó con la vida del tirano.

Un monje, una vida entera al servicio del Dharma
Thich Quang Duc no llegó al sacrificio por un impulso. Detrás de ese hombre sentado en posición de loto en el asfalto de Saigón había una vida construida ladrillo a ladrillo —literalmente— al servicio del budismo. Había nacido en 1897 en el pueblo de Hoi Khánh, con el nombre de Lam Van Tuc; a los 7 años ingresó al estudio del Dharma bajo la tutela de su tío materno, el monje Thích Hoang Thâm. A los 15 recibió los votos de novicio y a los 20 fue ordenado monje con el nombre que la historia recordaría.
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Luego de ser ordenado, se retiró durante tres años a una montaña cercana a Ninh Hòa, en la Costa Central del Sur de Vietnam, para vivir como ermitaño. Ese tiempo de aislamiento se convirtió en el punto de partida de su camino. Al regresar a la vida del monasterio, abrió la pagoda de Thien Loc y comenzó un peregrinaje por distintas regiones de Vietnam predicando el Dharma o las enseñanzas espirituales y las leyes universales que conducen a la verdad, la rectitud y la liberación del sufrimiento. En 1932 fue elegido inspector de la Asociación Budista de Ninh Hòa y más tarde viajó a Camboya, donde estudió textos de la escuela Theravāda —la corriente budista más antigua, distinta del Mahayana que él profesaba y que predomina en el norte del país.
A lo largo de su vida, Thich Quang Duc supervisó la construcción de 31 templos en Vietnam central y meridional. El último fue la pagoda (templo budista) de Quán The Am, en las afueras de Saigón, donde la calle que la bordea lleva hoy su nombre. También fue abad (el superior de un monasterio) de la pagoda de Phuoc Hoa y presidente de la Comisión de Ritos Ceremoniales de la Congregación de Monjes Vietnamitas. Cuando las oficinas de la Asociación de Estudios Budistas de Vietnam (ABSV) se trasladaron a la pagoda de Xa Loi, renunció a su cargo para concentrarse a su práctica personal.
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Esa trayectoria de décadas en silencio y devoción hacía aún más significativo lo que ocurriría el 11 de junio de 1963: él era uno de los pilares institucionales del budismo vietnamita, no un disidente marginal. Su acto fue una decisión calculada de alguien que había dedicado su existencia a una fe que el Estado intentaba asfixiar.

La persecución
La decisión de Thich Quang Duc fue la consecuencia directa de la opresión sistemática que el gobierno de Ngo Dinh Diem ejercía sobre la mayoría budista del país. El presidente era miembro de la minoría católica y gobernaba con un sesgo confesional que permeaba cada estrato del Estado, pese a que entre el 70% y el 90% de la población profesaba el budismo. Los cargos públicos, las promociones militares, la distribución de tierras y los beneficios fiscales favorecían abiertamente a los católicos. El propio Diem llegó a decirle a un oficial —sin saber que era budista— que prefería destinar a los católicos a las tareas más sensibles porque eran “más confiables”.
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A causa de eso, una gran cantidad de oficiales del Ejército de la República de Vietnam (ERVN) se convirtieron al catolicismo convencidos de que su carrera dependía de ello. Las milicias de autodefensa rural solo recibían armas si sus integrantes eran católicos o se convertían. Algunos sacerdotes formaron ejércitos privados y en ciertas zonas se registraron conversiones forzadas, saqueos y demolición de pagodas (los templos budistas), sin que el gobierno hiciera algo por frenarlo o enjuiciarlo. En ese tiempo, la Iglesia católica era el mayor propietario de tierras del país, sus territorios quedaban fuera de la reforma agraria y sus fieles estaban libres de realizar trabajos forzados que el régimen imponía al resto de la población. En 1959, Diem “entregó” formalmente el país a la Virgen María.
El detonante de la crisis budista llegó en mayo de 1963. El gobierno invocó el Decreto Número 10, una ley de 1958 que prohibía exhibir banderas religiosas en espacios públicos, para impedir que los budistas ondearan su enseña durante el Vesak, la festividad que conmemora el nacimiento e iluminación de Buda Gautama. La medida resultó especialmente hiriente porque una semana antes las autoridades habían alentado a los católicos a desplegar banderas del Vaticano para celebrar el aniversario del arzobispo Ngo Dinh Thuc, hermano del presidente.
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El 8 de mayo de 1963, en la ciudad de Huế, una multitud que protestaba contra la prohibición fue dispersada a tiros y con granadas por policías y soldados. Murieron nueve civiles desarmados. Diem rechazó toda responsabilidad y culpó al Vietcong, la fuerza armada de resistencia comunista y nacionalista que combatió contra el gobierno de Vietnam del Sur y el ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Vietnam. La negativa a reconocer la masacre radicalizó el movimiento: el líder budista Thích Trí Quang proclamó un manifiesto de cinco puntos que exigía libertad para enarbolar la bandera budista, igualdad religiosa, indemnización para las familias de las víctimas, cese de detenciones arbitrarias y castigo a los funcionarios responsables. Pero las negociaciones que siguieron no tuvieron resultados concretos.
El 3 de junio, la policía arrojó el líquido que componían los gases lacrimógenos sobre manifestantes budistas que rezaban en Huế, una de las ciudades con mayor carga histórica, cultural y política de Vietnam, con un saldo de 67 hospitalizados.
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El fuego y la foto que cambiaron la historia
El 10 de junio de 1963, un portavoz budista informó a los corresponsales extranjeros en Vietnam que “algo importante” ocurriría al día siguiente frente a la embajada de Camboya en Saigón... Muchos periodistas ignoraron el aviso, sin pensar en lo que sucedería más tarde.
El conflicto llevaba semanas y la fatiga informativa hacía que con los días fuera más complicado de sostener la noticia. Solo un puñado llegó al lugar, entre ellos David Halberstam, del The New York Times, y Malcolm Browne, jefe de la agencia Associated Press (AP) en Saigón.
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A la mañana siguiente, una procesión de unos 350 monjes partió de una pagoda cercana con pancartas en vietnamita e inglés. Un automóvil Austin Westminster celeste encabezaba la marcha. Al llegar a la intersección de las calles Phan Dinh Phung y Le Van Duyet, Thich Quang Duc bajó del auto. Otros dos monjes lo acompañaron: uno dejó una almohada sobre la calle; el otro abrió el baúl y sacó un bidón de nafta. El monje se sentó en posición de loto sobre la almohada. Vaciaron el bidón sobre su cabeza. Recitó las palabras “Nam Mo A Di Dahat” (homenaje a Buda Amitabha) y encendió un fósforo.

Halberstam lo describió así: “Las llamas venían de un ser humano; su cuerpo se marchitaba y secaba lentamente, su cabeza se ennegrecía y carbonizaba. Estaba demasiado horrorizado para llorar, demasiado confundido para tomar notas o hacer preguntas... Mientras se quemaba no movió ni un músculo, no pronunció ni un sonido”.
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Policías y bomberos intentaron abrirse paso entre la multitud de budistas que rodeaba el lugar. Un agente se arrojó al suelo en reverencia. Después de aproximadamente diez minutos, el cuerpo cayó. Un grupo de monjes lo cubrió con túnicas amarillas y lo trasladó a la pagoda de Xa Loi, en el centro de la ciudad.
Mientras tanto, Malcolm Browne no dejaba de hacer fotos: dieron la vuelta al mundo en horas y ocuparon las primeras planas de los principales diarios. El presidente estadounidense John F. Kennedy, que supo del hecho al ver las imágenes mientras hablaba por teléfono con su hermano Robert: “Ninguna otra fotografía en la historia de la prensa ha generado tanta conmoción en el mundo como esta”, según se revela formalmente en los registros diplomáticos del Departamento de Estado de Estados Unidos, recogidos en los volúmenes históricos oficiales titulados Relaciones Exteriores de los Estados Unidos.
El senador Frank Church, miembro de la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado, dijo el 12 de septiembre de ese año en el Capitolio que “escenas tan espeluznantes no se habían visto desde que los mártires cristianos marcharon por las arenas romanas”. En Europa, las imágenes se vendieron como postales durante los años 60; la República Popular China distribuyó millones de copias por Asia y África como prueba del “imperialismo estadounidense”.

El colapso de un régimen
La inmolación de Thich Quang Duc no detuvo la represión; la intensificó. El 16 de junio se firmó un acuerdo entre el gobierno y los líderes budistas que prometía igualdad religiosa y amnistía para los detenidos, pero el pacto fue papel mojado desde el primer día. Ngo Dình Nhu, hermano y principal asesor de Diem, repartió en secreto un memorando interno que llamaba a resistir los acuerdos y tildaba a los budistas de “rebeldes” y “comunistas”. Su esposa, Tran Le Xuân, considerada primera dama de facto del régimen, declaró públicamente que “aplaudiría si veía el espectáculo de otro monje a la barbacoa”...
El 21 de agosto, las Fuerzas Especiales leales a Nhu iniciaron ataques sincronizados contra pagodas budistas en todo el país. Más de 1.400 budistas fueron detenidos y el número de muertos o desaparecidos se estimó en cientos. Las tropas asaltaron la pagoda de Xa Loi y se apoderaron del corazón de Thich Quang Duc —que, según la tradición budista, había permanecido intacto entre las cenizas y era venerado como reliquia de un “iluminado”, para el budismo. El 24 de agosto, la administración Kennedy envió el llamado “cable 243” al nuevo embajador Henry Cabot Lodge Jr., instruyéndolo a buscar la destitución de Nhu y explorar opciones de liderazgo alternativas si Diem se negaba a reformarse. El mensaje equivalía, en la práctica, a un aval para el golpe de Estado.
Otros cinco monjes se inmolaron entre octubre y noviembre de 1963, en réplica al sacrificio de Thich Quang Duc. La reiteración del acto por parte de los bonzos (palabra con la que en Occidente se refiere a los monjes budistas) instaló en el idioma la expresión “quemarse a lo bonzo”.
El 1 de noviembre, las Fuerzas Armadas de Vietnam declararon el golpe de Estado. Ngo Dinh Diem fue arrestado al día siguiente y asesinado el 2 de noviembre de 1963, menos de cinco meses después de que Thich Quang Duc encendiera aquel fósforo en el asfalto de Saigón.
El cuerpo del monje fue cremado el 19 de junio en un cementerio a 16 kilómetros de la ciudad. Su corazón, recuperado por los budistas tras los ataques de agosto, quedó guardado en un cáliz de vidrio en la pagoda de Xa Loi. El historiador Seth Jacobs escribió que Thich Quang Duc había “dejado en cenizas el experimento estadounidense de Diem” y que ninguna súplica podía ya restaurar la reputación del régimen ante la opinión pública mundial.
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