A los 92 años, Julie Newmar recibió en su hogar de Brentwood, Los Ángeles, rodeada por un jardín donde afirma que la belleza y el propósito guiaron su vida. Reconocida por su interpretación de Gatúbela, la actriz reflexionó sobre su trayectoria y la convivencia con su hijo John, quien tiene síndrome de Down, según relató a The Guardian, diario británico.
Julie Newmar se consolidó como una figura gracias a su papel en la serie original de Batman en los años 60. Tras alcanzar la fama, dedicó su vida diaria al cuidado de su hijo y a cultivar la armonía personal. Habló sobre el envejecimiento y su capacidad de encontrar significado en los pequeños actos, y extiende su trayectoria más allá de la pantalla.
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En el interior de su jardín, Newmar recorrió con calma senderos cubiertos de vegetación y reposó junto a rosales de 90 variedades. “Diría que mi vida trata sobre la belleza. Quiero ser una mujer mayor hermosa; belleza en el jardín, en el comportamiento, en la manera de tratar a los demás”, declaró.

Consideró que, a los 90 años, las experiencias esenciales se concentraban en lo metafísico y en el servicio a otras personas: “Ahora todo es más en ‘¿qué puedo hacer por los demás?’ Porque ya lo hice por mí misma”.
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El papel de Gatúbela y su carrera
El recorrido artístico de Julie Newmar comenzó muy joven, inspirado por la experiencia de su madre en el mundo del espectáculo. “¡Madre! Mi madre estuvo en las Ziegfeld Follies… Me dio todo lo que no tuvo”, explicó a The Guardian. La danza fue su primera pasión y la vía que la condujo al cine y la televisión.
En 1966, un llamado definió su carrera: “Recibí la llamada: ¿Gatúbela? ¿Batman? Nunca había oído hablar... Mi hermano se enteró y dijo: ‘¡Batman! Paramos de estudiar y lo vemos todos los miércoles. Anda, toma el guion y hazlo’”. Su personaje ganó notoriedad, influenciando a futuras actrices y consolidó su estilo.
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Sobre la elaboración del vestuario, detalló: “El cinturón debía ir más bajo para marcar mi cintura. El traje debía ajustarse como si fuera regaliz sobre el cuerpo”. La conexión con su público permanecía: “¡El otro día recibí 5.000 “me gusta” en 10 minutos! Es una bendición sentir esa conexión”.
Su mirada sobre Hollywood
Durante su carrera, Newmar fue percibida como el ideal de belleza y objeto de deseo. Cuando le plantearon esa imagen, respondió: “No están equivocados en eso. Claro”. Lo asumió de forma natural: “Lo soy, pura y simplemente”.
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Reconoció la dificultad de hallar papeles adecuados en un entorno dominado por hombres. “Sí y no. Incluso midiendo casi 1,80 metros, había que aprender a moverse de determinada manera... Creo que era complicado que encontraran roles para mí por mis diferencias. No soy lo suficientemente corriente”.
Sobre la conducción masculina de los estudios, expresó: “Ellos deben dirigirlo. Lo hacen mejor”. Remarcó que disfrutaba la atención masculina recibida, aunque no se identificaba con movimientos como #MeToo: “Me encantaba. Fue bueno. Yo… no soy de las primeras en la fila del movimiento”.
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La maternidad y el cuidado de John
El nacimiento de John en 1981, en medio de un matrimonio en crisis, llevó a Newmar a ejercer la maternidad en solitario. “No sabía nada sobre síndrome de Down cuando nació John, ni la sociedad lo conocía bien”, confesó. Aunque los médicos sugerían una residencia, ella lo rechazó: “No, no, no. Esto es demasiado importante”.
Restó importancia a las dificultades como madre sola: “Lo logramos. Así que John tuvo una buena vida”. Al perdió la audición su hijo por meningitis a los tres años, Newmar buscó recursos prácticos: “Me inscribí en clases nocturnas para aprender lenguaje de señas y poder comunicarme con él de una forma que le ayudara a entender la vida”.
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Actualmente, John participaba en un grupo de personas con discapacidad que se autogestionaban durante el día, lo cual permitía a Newmar conservar su rutina cotidiana. Ante el futuro y el cuidado de su hijo, se mostró serena: “No me preocupo por eso. El dinero está resuelto. Siento que nuestras vidas están unidas. Sea cual sea la manera de salir de este mundo, la palabra ‘pacífico’ es la que aparece”.
Espiritualidad y filosofía de vida
Criada en el cientificismo cristiano, la actriz incorporó otras creencias espirituales, incluida la influencia del budismo. “Es una base enorme para quien quiera vivir una vida poderosa, ya sea en la industria del entretenimiento o en cualquier cosa”, señaló a The Guardian. Recalcó que nunca transformaba los problemas en motivos de preocupación: “Eso sería una pérdida muy negativa de energía”.
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La ética cotidiana de Newmar se sostuvo en el respeto y la armonía: “Nunca critiques, nunca subestimes, nunca ataques”. Consideró que los retos no debían ser fuente de inquietud siempre que se buscara la belleza: “Tuve suerte de poder vivir así”.

En su etapa final, Julie Newmar resumió su recorrido vital con la premisa de hallar alegría en los pequeños gestos diarios. Eligiendo cada día dónde poner la atención, reivindicó la capacidad de transformar la vida desde la serenidad y la empatía.
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