Fue 23 veces campeón argentino de natación y ahora, con 65 años, volvió al aula junto con su hija para recibirse de guardavidas

Alejandro Lecot compitió a nivel olímpico, pero hoy estudia anatomía y reanimación cardiopulmonar con chicos de 18 y 19. “A veces siento que es un jardín de infantes. Por un lado es medio incómodo, pero por otro, te rejuvenece”

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
Alejandro Lecot cursa la formación de guardavidas en la Universidad de Vicente López junto a su hija Serena.
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A los 65 años, Alejandro Lecot volvió a estudiar. Y volvió a sentarse frente a un profesor para aprender anatomía, fisiología, primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar. Comparte el curso con jóvenes de 18 y 19 años y con algunos compañeros que, como él, llegaron a la formación después de haber recorrido buena parte de sus vidas. Pero hay un detalle que en esta historia es clave. En el mismo salón está su hija Serena.

Lecot es nadador olímpico (participó en Los Ángeles 1984), 23 veces campeón argentino y fue docente durante 32 años. Hoy estudia el curso de guardavidas junto a Serena, en una decisión que mezcla el tiempo libre de la jubilación con la compañía de la familia y una vida entera ligada al agua.

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La decisión comenzó casi como una invitación. Serena había terminado la secundaria, estudiaba para maestra jardinera y quería hacer por la noche el curso de guardavidas. Lecot conocía a Mario Hormaza, director de la formación y antiguo compañero suyo de natación.

—Alejandro, vení, hacelo con tu hija.

Empezaron en abril de 2026. El curso termina en marzo del año que viene. Antes quedan los exámenes, dos salidas prácticas —una al río y otra a Santa Teresita— y las guardias de pileta en Parque Sarmiento y Villa Gesell. Lecot calcula que, si todo sale como espera, podría recibirse con 66 años.

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—Voy a hacer Guinness, porque creo que voy a ser el guardavida de mayor edad. En diciembre cumplo 66.

Un hombre y una mujer joven sonríen de pie en un aula mientras llevan indumentaria con el escudo de la Escuela de Guardavidas
Alejandro Lecot comparte aula y entrenamiento junto a su hija menor, Serena, en el curso de guardavidas de la Universidad de Vicente López.

No sabe si ejercerá. Dice que el título era algo que le faltaba. Para alguien que pasó buena parte de su vida nadando, convertirse en guardavidas es también continuar una relación con el agua desde otro lugar.

—Es una forma de ayudar y de estar atento para que, ante una circunstancia difícil, puedas salvarle la vida a una persona. Justamente, ‘guardás’ vidas.

La carrera olímpica: sexto en el mundo y el boicot a Moscú

—¿Qué te motivó a hacer el curso?

—Soy nadador. Fui nadador olímpico: clasifiqué para Moscú 1980, aunque no fuimos por el boicot, y participé en Los Ángeles 1984. Fui muy buen nadador de pileta: estuve sexto en el mundo en 1981, dentro del top ten. Después me dediqué a las aguas abiertas y más tarde vinieron el trabajo, la familia, los hijos y la organización de eventos.

Este año me jubilé. Fui 32 años profesor en el Círculo de Periodistas Deportivos. También fui Premio Olimpia de Plata en 1979 y estuve muchas veces ternado. Quedó ese contacto y, cuando me jubilé, aproveché que tenía más tiempo. Mi hija estudia para maestra jardinera y quería hacer el curso a la noche.

—¿Cómo fue la experiencia de volver al aula y compartirla con tu hija?

—Al principio es una sensación rara, porque tenés que volver a estudiar. Tenés que leer en serio, no es como mirar títulos y subtítulos de diarios o un video. Acá hay que leer, memorizar palabras y prepararse. Me resulta muy interesante la anatomía. Soy entrenador nacional deportivo y estudié hace muchos años, pero volver a leer anatomía, fisiología, primeros auxilios y reanimación cardiopulmonar es muy bueno.

Dos hombres posan en primer plano frente a una piscina cubierta donde nadan varias personas
Alejandro con Pablo Fajian, su entrenador actual.

Además, soy celíaco. Lo descubrí cerca de los 50 años. A partir de ahí empecé a cuidarme más, aunque nunca fumé, nunca me drogué y tomé muy poco alcohol. Cuando empezás a ver cómo funciona tu cuerpo y cómo, en la adultez, tenés que mantenerte porque empieza un declive, le prestás más atención a esas cosas. La idea es vivir mejor y tener salud.

—¿Tu hija arrancó el curso con vos?

—Sí. Ahora está como animadora en Tandil, se enganchó con el colegio y además es scout. Va a ser una gran guardavidas. También fue nadadora, sobre todo de fondo y aguas abiertas. Ella quería ser olímpica, como el padre, pero no es fácil ser olímpico. No es para todos. Es como decir: “Quiero ser presidente”. No todos llegan a ser presidente o gobernador. Es un camino muy largo, en el que se tienen que dar muchas circunstancias a favor, sobre todo en la parte física.

En mi caso, tuve flotabilidad, cabeza y el momento. Cuando vivía en Callao y Corrientes, hasta los 25 años, tenía el Ateneo de la Juventud a cuatro cuadras. Iba caminando al club. Después, cuando nadaba distancias largas, iba a Racing, al Centro Gallego de Olivos o, en el último tiempo, a Parque Sarmiento, generalmente en colectivo.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
El embajador deportivo de la Ciudad de Buenos Aires coordina torneos de postas americanas en el Parque Olímpico.

Mi viejo me apoyó mucho. Vengo de una familia de varios hermanos deportistas. También tuve la suerte de nadar en un club que me ayudó mucho, el Ateneo de la Juventud de la Universidad Católica Argentina. En mi mejor momento me pagó dos viajes a Europa, uno a Estados Unidos, otro a Canadá y varios campeonatos. Eso ayuda a que estés motivado, te sacrifiques para mejorar las marcas y estés a las puertas de representar a tu país y tu bandera.

—¿La natación te llevó a viajar por todo el mundo, pero de dónde sos oriundo?

—Nací en La Plata el 22 de diciembre de 1960. Mi padre era platense, abogado y juez de Cámara. Después se vino a vivir a Buenos Aires y casi toda mi vida viví acá. En una época viví en San Antonio de Areco y durante una temporada viví en Camboriú, Brasil, donde ahora viven tres de mis hijos. Tengo una hija que vive en Paraná y Serena, mi hija menor, que vive conmigo en Agronomía, junto a mi mujer, Andrea.

Mis hijos se llaman Martín, Francisco, Sofía, Rocío y Serena. Francisco es Ironman (significa completar un triatlón extremo de 3,8 km de natación, 180 km de ciclismo y 42 km de carrera) y en mayo lo voy a ver correr su quinto Ironman. Sofía vive en Paraná, Rocío vive en Camboriú y Serena es mi compañera de curso.

—¿Cómo es compartir el curso con ella y con compañeros mucho más jóvenes?

—Es muy divertido. En el curso hay chicos de 18 y 19 años. Mi hija es bastante seria, pero a veces siento que tengo un jardín de infantes. Por un lado te sentís medio incómodo, pero por otro te sentís más joven. El curso es el de guardavidas de la Universidad de Vicente López, que es muy bueno. Además, tengo compañeros de 52 y de 48 años, así que no soy el único grande.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
El exatleta ejerció la docencia durante 32 años en el Círculo de Periodistas Deportivos.

Sentí mucho respeto de parte de los profesores y de mis compañeros. Les llama la atención que un nadador olímpico y una persona de mi edad esté haciendo el curso. En natación estoy a la altura de ellos, ni hablar, aunque me cuesta más la parte física de correr. Corro poco y más tranquilo. Pero me respetan mucho y varios me admiran. Te sentís querido y respetado, y eso es lo lindo.

—A esta edad, ¿sentís que el respeto es todavía más importante?

—Sí. Uno quiere que la gente lo respete. Tenemos una sociedad muy irrespetuosa. En el Congreso se putean y tendrían que darnos el ejemplo. Tenemos que tratar de revertir esa situación. Fui docente y siempre traté de transmitir respeto: hacia lo que decimos, hacia lo que queremos que sepan y hacia el alumno. Al alumno hay que entenderlo y respetarlo.

Vivimos muchos conflictos y una etapa difícil. Hoy la sociedad, con sus temas económicos, está un poco más avanzada. Si le ponemos onda, vamos a tener una sociedad mejor. Lo ideal es que la educación esté por delante de todo, junto con el respeto.

—Si te pregunto rápido, ¿sabés cuántas veces fuiste campeón argentino?

—Sí, 23 veces. Fui campeón argentino en los 1.500 metros, que era mi especialidad. Estuve top seis en 1981, en París. En ese momento, mi marca de 15′18″ era récord sudamericano y europeo occidental. Peleaba posiciones con lo que era la Unión Soviética.

Le gané al subcampeón olímpico Aleksandr Cháyev. El que me ganó fue Vladimir Salnikov, el primer nadador que bajó los 15 minutos en Moscú y el mejor deportista de esos Juegos Olímpicos. Lamentablemente, nosotros no fuimos.

—¿Fue por el boicot a Moscú 1980?

—Sí. Argentina decidió no ir. Fue una lástima, porque Inglaterra y Brasil sí fueron. Después nos mandaron a Hawái: hice récord argentino y quedé séptimo. A los dos meses, Argentina le vendía carne y cereales a Rusia. Se c... en los deportistas argentinos, y fuimos varios. Yo había hecho la mejor marca técnica. Después tuve la posibilidad de hacer tres giras europeas, en 1981, 1982 y 1983, por Holanda, Francia y Alemania. Mi entrenador, Osvaldo Arsenio, me conectó con esos torneos. Fueron mis mejores experiencias.

El boicot de las Olimpiadas de Moscú de 1980 fue el bloqueo más grande de la historia de los Juegos.
El boicot de las Olimpiadas de Moscú de 1980 fue el bloqueo más grande de la historia de los Juegos.

También fui finalista en el Mundial Universitario de Canadá, en Edmonton, Alberta, en 1983. Fui el primer nadador sudamericano que bajó los ocho minutos en pileta corta en los 800 metros libres: hice 7′59″ en Bonn, Alemania. También fui campeón argentino en 400 metros medley, con los cuatro estilos: mariposa, espalda, pecho y crol. Tuve récord argentino en 400 y 200 metros libres.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
Alejandro Lecot ganó la maratón acuática profesional Santa Fe-Coronda en la edición de 1988.

De las piletas a las aguas abiertas y la organización de torneos

—Después seguiste con las aguas abiertas.

—Sí. De más grande me dediqué a nadar en aguas abiertas. Gané una Santa Fe-Coronda en categoría profesional en 1988. Nadé el Mundial de Evian, en 1995, y quedé décimo entre los varones. También nadé la Maratón Acuática Internacional Hernandarias-Paraná, salí segundo en una prueba en Rosario y competí en Mar del Plata. En un momento le gané al campeón del mundo, en 1993 o 1994.

Después me dediqué a organizar carreras de aguas abiertas en muchos lugares, sobre todo en San Antonio de Areco, San Miguel del Monte, San Pedro y Villa Gesell. Actualmente coordino torneos de postas americanas.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
Alejandro en familia.

—¿En qué consiste ese trabajo?

—Coordino un evento en el Parque Olímpico, en Soldati. Presenté el proyecto en la secretaría de Deportes de CABA y hace tres años que lo hago. Empecé con la gestión anterior y ahora sigo con la del Chino (Fabián Alejandro) Turnes. Me convocaron de nuevo y es un éxito.

Es un evento gratuito que permite que participen nadadores de todos los niveles, no solo de alto rendimiento, en grupos y torneos. Soy embajador deportivo de la Ciudad de Buenos Aires, algo que me honra mucho. A los deportistas olímpicos muchas veces los olvidan. Tuve la suerte y el honor de que me ayuden. Recibo una ayuda económica, organizo estos eventos y doy clínicas. Este año hice siete clínicas, seis con la remera de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires. Eso me ayuda a vivir, junto con la jubilación y PAMI.

32 años de docencia en el Círculo de Periodistas Deportivos

—¿Cómo fue tu experiencia en el proceso de formación de periodistas deportivos?

—Nunca estudié periodismo. Empecé a trabajar en 1994 y terminé este año: renuncié. Me gustó mucho haber sido docente, me ayudó con la oratoria. Tenía los seis cursos de Natación de la Escuela Superior de Periodismo Deportivo José López Pájaro, del Círculo de Periodistas Deportivos.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
El nadador representó a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 y obtuvo 23 títulos nacionales.

—Una escuela por la que pasaron muchos periodistas.

—En una época fue muy buena escuela. Se recibieron muchos periodistas conocidos, como Tinelli, Quique Sacco... También pasaron entrenadores de nivel nacional e internacional. Me cansó un poco porque veo una falta de interés por los deportes individuales. Como siempre, en este país lo más importante es el fútbol, que supera a cualquier otro deporte. Yo era exigente. Muchos me querían porque sabían lo que hacía y otros no me querían porque los hacía estudiar.

Un psicólogo me decía: “El malo es el que te hace estudiar; el bueno es el que te regala la materia”. Yo los hacía estudiar. Con el tiempo, muchos exalumnos se acercaron y me dijeron: “Profe, usted era un crack, un genio, me ayudó”.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
El embajador deportivo de la Ciudad de Buenos Aires coordina torneos de postas americanas en el Parque Olímpico.

—¿Cuántos años diste clases?

—32 años. Fue algo lindo, en la calle Rodríguez Peña y Tucumán. Siempre les decía a los chicos que, si quieren estudiar en serio, vayan a formarse. Yo estuve dos años en Comunicación, aprobé materias y cursé algunas. Antes, de chico, había estudiado Ciencias Agrarias en la Universidad Católica Argentina. Llegué a meter materias de tercero y cuarto año, pero como no me pude comprar un campo, dejé de estudiar.

—¿Te quedó esa espina?

—Son errores que uno comete cuando está muy metido en un deporte. Por ahí te falta una orientación. A mí me hubiera faltado una de verdad. Mis padres hicieron todo lo posible, éramos seis hermanos, pero la comunicación no era la misma que hay hoy. Hoy hay más sinceridad y más herramientas para decir las cosas. Venimos de una generación más dura. Nosotros éramos mucho más disciplinados. Por eso llegué a lo que llegué. No es fácil ser deportista de élite en la Argentina. Tenés que sacrificarte.

Por un lado, estoy arrepentido de no haber estudiado algo más corto y haberme recibido. Más allá de que soy instructor, entrenador y entrenador nacional deportivo, que son carreras cortas, ahora voy por el curso de guardavidas. Trato de volver a empezar.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
El exolímpico propuso la promulgación de una ley deportiva para garantizar cobertura médica a los atletas en su vejez.

—¿Creés que debería haber un respaldo mayor para los ex-olímpicos?

—Debería haber una ley de deporte que, por lo menos, no dé una jubilación a los exolímpicos, porque no somos muchos, pero sí una ayuda en la parte médica. Una buena obra social que nos acompañe, porque todos vamos a envejecer.

Tengo PAMI y más o menos me defiendo, pero no es lo mismo. Sería un halago que algún día se acuerden un poco más de los olímpicos.

Estoy muy contento con la Ciudad y con la gestión, porque siguen apostando por mi capacidad de trabajo. Además, soy el inventor del Desafío Americano, que también son postas americanas. Es un evento privado que hago con la Escuela de Natación Hipocampo, en UTC Urquiza Tenis Club de Villa Pueyrredón.

Alejandro Lecot, el campéon argentino de natación que volvió a estudiar a los 65 años
Curso completo de guardavidas.

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