El almacenero de 81 años que atendió a Borges, Bioy y Silvina Ocampo en Pardo, el pueblo que hoy festeja su 150 aniversario

Entre desfiles gauchos, bailes y recuerdos de campo, el paraje rural del partido de Las Flores se prepara para celebrar sus 150 años. El testimonio de quien estuvo por más de 5 décadas al frente del negocio familiar revive la época dorada de la localidad y la cotidianidad de sus visitantes más ilustres

PARDO EL PUEBLO QUE CUMPLE 150 AÑOS
Un pueblo rural de Las Flores que se prepara para celebrar sus 150 años de historia.
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Durante años, en Pardo hubo un solo teléfono en todo el pueblo. Estaba en Casa Lámaro, un almacén de ramos generales ubicado a media cuadra de la estación. Era el único teléfono del pueblo. Tenía manija, estaba conectado con la central de Las Flores y para conseguir una comunicación había que pedir un número y esperar. Si la operadora decía que tocaba el 15, significaba que había catorce personas antes. La espera podía durar una hora. A veces más.

César Lámaro, de 81 años, recuerda en diálogo con Infobae que el teléfono fue un progreso y una complicación al mismo tiempo. La gente no solo iba al almacén para comprar alimentos o mercadería. También iba para llamar. Y cuando alguien llamaba desde Las Flores, había que salir a buscar al destinatario del mensaje.

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—Avisale al taxi que me vaya a buscar a la ruta, que estoy saliendo de Las Flores en colectivo —le pedían.

Pero avisar era armar todo una logística. César tenía que cerrar el negocio, dejar a alguien a cargo o confiar el recado a un vecino que viajara en esa dirección. Media hora después, podía aparecer el pasajero, molesto porque el taxi nunca había llegado.

—Pero era como imposible —recuerda César—. Tenía que directamente cerrar el negocio para ir a avisar muchas veces.

Adolfo Bioy Casares, Ocampo y Borges en el pueblo Pardo
César Lámaro recordó que el teléfono de Casa Lámaro obligaba a cerrar el almacén para llevar mensajes y organizar avisos dentro de Pardo.

En esa escena cabe buena parte de la historia de Pardo: un pueblo donde las distancias eran cortas pero los mensajes podían tardar horas; donde un almacén podía funcionar al mismo tiempo como comercio, oficina de correo improvisada, central telefónica y lugar de encuentro. Ahora César se prepara para la celebración. Pardo se prepara para cumplir 150.

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La fecha fundacional es el 18 de septiembre de 1876, cuando llegó el primer tren a la localidad. Así quedó establecida oficialmente la fecha de nacimiento del paraje rural del partido de Las Flores. En 2026 se cumplen 150 años y la celebración fue programada para el sábado 19 y el domingo 20 de septiembre.

La estación sigue siendo una referencia. En su antiguo edificio funciona el Museo y Biblioteca Adolfo Bioy Casares. Pero para los 200 habitantes de Pardo hay otra particularidad: su historia local se cruzó durante décadas con algunos de los nombres centrales de la literatura argentina. Pero antes de llegar a Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo hay que volver al almacén.

Adolfo Bioy Casares, Ocampo y Borges en el pueblo Pardo
Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo el día de su boda. De pie: Óscar Pardo, Enrique Drago Mitre y Jorge Luis Borges, testigo del casamiento.

—Contanos de Pardo. ¿Cómo fue tu vida en el pueblo?

—Yo nací en Pardo el 31 de enero de 1945. Mi hermana nació un año antes, en noviembre de 1943. Mi papá también había nacido en Pardo; se llamaba Antonio Alejandro Lámaro. Cuando yo tenía un año vivíamos en una quinta que queda a diez cuadras de la estación y que todavía tenemos.

—¿Cuándo empezó el vínculo de tu familia con el negocio?

—Cuando yo tenía un año, mi papá compró un almacén casi enfrente de la estación. Puso un negocio de los que antes se llamaban ramos generales: vendía de todo un poco.

—¿Cuánto tiempo funcionó?

—Mi padre estuvo unos 25 años, quizá un poco más. Después me quedé yo con el negocio y estuve 55 años. En total, el negocio tuvo unos 75 años. Hace dos años lo vendimos.

PARDO EL PUEBLO QUE CUMPLE 150 AÑOS
Un paraje centenario de 200 habitantes donde la memoria comunitaria sigue viva.

—¿Sigue funcionando?

—Sí. Hace unos cinco años me acompañó mi hijo Pablo, pero falleció en un accidente. Tengo otro hijo, Laureano, y una hija, Camila, que vive en La Plata.

—¿Laureano también trabajó en el negocio?

—Estuvo cuatro años. Al principio se entusiasmó, pero después no se sentía conforme porque era todo a la antigua, con libretas. Me decía: “Nunca se ve la plata. ¿Dónde está la plata?”. Yo le contestaba: “La plata está en la mercadería que tenés y en las libretas”.

Como yo tenía una hectárea, algunas vacas y criaba terneros, él aprendió ese trabajo. Todos los días, después de comer, me acompañaba a atender los animales. Le resultó más fácil y decidió dedicarse a eso.

—¿Por qué decidiste venderlo?

—Yo ya no iba a volver al negocio, mi hija tampoco, y Laureano, que podía haber seguido, no quiso. Vendimos la llave del negocio, no el material. Lo compró Diego Juárez, que lo está acomodando. Tiene tres hijas: una vive en La Plata y dos están con él. Quiere mantener el estilo que tenía yo, medio de ramos generales, con un poco de todo.

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Pardo celebra en septiembre de 2026 sus 150 años, una fecha que toma como origen la llegada del primer tren el 18 de septiembre de 1876.

—Viste pasar la vida entera de Pardo…

—Sí. Yo solamente falté cuatro años del pueblo. Cuando terminé la primaria me vine a la Escuela Normal de Las Flores. Viví un año en la casa de una tía, en 9 de Julio y Moreno, pero no quería saber nada con estar fuera de mi casa. Extrañaba Pardo y el negocio.

—Te gustaba estar en el pueblo…

—Sí. A los 17 años decidí estudiar de nuevo y fui al Sagrado Corazón, en La Plata. Estuve dos años medio pupilo y después casi cinco años, pero me tocó el servicio militar. En ese momento se enfermó mi mamá, que después falleció, y volví con mi papá al negocio. Así fue como me quedé.

PARDO EL PUEBLO QUE CUMPLE 150 AÑOS
El turismo rural de Pardo suma museo, capilla, gastronomía y festejos con desfile gaucho, feria, almuerzo criollo, Los Charros y Jóvenes Musiqueros.

—¿Cómo se llamaba tu mamá?

—Yolanda Marazzi, con doble zeta. Era descendiente de italianos, igual que nosotros.

—¿Cómo llegó tu familia a la zona?

—Mi abuelo vino a la Argentina cuando tenía 12 años, junto con un hermano. El hermano se quedó en Buenos Aires y él vino a parar a la zona de Las Flores. Compró una quinta cerca de la nuestra, donde nací yo, y ahí se criaron mi papá y sus ocho hermanos. Eran nueve en total.

—¿Qué recordás de tu infancia y adolescencia?

—Era la vida de aquella época: ir a la escuela, juntarnos con los chicos en los potreritos a jugar al fútbol e irnos a bañar al canal, escapados y sin permiso. El canal queda a unos tres mil metros. Íbamos corriendo y, a veces, a caballo.

Cuando fuimos un poco más grandes, participábamos en campeonatos nocturnos de fútbol. Salíamos a las fiestas y a los bailes de toda la zona: Colonia Manavigioso, Cacharí, Las Flores. La pasamos muy bien, de una manera muy simple.

Adolfo Bioy Casares, Ocampo y Borges en el pueblo Pardo
César Lámaro evoca 75 años de historia familiar al frente del almacén.

Cuando era más chico jugábamos a la bolita, a la gomera, a la honda. Eran juegos que ya casi no se ven. También andábamos bastante a caballo.

—En Pardo estuvieron Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo y Jorge Luis Borges. ¿Los conociste?

—Conocí a los dos y hablé con los dos. La gente llamaba al negocio y nosotros teníamos que salir a dar los mensajes: avisarle a alguien que venía un camión, que llegaba una persona o que tenía que ir a buscar a alguien. También venían al negocio para hablar por teléfono.

—¿Cómo funcionaban esas comunicaciones?

—Eran teléfonos de manija. Yo me conectaba con la central de Las Flores y me daban un número para esperar.

PARDO EL PUEBLO QUE CUMPLE 150 AÑOS
Pardo dentro del circuito de turismo rural y de pueblos patrimoniales de Las Flores.

—¿Y cómo fue el trato con Bioy Casares?

—A Adolfito le decíamos nosotros. Era muy bueno, muy atento. Con Pardo se portó a las mil maravillas. Para todo lo que se necesitaba recaudar, ya fuera para la sala de primeros auxilios o para el club, donaba lo que se le pedía.

Durante las inundaciones de los 80, dos veces conversé con él. Una vez fui con un camión hasta la ruta para ver cómo estaba el agua y paramos frente a la estancia. Adolfito estaba en la tranquera, mirando la inundación, que había sido muy grande.

—¿Borges también usaba el teléfono del negocio?

—Sí. El doctor Oscar Pardo, que era el encargado de la estancia Rincón Viejo, lo llevaba a hablar por teléfono. Borges llamaba a la madre. Como había demoras para conseguir una comunicación, él daba el número y esperaba como todos.

Adolfo Bioy Casares, Ocampo y Borges en el pueblo Pardo
Bioy, Ocampo y Borges.

A veces esperaba dos o tres horas. Lo hacíamos pasar a la cocina. Estaba mi hermana Amalia, le preparaban un café y conversábamos un poco. Siempre preguntaba y nos hacía contar la historia que habíamos vivido ahí.

Todavía veía, porque usaba bastón, pero veía. El teléfono estaba a unos dos metros de la cocina. Cuando sonaba y era la llamada de él, lo llamaba, venía y hablaba. Se quedaba unos quince días en la estancia Rincón Viejo con Adolfito, pero cada dos o tres días venía a llamar a la madre. Siempre decía: “Vengo a hablar con mi madre”.

—¿Eran conscientes de la dimensión que tenía Borges?

—No tanto. Después entendimos quién era y la magnitud que tuvo. En ese momento, para nosotros era el doctor, un personaje importante, pero no lo teníamos en la dimensión que después supimos que tenía.

Una vez me llamó un periodista y le conté que conversaba con Borges. Me preguntó cómo podía ser que yo me fuera mientras hablaba con él. Pero yo tendría unos quince años, mi papá me llamaba para atender alguna cosa del negocio y había cuatro o cinco personas esperando afuera. Yo salía, ayudaba a mi viejo y volvía. Me decía: “Nosotros quisimos hablar con él muchas veces y fue imposible, y usted lo tenía ahí y se iba”. Pero para nosotros era algo cotidiano.

—¿Silvina Ocampo también pasaba por Casa Lámaro?

—Sí. Venía acompañada, a veces en una americana tirada por caballo, con un señor García, que era el parquero. Se bajaba a mirar el negocio y a comprar algunas cosas. Todos los años compraba unas zapatillas marca Indiana. Se ve que le gustaban y le quedaban bien. No era nada caro, era una zapatilla simple, pero siempre venía a buscarlas.

Adolfo Bioy Casares, Ocampo y Borges en el pueblo Pardo
Alicia Jurado (1922-2011) fue una destacada escritora, biógrafa y académica argentina. Tuvo largas estancias en El Retiro en las afueras de Pardo, lugar donde pasaba sus veranos.

—¿También conociste a la escritora Alicia Jurado?

—Sí, Alicia Jurado, que era dueña de la estancia El Retiro. Bajaba del tren y venía a hacer las compras. Lo hizo durante muchos años, un montón de años. Después el encargado tuvo camioneta y la iba a buscar a Las Flores, a la terminal, para llevarla a la estancia. Entonces dejó de ir tan seguido a Pardo, aunque cada tanto volvía. Pasaba todo el verano en El Retiro.

—¿Cuánta gente vivía en Pardo cuando eras joven?

—Cuando yo tendría unos quince años, había un censo que decía que eran 3.600 personas. Tengo ese papel, pero últimamente no lo encontré entre los papeles que moví. Ahora creo que hay 250 habitantes, aunque quizá sean 150, según el último censo.

El pueblo está quizá un poco más grande, con algunas casas más, pero no hay tanta gente como antes.

—¿Por qué se redujo tanto la población?

—La gente vivía en la campaña de alrededor de Pardo. Había campos chicos, de 20, 30, 50 o hasta 70 hectáreas, y por ahí algún campo grande. Vivían familias enteras, por lo general numerosas: matrimonios con siete, ocho, nueve o diez hijos. En aquel entonces se podía vivir así, pero después llegó la inflación y los hijos empezaron a irse a Las Flores. Conocieron una vida más práctica, más cómoda, y se fueron. Los padres quedaban solos y terminaban vendiéndole al vecino que tenía un campo grande.

PARDO EL PUEBLO QUE CUMPLE 150 AÑOS
La historia de Pardo quedó ligada a Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges y Silvina Ocampo, que pasaron por el pueblo durante décadas.

Uno tenía 200 hectáreas, compraba 50 de un lado, 20 de otro, 70 de otro, y con los años se armaban campos de mil hectáreas. Donde antes podían vivir 100 personas, después quedaba un matrimonio, quizá con un hijo. Así se fue achicando el pueblo.

El turismo rural en un pueblo literario

La presencia de los Bioy Casares también quedó asociada a otros lugares del pueblo. La familia realizó donaciones vinculadas con la construcción de la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la escuela y el predio del club. La iglesia fue construida en 1892.

En las afueras permanece el Puente de Hierro sobre el Canal 11.

PARDO EL PUEBLO QUE CUMPLE 150 AÑOS
Calles arboladas y viviendas bajas que conservan la identidad de la campaña argentina.

El turismo rural sumó nuevas propuestas en los últimos años. El pueblo forma parte del circuito de localidades rurales de Las Flores y cuenta con alojamientos, casas de campo, espacios gastronómicos y emprendimientos vinculados con la vida rural. Un documento de turismo rural del Estado nacional incluye a Pardo entre los pueblos y parajes del partido de Las Flores y menciona su estación ferroviaria, el museo y la capilla.

La celebración comenzará el sábado 19, con el acto protocolar y el desfile gaucho, y continuará con música y un baile popular. El domingo habrá almuerzo criollo, feria, propuestas gastronómicas, juegos tradicionales y espectáculos. La programación difundida para este fin de semana confirma la presencia de Los Charros el sábado y Jóvenes Musiqueros el domingo. Durante dos días, las seis cuadras volverán a llenarse.

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La tranquilidad de sus seis cuadras urbanas en pleno corazón de la pampa bonaerense.

Habrá caballos donde alguna vez pasaron los escritores. Habrá música donde antes se esperaba el tren. Habrá puestos de comida donde el almacén era una referencia. Habrá visitantes recorriendo un lugar cuya historia no quedó encerrada en un museo.

—¿Cómo fue tu familia, César?

—Me casé a los 32 años con Élida Beatriz Eguizábal. Su familia era de Cacharí, aunque ella vivía en Buenos Aires. Nos conocimos en Cacharí, porque íbamos a los bailes.

Tuvimos tres hijos: Pablo, Camila y Laureano. Mi esposa trabajó muchos años como maestra y después fue directora del Colegio del Carmen, que es parecido al Colegio San Miguel de Las Flores.

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La fachada de la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892.

—¿Cómo organizaban la vida entre Pardo y Cacharí?

—Yo tenía que llevarla hasta la ruta para que tomara el colectivo a la una y después iba a buscarla a las cinco y media de la tarde. Era bastante complicado. Cuando llegaron los chicos, compré una casa en Cacharí, donde todavía vive Laureano.

Él sigue con lo que aprendió cuando dejó el negocio: compra animales y engorda terneros. Camila se fue a estudiar a La Plata y vive en Sicardi, que queda como una prolongación de la calle 7, a 18 kilómetros de La Plata.

—¿Tenés nietos?

—No tengo nietos. Yo digo que voy a tener que alquilar alguno. Tengo 81 años, casi 82, y todavía no apareció un nieto. Y para colmo, a mí me encantan los chicos.

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Postales del paisaje rural bonaerense a pocos kilómetros de la Ruta Nacional 3.

Fotos: Gentileza de Juan Manuel Damperat

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