
La mañana del sábado 21 de abril de 1934, los lectores del Daily Mail se desayunaron con una foto que parecía salida de otro tiempo o de otro planeta: de las aguas de un lago escocés emergía la cabeza de un monstruo que parecía una serpiente marina. Eran tiempos en que para casi todo el mundo lo que se veía en una foto no podía ser otra cosa que la verdad y la frase “una imagen vale más que mil palabras”, acuñada por el publicista estadounidense Fred R. Barnard, era relativamente reciente. Por si fuera poco, el Mail, como familiarmente lo llamaban sus lectores londinenses, anunciaba con grandes letras que la fotografía había sido tomada dos días antes por un respetado cirujano británico, un hombre cuya credibilidad estaba fuera de toda duda.
El diario no publicaba el nombre del cirujano, Robert Wilson, que además era coronel del Ejército, pero contaba que el hombre había capturado la imagen del extraño animal muy temprano a la mañana mientras iba al volante de su auto por el camino que bordeaba la costa del Lago Ness, en Escocia.
El propio médico le contó a uno de los editores del Daily Mail que mientras manejaba había visto algo que se movía en el agua, que entonces detuvo su vehículo y sacó la foto con una cámara que casualmente llevaba con él. Luego de la publicación, todo el Reino Unido hablaba de la “foto del cirujano”, la primera prueba material e irrefutable de que la antigua leyenda de la existencia de un monstruo en el Lago Ness era cierta.

Creer o reventar
Los primeros en creer la historia de Wilson – que pidió expresamente que no se revelara su identidad- fueron los propios periodistas del diario, porque desde hacía un año, el Mail andaba a la caza de una imagen del monstruo, un ser de cuya legendaria existencia se hablaba desde hacía más de un milenio.
La leyenda se había reavivado el 2 de mayo de 1933, cuando apareció un artículo del periodista Alex Campbell en el periódico escocés, Inverness Courier. El cronista reproducía el relato de un matrimonio que aseguraba haber avistado a una gran criatura en las aguas del lago.
Según los supuestos testigos “la criatura se divertía, dando vueltas y zambulléndose durante un minuto entero, con un cuerpo que recordaba al de una ballena, y el agua cayendo en cascada y agitándose como un caldero hirviendo”. La historia resultó creíble porque quienes habían avistado a Nessie, como popularmente se llamaba al monstruo, eran Aldie Mackay, gerente del hotel Drumnadrochit, y su esposa, vecinos respetados del lugar.
La noticia tuvo sus ecos y tres meses después, el Inverness Courier publicó la carta de un tal George Spicer, un turista londinense en Escocia que afirmaba haber visto al monstruo, pero en tierra. “Vi lo más parecido a un dragón o animal prehistórico que he visto en mi vida. Cruzó la carretera unos cincuenta metros más adelante y parecía llevar un pequeño cordero o algún otro animal”, contaba el hombre en la carta.

En los meses siguientes, Campbell escribió varios artículos más sobre Nessie. En uno de ellos contó que al principio no había creído en la historia, pero que no le quedaron dudas de su veracidad cuando vio a la criatura con sus propios ojos, no una sino dieciocho veces. “Mucha gente de la zona ahora piensa que el ‘monstruo’ es, en efecto, una criatura prehistórica’, decía en otra de las notas y anunciaba que “sin duda volverá a ser visto”.
La historia de los avistamientos del monstruo se difundió aún más cuando el periódico de distribución nacional The Scotsman envió al periodista Philip Stalker al Lago Ness para investigar el asunto. El resultado fueron dos artículos en los que Stalker concluía que se trataba de una criatura prehistórica que había llegado al lago desde el mar en tiempos inmemoriales. A la misma conclusión llegó poco después el comandante de la marina británica Rupert Gould, que describió al monstruo como una especie de serpiente marina con forma de plesiosaurio que se había adaptado al agua dulce del lago.
Esa serie de notas tuvo un efecto colateral: un vertiginoso incremento del turismo en la zona del Lago Ness. Todos querían ver a Nessie. Fue entonces cuando el Daily Mail decidió conseguir lo que nadie había logrado: una foto del monstruo.
La foto, el fraude y la venganza
De orientación conservadora y corte sensacionalista, el Daily Mail era por entonces uno de los diarios más populares del Reino Unido. Su primer intento para obtener la primicia del monstruo fue contratar al prestigioso cazador Marmaduke Wetherell para investigar los avistamientos anteriores y conseguir pruebas de la existencia de la criatura.
En diciembre de 1933, Wetherell “encontró” y fotografió unas enormes huellas en la orilla del lago que se dirigían hacia el agua. El diario las publicó sin chequear la autenticidad del asunto y sufrió un verdadero papelón, porque cuando un grupo de científicos del Museo de Historia Nacional examinaron las supuestas huellas comprobaron que eran impresiones que se habían hecho con la pata de un hipopótamo disecado por un taxidermista. Ante la evidencia del fraude, el diario denunció públicamente a Wetherell, que perdió todo su prestigio de la noche a la mañana.
Lejos de escarmentar con el papelón causado por el engaño del que habían sido víctimas, los editores del Daily Mail creyeron a pies juntillas el relato del coronel médico Robert Wilson cuando apareció por la redacción del diario con la foto del monstruo. Es cierto que el cirujano era un hombre muy respetado, pero también lo había sido el cazador Wetherell hasta que los investigadores del museo descubrieron el fraude que había montado.

A diferencia de las supuestas huellas de Nessie, la foto de Wilson no fue puesta en duda por el público y fue considerada auténtica durante muchos años. Luego de su publicación en el Daily Mail fue reproducida por medios de todo el planeta y por décadas fue tomada como prueba fehaciente de la existencia del monstruo. Por supuesto que hubo escépticos que la cuestionaron, pero nadie pudo demostrar su falsedad.
Recién en 1984 el fotógrafo Stewart Campbell hizo un intento serio de estudiar a fondo la imagen y publicó un artículo en el British Journal of Photography donde sostuvo que lo que se veía en la foto no era ningún monstruo sino probablemente una nutria o un ave marina. También estimó que no se trataba de un animal grande, sino que debía medir entre 60 y 90 centímetros. Sin embargo, Campbell estaba lejos de descubrir la verdad.
Hubo que esperar diez años más para que uno de los autores del fraude contara cómo habían engañado al Daily Mail y con él a casi todo el mundo. En 1994, con 90 años a cuestas y a punto de morir, un escultor llamado Christian Surling confesó que todo era una farsa. Contó que su suegro, que no era otro que el cazador Marmaduke Wetherell, lo había contratado a principios de 1934 para que utilizara sus habilidades para que “creara” al supuesto monstruo y que lo hizo de manera muy simple: esculpió la cabeza de una serpiente marina y la montó sobre un submarino de juguete.
El objeto, fotografiado a distancia, se convirtió así en el monstruo del Lago Ness. También relató que un amigo de Wetherell, el agente de seguros Maurice Chambers, fue el encargado de convencer al prestigioso coronel Wilson para que se sumara a la conspiración y llevara la foto al diario adjudicándose su autoría. En cuanto a los motivos que lo llevó a montar el fraude, dio solo uno: Wetherell quiso vengarse del diario, al que culpaba de haberlo puesto en evidencia.

Los restos de Nessie
En los sesenta años que transcurrieron entre la primera fotografía de la supuesta criatura y la confesión de uno de los autores del fraude, la historia del monstruo del Lago Ness dio lugar a miles de artículos periodísticos, decenas de libros y no pocas películas. Aprovechando el impacto de la publicación de la foto en el Daily Mail, a fines de 1934 se estrenó el filme El secreto del lago, en una película en la que un científico loco busca a un dinosaurio vivo en el espejo de agua.
Quizás la película más famosa sea La vida privada de Sherlock Holmes, dirigida por Billy Wilder y estrenada en 1970, donde el detective, encarnado por Robert Stephens, descubre que el supuesto monstruo es en realidad un submarino espía.
Con varias escenas filmadas en el Lago Ness, la obra de Wilder volvió a ser noticia en 2016 por una circunstancia fortuita, cuando un robot submarino que exploraba las profundidades del espejo de agua descubrió sobre el lecho una masa oscura y misteriosa de unos nueve metros de largo, muy parecida al monstruo. Y de alguna manera lo era, porque se trataba de la criatura de utilería utilizada en la película, que se había hundido en el lago a 230 metros de profundidad.
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