La historia oculta de un ícono de la alta costura: heroína de la resistencia francesa, sobreviviente de torturas y musa familiar

La desconocida trama detrás del célebre apellido Dior esconde mucho más que moda y lujo. Catherine soportó la brutalidad de los nazis, arriesgó su vida en la Segunda Guerra Mundial y dejó una huella imborrable que inspiró a su hermano Christian a crear un símbolo de esperanza y memoria. Una historia que va de los jardines en Normandía a los campos de concentración

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Catherine Dior.
Catherine Dior, hermana del célebre diseñador Christian Dior, fue clave en la Resistencia francesa durante la ocupación nazi

Naturalmente se asocia el apellido Dior al diseño sofisticado y al glamour de la marca de lujo que supo construir Christian, el mayor de los hermanos de esta familia francesa. Sus creaciones haute couture, pasarelas impactantes y perfumes exclusivos vienen deslumbrando al mundo desde hace décadas. Con Chanel, Gucci y Vuitton, entre otras, Dior se entronó como una de las catedrales de la moda.

Dicho esto de manera introductoria, vamos por otro ángulo de información que rodea a este apellido. Porque a veces, a la sombra del éxito internacional y la lluvia de aplausos, se refugian penurias, dolores y las más terribles experiencias humanas. Este es el caso: pocos saben la historia de la hermana menor del gran maestro de la moda Christian Dior. Hoy el tema es Catherine.

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La familia feliz

Ginette Marie Catherine Dior nació el 2 de agosto de 1917 en cuna de oro. Fue la quinta en llegar a la pareja que conformaron Maurice (un hombre empresario dedicado a la producción de fertilizantes) y Madeleine, luego de Raymond, Christian, Jacqueline y Bernard.

El dinero entraba con facilidad para mantener el estilo de vida de las clases altas francesas. Fue su madre Madeleine quien se ocupó de manejar la enorme casona familiar “Les Rhumbs”, en Granville, en la costa de Normandía, Francia, que habían comprado en 1905. Era una villa de color rosado encaramada sobre un acantilado con una imponente vista al mar del Canal de la Mancha. Ella fue además quien se encargó de diseñar esos jardines impregnados con el olor del mar y la que se ocupó de convertir el terreno hostil y ventoso en hogar de miles de rosas, geranios y jazmines. Catherine desde pequeña adoró acompañar a su madre en esos rituales en íntimo contacto con la naturaleza.

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No hay dudas: la infancia de los niños Dior fue idílica. Pero nada dura para siempre.

En octubre de 1929 la familia enfrentó el primer gran golpe que los descolocó en el tablero de la felicidad: la fortuna familiar (Maurice se había lanzado justo a la bolsa y al sector inmobiliario) se licuó por entero con la crisis de Wall Street. La Gran Depresión los alcanzó en todos los sentidos.

Catherine Dior.
Catherine Dior sobrevivió a torturas de la Gestapo y a los campos de concentración de Ravensbrück y Abteroda en la Segunda Guerra Mundial

Ya no eran ricos.

Como muchas otras familias venidas a menos, debieron abandonar su bella casona y su buena vida para mudarse a una granja modesta llamada Les Naÿsses, en Callian, ubicada en la Provenza, al sur del país galo. Cambio rotundo en su cotidianidad. De la majestuosa villa en Normandía pasaron a vivir en una edificación ruinosa.

Allí Catherine, junto a su madre, descubrió enseguida un nuevo oficio con el que pudieron mantener al resto de la familia: el cultivo de chauchas y arvejas.

En esa situación familiar desmejorada, apareció otro tema conmocionante: la salud mental de Bernard Dior (20) colapsó. Madeleine estaba devastada con el frágil estado psicológico de su hijo.

Christian tuvo que aceptar que la crisis financiera de los Dior lo había alcanzado y cerrar su galería de arte. Se quedó sin un peso.

Cuando todavía los Dior no habían terminado de acomodarse a su nueva realidad, hubo otro nuevo golpe. El 3 de mayo de 1931 falleció Madeleine. Había contraído una septicemia luego de una cirugía. El duelo fue insoportable.

Ya no estaba mamá.

En 1932 llegó el diagnóstico de Bernard: esquizofrenia. Raymond Dior, el hermano mayor, también enfrentaba problemas psicológicos derivados de haber combatido en la Primera Guerra Mundial.

Aquel edén familiar con el que soñaban había mutado en un infierno. Maurice hacía lo que podía.

Catherine, con unos 15 años, hacía equilibrio entre el dolor y la necesidad de su familia de salir adelante. Acompañaba a su padre Maurice en los trabajos de la granja e iban juntos dos veces por semana al mercado de Cannes para comerciar sus productos. Había que sobrevivir como fuera.

Christian, por su parte, instalado en París comenzó a vender sus bocetos de moda. Pronto las cosas dieron indicios de mejora.

El año 1936 encontró a Catherine y a su hermano Christian viviendo en París. Se llevaban doce años, pero se movían codo a codo. Ella consiguió trabajo vendiendo sombreros y guantes en una boutique; él entró como diseñador de moda con el costurero Robert Piguet. Muchas veces Catherine le hizo de modelo para sus dibujos.

Estaban progresando y disfrutaban del futuro por las calles parisinas que vislumbraban alentador. Otra vez descubrieron que nada es eterno. Ni medianamente. En septiembre de 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial.

Catherine tenía 22 años. Volvió a la granja con su padre mientras que Christian era convocado al servicio militar, aunque lo enviaron a cumplir tareas en un destino tranquilo en el centro de Francia.

El 14 de junio de 1940 la ciudad de París cayó bajo la ocupación nazi y, pocos días después, Francia firmó un armisticio con Alemania. Los franceses dejaron de combatir, pero el norte y la costa atlántica quedaron ocupados por los alemanes, París incluida. El sur de Francia quedó bajo un gobierno francés colaboracionista. Alemania se estaba vengando de su derrota en la Primera Guerra.

Catherine seguía vendiendo verduras y Christian volvió a París donde consiguió empleo en la casa de moda Lucien Lelong. Pero ahora no solo vestía a las exquisitas mujeres francesas, también debía trabajar para las esposas de los oficiales alemanes y las de los traidores colaboracionistas (con el tiempo él dirá que mantener viva la alta costura francesa había ayudado a que la industria de la moda no se trasladara a Berlín o a Viena). Lo cierto es que Christian Dior consiguió seguir trabajando dentro del sistema de ocupación, pero la historia no lo consideró un colaborador activo de los nazis ni un traidor. Se hacía lo que se podía para sortear la crueldad y sobrevivir.

Retrato familiar en blanco y negro de siete personas, tres adultos y cuatro niños, posando en un jardín con arbustos de flores blancas
La familia Dior posa en un jardín para un retrato clásico, mostrando a Maurice Dior y Madeleine Dior sentados con sus hijos Christian, Bernard, Jacqueline, Raymond y Catherine

Amor y resistencia

En la feria de Cannes, en noviembre de 1941, Catherine decidió comprar una radio para escuchar los discursos que realizaba De Gaulle desde Londres pidiendo a los franceses que no se rindieran ante los nazis e intentaba organizar lo que se llamaba la Francia Libre.

Esa tarde, del otro lado del mostrador, estaba un hombre llamado Hervé des Charbonneries. Fue amor a primera vista aunque Hervé era más de una década mayor que ella, fuera casado y tuviera tres hijos.

No solo nació un romance sino también una complicidad política: Hervé la reclutó para la Resistencia francesa.

Fue acá donde la diferencia entre Catherine y Christian Dior se hizo patente. Ella se volvió un personaje anti nazi activo y se sumó a la red clandestina F2 (vinculada a la inteligencia británca y polaca) con el nombre ficticio de Caro. Empezó a arriesgar su vida transmitiendo información a los aliados desde el ático del departamento de Christian ubicado en la Rue Royale. La misión de la F2 era recopilar información militar de los alemanes, de los movimientos de tropa y de los aeródromos y trenes.

Christian, en cambio, hacía delicado equilibrio entre lo que pensaba y lo que diseñaba porque seguía vistiendo a muchas mujeres casadas con el enemigo.

El 6 de julio de 1944 el mundo de Catherine colapsó. Cuando iba a reunirse en la Plaza del Trocadero con Madeleine Marchand, una doble agente que había infiltrado la red F2, fue arrestada por la temible Gestapo, la policía secreta del régimen nazi.

Arrestaron a 26 personas más de la organización, pero Hervé logró huir y seguir en la clandestinidad.

Catherine Dior.
La familia Dior experimentó grandes altibajos, de la opulencia en Normandía a la ruina económica y las secuelas de la guerra mundial

La tortura no la venció

El siguiente capítulo de la vida de Catherine fue negro. Primero fue interrogada de manera salvaje en el cuartel de la Gestapo, sobre la rue de la Pompe, número 180, en París, un sitio que fue denominado La Casa de las Torturas. Allí, en una habitación de interrogatorios, le dieron puñetazos, cachetadas y patadas brutales. Como no hablaba, la llevaron al baño y la desnudaron. En distintas sesiones de espanto la colgaron de las muñecas para luego sumergirla en agua helada durante casi una hora para que diera alguna información.

Catherine resultó ser un muro inquebrantable: no delató a nadie. No dio un solo nombre. Los nazis furiosos hicieron informar que había muerto. No era así. La mudez de Catherine salvó la vida de Hervé y de su esposa Lucie quien también era parte de la Resistencia.

Poco después la enviaron a un campo de tránsito y, más tarde, fue trasladada en tren al campo de concentración para mujeres de Ravensbrück, en el norte de Alemania, un sitio creado especialmente por las SS.

Cuando se enteró de que su hermana estaba desaparecida Christian se desesperó. Intentó utilizar sus contactos por su trabajo con esas mujeres para averiguar algo. ¿Seguía viva? ¿Sería ejecutada? ¿Dónde estaba Catherine? Estaba tan angustiado que llegó a contratar a una vidente para ver si le podía decir algo.

A través de su amigo Raoul Nordling, cónsul general sueco, logró convencer a los nazis de que pusieran a Catherine bajo protección del Estado sueco, pero ya era demasiado tarde: el 15 de agosto había sido deportada en uno de los últimos trenes de prisioneros que salieron de París hacia Ravensbrück. Ya había cruzado la frontera, no había nada que pudieran hacer.

A partir de allí no consiguió más noticias.

Se volcó a los géneros y los diseños para no tener que pensar en tanto horror. Años después diría que “el trabajo era la única droga que me permitía olvidar”, Catherine mientras tanto resistía entre 40 mil mujeres. Aguantaba el temible frío sin abrigo, el hambre voraz, las enfermedades, el hacinamiento insalubre, los trabajos forzados de doce horas cada día. Llena de piojos y perdiendo kilo tras kilo a gran velocidad, estaba enfocada solo en sobrevivir. Tuvo disentería, neumonía y agotamiento extremo.

The Nine Ravensbrück
Una postal de Ravensbrück, el único campo de concentración nazi construido exclusivamente para mujeres en el que estuvo prisionera Catherine Dior

En octubre de 1944 fue trasladada junto a otras 249 mujeres francesas al campo de concentración de Abteroda donde construían piezas BMW para motores de aviación militares. Dormían sobre el helado piso de cemento de la fábrica. Catherine intentó encontrar motivos para subsistir y con otras mujeres quisieron sabotear los aviones que construían. Resultó ser su combustible interno para que su corazón siguiera latiendo. Los guardias de las SS les arrojaban al piso la comida, pero Catherine se negaba a perder su humanidad y recogerla. Su espíritu estaba templado para aguantarlo todo sin sucumbir.

Mientras Christian cosía el futuro en sedas y géneros de lujo, Catherine intentaba ganarle al calvario.

En abril de 1945, a medida que los aliados avanzaban algunos campos de concentración comenzaron a ser evacuados. Los alemanes los mudaron a otros sitios a la espera de retomar la ofensiva. Pero empezaron a circular listas de sobrevivientes. El ejército rojo soviético liberó Ravensbrück el 30 de abril de ese año, pero Catherine no estaba allí sino en la fábrica de motores.

El 13 de abril de 1945 Catherine fue sumada a una marcha de la muerte cerca de Dresde con otros cientos de prisioneros. No tenían agua ni comida, no podían descansar. Era caminar o morir. Los guardias tenían la orden de fusilar sin contemplaciones al que cayera extenuado. Ese no servía.

Mientras atravesaban Dresde, la ciudad había sido bombardeada y estaba en ruinas, Catherine vio una enorme pila de escombros. No tuvo que pensarlo mucho, se dio cuenta de que puede ser su última oportunidad. Mejor morir haciendo algo que ir a la tumba voluntariamente. Se oculta entre esos restos.

Y tuvo éxito. Los jerarcas nazis no se enteran de que han perdido a una de sus prisioneras. Es 21 de abril cuando ella queda sola, escondida entre las ruinas, con hambre y frío. Es un esqueleto, una sombra delgada que late y que se escurre entre las formas de un paisaje apocalíptico. En esta etapa habría sido violada por las tropas soviéticas, pero eso es algo de lo que ella nunca quiso hablar.

Finalmente, fue rescatada por soldados norteamericanos que la llevaron a un hospital donde quedó internada por un mes.

Catherine Dior.
Catherine Dior fue reconocida oficialmente como heroína nacional y condecorada con la Legión de Honor por su labor en la Resistencia francesa

Traumas y éxitos

Christian había sido informado el 19 de abril que su hermana figuraba en las listas de prisioneros. El 27 de mayo llegó finalmente el llamado por el que llevaba meses rezando: Catherine estaba viva y llegaría a París en un tren colmado de deportados al día siguiente.

El 28 de mayo de 1945 Catherine se bajó del vagón de la formación en la estación parisina Gare de l’Est. Tenía 27 años, pero parecía una anciana. Ahí estaban esperándola Christian y Hervé des Charbonneries.

Su hermano la miró, pero no la reconoció: era un esqueleto que caminaba, llevaba el pelo rapado y la mirada apagada.

La guerra terminó, las secuelas perduraron.

En los primeros tiempos Catherine ni siquiera habló de lo vivido. No podía contar lo que atravesó. El horror desconectó su mente. Era demasiado. Su estómago no toleraba la comida sólida. Christian tomó una decisión y la mandó a recuperarse a la Provenza, con su padre Maurice. Catherine se instaló allí todo el verano.

Cuando se recuperó un poco, Catherine volvió a París y se instaló con Hervé (quien ya estaba separado) en el viejo departamento de Christian donde convivirán el resto de sus vidas. Necesitaban amor y silencio. Ella trabajará con Hervé en el mercado de Halles de París, en su negocio de flores y, también, luchará contra el insomnio, las pesadillas, la ansiedad, la pérdida de memoria y la depresión.

Christian estaba feliz con el regreso de su hermana valiente y combativa. Empezó a pensar en tener su propia casa de moda. Su Maison Dior.

No hay datos que lo comprueben, pero son varios los biógrafos que piensan que Christian debió haber ayudado de alguna manera discreta a la Resistencia Francesa con la información que obtenía de sus importantes clientas. Sin dudas él sabía más de lo que admitió de las actividades clandestinas de su hermana, pero habría intentado no poner en peligro al resto de la familia.

Ahora que Catherine había vuelto y Christian crecía, soplarían vientos más felices, pero Maurice Dior ya no los vería.

El 9 de diciembre de 1946 Maurice murió con 74 años en Callian. Por pocos meses no llegó a ver el increíble y rotundo éxito de Christian Dior. En febrero de 1947, su hijo de 42 años lanzó la primera colección de Alta Costura llamada New Look. Y revolucionó la moda del mundo entero. Las siluetas con cintura marcada y las faldas largas y amplias le ganaron a la austeridad de la moda de la posguerra. Christian pensó que esas prendas podrían devolverle a las mujeres lo que la guerra les había robado. Pensó en su hermana destrozada y en su valentía.

Además lanzó su primer perfume y lo bautizó con el nombre que surgió cuando Catherine entró a olfatearlo. Una de las presentes, Mizza Bricard, dijo al verla ingresar: “Voilá, Miss Dior…”. Palabra santa para Christian que decidió bautizar así la fragancia que olía a granja, a flores y, también, a doloroso silencio.

Todo lo que hacía Christian era en honor de su infancia, de su madre y de la sufrida y valiente Catherine.

El camino hacia la fama del apellido Dior había comenzado de manera rutilante. El dinero volvió a fluir en la familia.

Catherine, sin embargo, arrastraba traumas inimaginables. No toleraba ver nada de origen alemán. Ni siquiera un vulgar electrodoméstico. Siete años después de su regreso, Catherine testificó en el juicio contra catorce personas acusadas de crímenes de guerra. Algunas de ellas fueron deportadas a Alemania. Catherine recibió varias condecoraciones en honor a su labor como miembro de la Resistencia Francesa y fue nombrada miembro de la Legión de Honor, la orden de mérito más alta de Francia. Pero disfrutar de eso era imposible. Su inocencia había sido demolida. Ahora el mundo se veía muy distinto al edén de su infancia burguesa, mansa, bajo los preceptos del catolicismo y las risas de sus hermanos. No quedaba nada de aquello, ya no podía vivir los nuevos logros con la misma ingenuidad.

Una foto en blanco y negro muestra al diseñador Christian Dior ajustando el hombro del vestido de gala de su hermana Catherine, quien lleva un collar de perlas
Christian Dior se inspiró en su hermana Catherine para crear el emblemático perfume 'Miss Dior', un tributo al sufrimiento y la resiliencia familiar

Adiós hermano

El 24 de octubre de 1957 durante unas vacaciones en Italia, de improviso, murió Christian. Tenía 52 años y se lo llevó un infarto. Las versiones manejaron distintas hipótesis sobre lo que desencadenó el infarto: una espina de pescado, una intensa partida de cartas o un encuentro sexual.

En diez años había construido un imperio indiscutible. Curiosamente había sido muy previsor: dejó un testamento donde repartía sus posesiones de manera igualitaria entre su hermana Catherine y su mano derecha Raymonde Zehnacker y algunas cosas más para el resto de sus familiares. Además, Catherine fue designada su heredera moral. Christian tenía además de la marca, valiosas obras de arte y varias propiedades.

Una vez más Catherine resultó eficiente, aplicada: cuidó su legado, donó objetos importantes a museos y, también, siguió cultivando rosas y jazmines en la granja para hacer perfumes. Repartía su vida entre ese lugar y París.

En su larga convivencia con Hervé, Catherine no tuvo hijos. Se cree que ella quedó estéril como consecuencia de las torturas y secuelas físicas de su cautiverio.

En 1960 falleció Bernard, quien habría estado internado numerosas veces por su vulnerable salud mental. En 1966 fue el turno de partir de Raymond, el mayor de los hermanos. Era periodista y escritor y había participado en la Primera Guerra Mundial lo que también le dejó secuelas psicológicas. En menos de diez años habían desaparecido sus tres hermanos varones.

Imagen en blanco y negro de Catherine Dior y Hervé de Charbonneries caminando del brazo. Él usa sombrero y abrigo claro; ella, abrigo de piel oscuro y gorra
Catherine Dior junto a Hervé de Charbonneries, su pareja

Se dice que el alcohol fue un refugio recurrente para la pareja. En septiembre de 1989 el que murió fue Hervé. Tenía 84 años.

La casa de Normandía, en la que habían vivido los Dior su infancia, fue recuperada por la ciudad de Granville. En un principio la habían comprado para demolerla y convertir el gran terreno en un jardín público. La guerra, por suerte, impidió este plan original. En los años 80 un primo segundo de los Dior, Jean-Luc Dufresney, impulsó la creación de un fondo con donaciones familiares -entre ellos de Catherine y Jacqueline- para rescatar la construcción. En 1997 la casona se abrió oficialmente como un museo dedicado a Dior. Allí hay vestidos originales, dibujos, fotos, objetos personales de lo que fue la vida por esos años. Para Catherine fue una manera de homenajear aquel pasado en el que habían sido inmensamente felices los siete.

En 2003 falleció Jacqueline. Catherine quedó sola hasta que la vejez se la llevó con 90 años, el 17 de junio de 2008. Estaba en Callian y fue enterrada cerca de Christian.

En septiembre de 2019, la directora creativa de Christian Dior, Maria Grazia Chiuri, decidió dedicarle la colección Primavera-Verano 2020 a Catherine Dior (el verano europeo comenzaba en junio del 2020), inspirada en su pasión por las flores y la naturaleza. La presentación se hizo en el hipódromo de Longchamp de París y se armó una escenografía que simulaba un bosque con 170 árboles reales. Era septiembre de 2019 y la ropa era la que se usaría durante el verano europeo del 2020. Llamativo, pero justo fue el verano de la Pandemia declarada en el mundo por la aparición del covid 19. El nombre de la protagonista siempre está ligado a algún tipo de resiliencia de la humanidad, incluso luego de su muerte.

Catherine Dior, la heroína de la familia, resultó ser la más longeva de los Dior. Está claro que el sufrimiento puede gastar el cuerpo y limar el alma hasta el hueso, pero no necesariamente acorta la vida.

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