Los secretos de Lady Dai, la momia mejor conservada del mundo: qué comió antes de morir y una dieta que incluía carne de perro

Lo que comenzó como la construcción de un hospital militar en la ciudad china de Changsha terminó siendo el descubrimiento de esta mujer, que murió hace más de 2.000 años

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Lady Dai momia
Xin Zhui fue esposa de Li Cang, marqués de Dai y funcionario de alto rango del feudo imperial Han

Las semillas de melón tardaban una hora en digerirse. Los patólogos lo sabían cuando contaron 138 de ellas en el esófago, el estómago y los intestinos de Xin Zhui. Esa mujer, esposa del marqués de Dai, funcionario de la dinastía Han, había comido melón minutos antes de morir. El corazón se le detuvo en algún momento entre los años 178 y 145 a.C., con unos 50 años, y el mundo no volvió a verla hasta 1971, cuando unos obreros que excavaban un refugio antiaéreo en las afueras de Changsha tropezaron con la tumba más extraordinaria de la historia. Más de dos mil doscientos años después, la piel de Xin Zhui todavía cedía al tacto.

El hallazgo que cambió la arqueología china

Changsha, capital de la provincia china de Hunan, arrastra una historia que se remonta al reino de Chu (1030-223 a.C.). Durante la Segunda Guerra Mundial, los combates contra las fuerzas japonesas destruyeron la mayor parte de sus edificios históricos. Nada hacía prever que, tres décadas después, esa misma ciudad albergaría uno de los hallazgos arqueológicos más trascendentes de China.

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Comenzaba la década de los 70 y el ejército realizaba perforaciones exploratorias en la zona para construir un hospital. En una de ellas llegó la primera señal. Los obreros sintieron un olor acre que llegaba del subsuelo. Algunos trabajadores encendieron fuego cerca y vieron surgir una llama azul. La descomposición de materia orgánica en el interior de una tumba libera gases tóxicos.

Hou Liang, arqueólogo del Museo de Hunan, llegó hasta allí con una bolsa de oxígeno para capturar una muestra del gas. Llegó tarde y el gas ya se había disipado.

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Lady Dai momia
Los objetos encontrados en su tumba trazaron el perfil de una mujer que vivió rodeada de lujos

Un año después, Hou Liang emprendió una excavación formal. Lo que encontró confirmó sus sospechas. Bajo tierra existía un pozo vertical de 20 metros de profundidad, con niveles escalonados y grandes vigas de madera de ciprés. Al retirar una capa de tierra blanca compactada, apareció un estrato de carbón. Debajo del carbón, una alfombra de bambú cubría el enterramiento.

Quién fue la mujer detrás de la momia

Xin Zhui fue esposa de Li Cang, marqués de Dai y funcionario de alto rango del feudo imperial Han. Murió entre los años 178 y 145 a.C., con alrededor de 50 años. Su nombre quedó sepultado durante más de dos milenios bajo 12 metros de tierra, carbón y arcilla, en el complejo funerario de Mawangdui, a las afueras de Changsha.

Los objetos encontrados en su tumba trazaron el perfil de una mujer que vivió rodeada de lujos. Hallaron prendas de seda bordadas, delicados mitones, especias, flores, cañas aromáticas, cajas de cosméticos con su revestimiento negro y rojo casi intacto, instrumentos musicales, libros y tabletas sobre salud. Todo eso formaba apenas una parte de sus posesiones habituales, pues todas acabaron acompañándola en su entierro.

Xin Zhui comía venado, buey, cordero, liebre, perro, ganso, pato, pollo, faisán, tórtola, gorrión, grulla, pescado, huevos, búho, peras, dátiles, ciruelas, fresas, raíces de loto y lentejas. Todo ello almacenado en 30 cajas de bambú y docenas de recipientes de cerámica, dispuesto para ser disfrutado en el más allá.

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Así sería el rostro de Lady Dai, según una reconstrucció digital

Más de mil artefactos en una cámara diseñada para la eternidad

La cámara funeraria de Xin Zhui tenía forma de embudo. Dentro había más de 1.000 artefactos perfectamente conservados, entre ellos 182 piezas de laca, cuyo revestimiento negro y rojo permanecía casi tan perfecto como el día en que fueron enterradas. La laca era, en esa época, el bien manufacturado más preciado de China.

También había 162 figuras de madera tallada que representaban al ejército de sirvientes que atendería sus necesidades en la otra vida, y una colección completa de más de 100 prendas de seda. Entre los objetos más insólitos del inventario figuraba el hongo oruga, un parásito que crece sobre larvas de insectos y que en la medicina tradicional china tiene valor terapéutico.

El complejo de Mawangdui incluye tres tumbas. La número uno pertenece a Xin Zhui. La número dos, a su esposo Li Cang. La número tres, a su hijo. En la tumba del hijo se encontró una de las pinturas sobre seda más antiguas y mejor conservadas de China, conocida como T-shaped silk painting, que se interpreta como una representación del tránsito del alma hacia el más allá.

El cuerpo: un diagnóstico clínico desde el año 163 a.C.

Cuando los científicos extrajeron el cuerpo de Xin Zhui y lo expusieron al aire, el oxígeno comenzó a deteriorarlo de inmediato. Las fotografías que existen hoy no reflejan el estado en que fue hallada.

Su piel conservaba humedad y elasticidad. El cabello permanecía en su lugar, incluso dentro de las fosas nasales. Las cejas y las pestañas seguían intactas. Las articulaciones se doblaban. Todos sus órganos estaban preservados. En sus venas había coágulos de sangre tipo A.

Lady Dai momia
Su piel conservaba humedad y elasticidad. El cabello permanecía en su lugar, incluso dentro de las fosas nasales

Los coágulos en las venas revelaron la mujer murió de un ataque al corazón. El diagnóstico se completó con una lista de enfermedades crónicas que van desde diabetes, hipertensión arterial, colesterol elevado, enfermedad hepática hasta cálculos biliares. Todo apuntaba a una vida de excesos. Una dieta opulenta que el cuerpo, al final, no pudo sostener.

Los patólogos encontraron 138 semillas de melón sin digerir en el esófago, el estómago y los intestinos. Las semillas de melón tardan aproximadamente una hora en digerirse. Xin Zhui comió melón minutos antes de morir.

La ingeniería funeraria que derrotó al tiempo

Xin Zhui descansaba a 12 metros bajo tierra, en el más pequeño de cuatro ataúdes de pino anidados uno dentro del otro. El conjunto estaba colocado en el centro de una cámara de ciprés con forma de embudo, revestida de arcilla. Alrededor de esa cámara se compactaron cinco toneladas de carbón vegetal para absorber la humedad. Encima, una capa adicional de 90 centímetros de arcilla sellaba el acceso al agua. El resto del pozo, hasta la superficie, se rellenó con tierra apisonada.

El resultado fue un ambiente fresco, con alta humedad, casi estéril. Las bacterias que causan la descomposición, atrapadas sin oxígeno, murieron rápidamente. El agua subterránea no pudo penetrar las barreras. Nada entraba ni salía.

El cuerpo de Xin Zhui fue envuelto en 20 capas de tela de seda y cáñamo, atado con nueve cintas del mismo material y cubierto con una máscara sobre el rostro. Una capa de tierra de consistencia pastosa recubría el suelo de la cámara. El cuerpo fue hallado sumergido en 80 litros de un líquido desconocido levemente ácido y con trazas de magnesio.

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El inventario de la tumba de Xin Zhui es también un retrato de las creencias funerarias de la élite de la dinastía Han

Décadas después del descubrimiento, los científicos no han podido identificar la composición exacta de ese fluido ni determinar su función precisa en el proceso de conservación.

Lo que la élite Han esperaba en el más allá

El inventario de la tumba de Xin Zhui es también un retrato de las creencias funerarias de la élite de la dinastía Han. Cada objeto tenía una función en la vida después de la muerte. Los sirvientes de madera atenderían sus necesidades, los instrumentos musicales amenizarían su existencia en el más allá, los alimentos la alimentarían, los cosméticos la mantendrían presentable.

La laca, considerada el bien más valioso de la manufactura china de esa época, estaba representada en la tumba con una colección de 182 piezas. Su revestimiento negro y rojo permanecía casi intacto después de más de 20 siglos. Cada pieza era producida mediante un proceso laborioso que podía requerir meses de trabajo y docenas de capas de barniz.

La colección de seda era igualmente extensa. Hallaron más de 100 prendas, incluyendo vestidos bordados y mitones. La seda era en esa época un material de lujo reservado a la nobleza. Su uso masivo en la tumba refleja el estatus de Xin Zhui dentro de la jerarquía Han.

La conservación de Xin Zhui no fue accidental. La arquitectura de su tumba requirió meses, probablemente años, de planificación y trabajo. Cada elemento cumplía una función específica dentro de un sistema diseñado para derrotar al tiempo.

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La conservación de Xin Zhui no fue accidental. La arquitectura de su tumba requirió meses, probablemente años, de planificación y trabajo

La ciudad china de Changsha fue destruida en gran medida durante la Segunda Guerra Mundial. Sus edificios históricos desaparecieron en los combates. Y sin embargo, a 12 metros bajo la tierra de sus afueras, intacta bajo capas de carbón y arcilla, esperaba Xin Zhui.

La autopsia que habló por ella

El nivel de conservación del cuerpo de Xin Zhui permitió algo sin precedentes en la arqueología. Se realizó una autopsia completa realizada sobre un cadáver de más de dos mil años, con resultados comparables a los de un individuo fallecido recientemente.

El diagnóstico final pintó el retrato de una mujer que vivió sin restricciones y murió por ello. La obesidad, la falta de ejercicio y una dieta de exceso sostenido durante décadas terminaron por detener su corazón en algún momento del siglo II a.C.

Xin Zhui descansa hoy en el Museo Provincial de Hunan, en Changsha, donde es la pieza central de las investigaciones sobre conservación de cuerpos. Visitantes de todo el mundo llegan a observar los restos de una mujer que murió hace más de 22 siglos con 138 semillas de melón en el estómago, el corazón detenido y la piel todavía suave al tacto.

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