
La población envejece y el turismo no la está aprovechando y esa brecha ya tiene cifras: un estudio publicado en Heliyon sostiene que las personas mayores son un segmento con fuerte capacidad de gasto dentro de la economía del visitante, pero muchas empresas todavía no adaptan sus servicios ni su forma de comunicarse a un mercado que será cada vez más dominante.
El trabajo identifica un desajuste concreto entre peso económico y atención empresarial. Según el informe de Barclays, banco británico, citado en la investigación, solo 5% de los negocios de la economía del visitante reconoce la importancia del envejecimiento demográfico, aunque este grupo aporta 20% de la facturación.
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La investigación, firmada por Joanne Connell, Stephen J. Page y Tetiana Hill, parte de un cambio de enfoque: dejar de tratar el envejecimiento solo como un problema social o sanitario y mirarlo también como una realidad de consumo. El artículo plantea que esa oportunidad sigue subexplotada porque las empresas suelen pensar a los mayores como un grupo homogéneo, cuando en realidad abarca desde personas en sus primeros 50 hasta mayores de 80, con necesidades, salud, ingresos y hábitos muy distintos.

El mercado plateado concentra riqueza y gasto, pero sigue infraatendido
El estudio define la llamada economía plateada como el segmento de consumidores de 50 años o más. En Europa, ese mercado tendría un valor de 5,7 billones de euros para 2025, mientras que en el Reino Unido el grupo de más de 50 concentra 76% de la riqueza financiera del país, de acuerdo con datos de la Office for National Statistics, oficina nacional de estadísticas del Reino Unido, recogidos por los autores.
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La investigación agrega que, para 2030, más de 27% de la población británica tendrá más de 65 años y ese grupo gasta alrededor de 145 mil millones de libras por año. En el turismo europeo, el gasto directo de los mayores de 65 fue estimado en 66 mil millones de euros anuales, cifra que asciende a 109 mil millones de euros al ampliar la medición a los mayores de 50.
El trasfondo demográfico refuerza la dimensión del cambio. De acuerdo con el United Nations Department of Economic and Social Affairs, departamento de asuntos económicos y sociales de la ONU, en 2019 había 703 millones de personas mayores de 65 años en el mundo y para 2050 esa cifra llegaría a 1.500 millones. La proporción de ese grupo etario pasó de 6% en 1990 a 9% en 2019 y alcanzaría 16% a mitad de siglo, mientras que la población de más de 80 años se triplicaría.
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Los autores sostienen que ese escenario obliga a revisar productos, servicios e infraestructuras del sector. También cuestionan las clasificaciones basadas solo en edad cronológica: muchas definiciones de vejez arrancan en los 50, 55 o 60 años, pero la investigación subraya que edad biológica, calendario y experiencia de vida no coinciden necesariamente.
La brecha digital y el edadismo aparecen como barreras de acceso
Para examinar cómo perciben estas transformaciones las organizaciones, el estudio realizó 20 entrevistas entre enero y marzo de 2021 con empresas turísticas, operadores, atracciones patrimoniales, organizaciones de salud, ONG y entidades del tercer sector. Doce de esas organizaciones estaban en el Reino Unido, cuatro en Unión Europea, dos en Rusia, una en Ucrania y una en Estados Unidos.
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Los investigadores concluyeron que la oferta turística sigue teniendo un sesgo de demanda: sabe relativamente más sobre lo que quieren los consumidores mayores que sobre cómo responden las empresas. En las entrevistas apareció una barrera repetida: la brecha digital, que dificulta llegar a personas mayores mediante canales exclusivamente en línea.
Uno de los testimonios recogidos resume esa diversidad de situaciones: “Las personas de 60 son enormemente distintas de las de 80”. Otro participante señaló que para quienes presentan deterioro sensorial, frecuente a partir de los 70, hace falta más contacto cara a cara y formas de comunicación adaptadas, mientras que en personas de 90 años ese acompañamiento directo suele ser casi indispensable.
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La investigación también detectó que muchas organizaciones combinan redes sociales, correo electrónico y sitios web con teléfono, materiales impresos, contacto presencial y recomendaciones comunitarias. Esa coexistencia no responde solo a una preferencia cultural, sino también a desigualdades de ingreso, conectividad y alfabetización digital.
El estudio añade otra barrera: el edadismo, entendido como un conjunto de estereotipos y prácticas que marginan a la población mayor en el lenguaje, la publicidad, las instituciones y el empleo. En el terreno turístico, eso se traduce en campañas con imágenes estereotipadas, en una oferta diseñada para un viajero mayor “activo” como único modelo y en la omisión de quienes tienen necesidades de movilidad, apoyo cognitivo o acompañamiento.
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El turismo accesible y amigable con la demencia aparece como área pendiente
La investigación dedica una parte específica a la relación entre demencia y economía del visitante. Según los autores, varios participantes coincidieron en que el sector todavía no es proactivo y que antes de hablar de espacios amigables con la demencia debe consolidarse una etapa previa: la conciencia básica sobre qué implica la condición y cuán diversa puede ser.
Entre las medidas mencionadas en las entrevistas aparecen la capacitación del personal, acreditaciones formales, adaptación de entornos, mejora del transporte y diseño de productos específicos para personas con demencia y sus cuidadores. El trabajo recuerda además que en algunos países la demencia ya es la principal causa de muerte entre los mayores de 65 años.
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La conclusión central del estudio es que el turismo debe dejar de ver a la población mayor como un nicho y empezar a tratarla como un mercado general con múltiples etapas de envejecimiento. Eso incluye diseño universal, accesibilidad física, mejores baños y cafeterías, información comprensible, opciones de viaje más cortas, atención a la soledad y articulación con organizaciones del tercer sector que ya trabajan con estas poblaciones.
Según Heliyon, el potencial económico existe, pero captarlo exige algo más que marketing: requiere cambios estratégicos en la forma en que destinos y empresas entienden el envejecimiento, se comunican con esos consumidores y adaptan sus servicios a una sociedad en la que vivir más también supone viajar, descansar y participar de otro modo.
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