Un experto en medicina genómica explica qué terapias de longevidad serán más accesibles en el futuro

“Estamos en vías de conocer los mecanismos de la biología humana a un punto tal que vamos a ser capaces de corregir los mecanismos que se han ido deteriorando e incluso regenerar el órgano completo”, afirma Javier Gamboa, autor de “Inmortales”

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Javier Gamboa, genetista molecular y
Javier Gamboa, genetista molecular y pionero de la medicina genómica en España, y su libro de divulgación sobre los avances de la ciencia en materia de longevidad

Retroprogramar células para devolverles su potencia, fabricar “organoides”... , no es ciencia ficción, sino ciencia, sostiene el experto. Y todo esto es fruto de la confluencia del conocimiento biotecnológico avanzado, con el genómico y la IA, que ha generado un avance “absolutamente vertiginoso”, en el espacio de la última década. “Por eso estoy convencido de que efectivamente estamos muy cerca de alargar la vida a unos límites francamente preocupantes”, dice Javier Gamboa, genetista molecular y pionero de la medicina genómica en España, con más de 30 años de experiencia en diversas empresas pharma y biotech en Europa, América Latina y Oriente medio. Actualmente es el Director Técnico del laboratorio de Vitoria-Gasteiz del Grupo Merieux NutriSciences y Responsable del Área Molecular e I+D+i.

Muchas terapias basadas en la biogenética tienen actualmente un costo sideral y por lo tanto estarán reservadas a minorías muy pudientes. “Pero es cada vez más difícil ponerle puertas al mar”. Gamboa acaba de publicar el libro Inmortales, la ciencia detrás de los dioses, en el que describe para entendimiento del público en general todos los avances científicos en materia de longevidad, distinguiendo lo científico del “humo” y las exageraciones que circulan en materia de alargar la vida humana.

Entrevistado por el coronel Pedro Baños, analista internacional, Javier Gamboa habló sobre las perspectivas de vencer el envejecimiento. Su punto de vista es poner el acento en la healthspan antes que en la lifespan; mientras que esta última se centra en la duración total de la vida, el healthspan alude al tiempo de vida con goce de buena salud y de un funcionamiento óptimo del organismo.

Los tratamientos que se aplican en las clínicas de longevidad funcionan, sostiene, están basados en ciencia, pero hasta el momento reservados a una ultra minoría.

El conocimiento de los mecanismos del envejecimiento, “un abordaje multidisciplinario de todos los factores que regulan realmente a nivel biológico y fisiológico el envejecimiento” es lo que indica “las vías sobre las que tenemos que intervenir para tratar de atajar” ese proceso, dice Gamboa. “La principal (vía) es la desregulación genética, el deterioro de nuestro genoma. Otro es el acortamiento telomérico, el número de replicaciones máximas de una célula”. Una célula, explica, tiene la capacidad de reproducirse, duplicarse, hasta que sus telómeros se acortan y entonces muere. Hay intervenciones, a través de telomerasas, enzimas que impiden que esos telómeros se vayan acortando. Pero el mecanismo de la replicación del ADN viene, como los electrodomésticos, con “una especie de obsolescencia programada”. “Nuestra biología tiene un mecanismo de autodestrucción, no está programado para vivir eternamente, con lo cual tenemos que hackearlo utilizando términos electrónicos para poder rebasar ese límite natural”, dice Gamboa.

A la pregunta de qué está haciendo la ciencia para ampliar de una manera notable la esperanza de vida, pero de una vida con calidad, el experto afirma que “se está haciendo mucho” y a “un ritmo vertiginoso”. Y con inversionas astronómicas. Cita el ejemplo de Altos Lab, una biotecnológica que ha obtenido una capitalización inicial de tres mil millones de dólares y que cuenta con “un dream team” que incluye a Juan Carlos Izpisúa y a Shinya Yamanaka (Nobel 2012 de Fisiología y Medicina). “Es la mayor colección de premios Nobel y de científicos relacionados con la longevidad”, dice, “pero sí, efectivamente hay mucha tecnología que se está desarrollando para luchar contra el envejecimiento”.

Sobre estos adelantos, Gamboa tiene una posición tomada: “Opino que la inmortalidad no solamente no es posible, sino que no es deseable. Y no es que no sea posible técnicamente. Técnicamente, por suerte o por desgracia, estamos más cerca que nunca de conseguirla. No el año que viene, ni dentro de 10, pero lógicamente sí estamos en una vía de conocer los mecanismos de la biología humana a un punto tal y desde un enfoque tan mecanicista que efectivamente vamos a ser capaces de reparar (el organismo) como si se tratase de una máquina”. Y explica: “Al entender el mecanismo que subyace, puedo corregir los mecanismos que se han ido deteriorando o puedo incluso desde la medicina regenerativa en la que trabaja Juan Carlos Izpisúa, regenerar el órgano completo. Utilizo factores de Yamanaka, con quien ahora tiene la suerte de trabajar codo con codo, y lo que hacemos es una reprogramación parcial o total, que podría llegar a rejuvenecer un órgano por completo, a hacer un organoide”.

El acortamiento telomérico es uno
El acortamiento telomérico es uno de los principales mecanismos de envejecimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

No es ciencia ficción, es realidad científica, repite Gamboa varias veces a lo largo de la charla, consciente de que estas cosas pueden sonar inverosímiles: “Retroprogramas una célula al punto de llevarla a un estadio de pluripotencia para convertirla después en la estirpe celular que tú quieres. Y puedes hacer, por ejemplo, un cerebro, un cerebroide, en el cual experimentar a partir de las propias células del paciente, un modelo en miniatura, en un matraz”, que permitiría experimentar para ver por ejemplo “cómo ese cerebro va a reaccionar a ciertas terapias, a ciertas agresiones”.

Los avances son vertiginosos, dcie Gamboa. “Por eso estoy convencido de que efectivamente estamos muy cerca de alargar la vida a unos límites francamente preocupantes.”

Hay personas con un genotipo idóneo, de las que desde el nacimiento se puede diagnosticar que serán centenarias o supercentenarias. Pero a “esa lotería de nacimiento” se la debe complementar con buenos hábitos y buenas prácticas de alimentación, descanso, evitar el consumo de tóxicos.

Entre otras cosas, asegura que el ayuno es beneficioso para el cuerpo humano. “Totalmente seguro y científicamente probado —enfatiza—. Hoy en día es una evidencia. Bajo prescripción médica y sin llevarlo a un extremo que pueda convertirse en patológico o pernicioso, el ayuno es impresionantemente beneficioso: favorece la desintoxicación del cuerpo humano, activa vías metabólicas que están directamente relacionadas con la desinflamación, la eficiencia mitocondrial, una serie de mecanismos que sin ninguna duda favorecen la longevidad y la salud”. “El ayuno es una de las claves de la longevidad y de la salud”, insiste.

Comer moderadamente y ayunar son
Comer moderadamente y ayunar son prácticas que favorecen la longevidad (Imagen ilustrativa infobae)

Tampoco hay que descuidar el aspecto anímico, la actitud positiva ante la vida. Esto también está respaldado por la evidencia científica.

A las personas longevas, “probablemente su genética las ayuda a tener efectivamente una muy buena sensibilidad insulínica, por lo tanto, una muy buena eliminación de grasas, una buena regulación de los nutrientes, y esto da un fenotipo de una persona en forma, atlética”. Y en cuanto al talante, al optimismo, aclara que no se trata de risoterapia. “Habría que diferenciar risueño de positivo. La risa por sí misma no extendería la longevidad, pero sin ninguna duda el ser positivo, el no exponerme a dosis altas de cortisol, no tener un estrés elevado, el no generarme niveles de oxidación celular mayores, no cabe duda de que favorece la longevidad”.

Baños señaló la paradoja de que las personas centenarias tienen hijos de 70, 80 años, y nietos de 40, 50 años, y que algunos de esos hijos o nietos, que no han vivido en pueblos o en el campo, sino en grandes ciudades, están muriendo antes que ellos. “¿Nos puede estar afectando la alimentación con ultraprocesados, la contaminación de todo tipo: acústica, electromagnética, química, y también un estrés de vida?”, pregunta.

La respuesta es categórica: sin ninguna duda. “Vivimos en un entorno en el que las condiciones no son nada favorables a un estilo de vida saludable”, dice Gamboa. Y señala que pese al confort y la comodidad actuales —una suerte que otras generaciones no han tenido—, “todas las soluciones que hemos buscado a problemas que teníamos nos han generado, a su vez, problemas nuevos”. Por ejemplo, en materia de alimentación: los ultraprocesados y los residuos químicos. También los impactos electromagnéticos. Los adelantos técnicos nos han permitido alcanzar la mayor longevidad que ha conocido la humanidad hasta ahora, pero a la vez esto ha generado otros problemas de impacto negativo.

Los ultraprocesados y los residuos
Los ultraprocesados y los residuos químicos son perjudiciales para la salud (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ahora bien, estos avances en materia de longevidad presentan dos desafíos o dilemas éticos, en opinión tanto de Baños, como de Gamboa. En primer lugar, el hecho de que todos estos adelantos están de momento reservados solo a una elite debido al costo sideral de las terapias genéticas, y el otro es que el sistema de jubilaciones y pensiones ya está colapsado en la actualidad en tantos países, con una expectativa de vida de 80, 90 años. ¿Cómo sostener esos sistemas ampliando la esperanza de vida a los 120, 130, 150 o más años?

En cuanto a la posibilidad de popularizar los avances en materia de longevidad, Gamboa dice “es cada vez más difícil ponerle puertas al mar” y que “hay cosas que se escapan, que se democratizan por puro contagio y que es muy difícil controlar”. Recuerda que lo mismo ocurrió con los antibióticos: “No nos pongamos distópicos pensando que estamos ante un escenario nuevo, porque no estamos inventando nada. Los antibióticos tuvieron una curva de implantación lenta; inicialmente eran accesibles únicamente para élites. Pues ocurrirá probablemente algo muy similar. No cabe duda de que las terapias más avanzadas, que son extraordinariamente caras, porque tienen unos costos de desarrollo muy grandes, no van a estar disponibles para todos, pero no necesariamente sucederá eso con toda la extensión de la longevidad, el healthspan, no el lifespan de alargar la vida por alargarla, sino el aumento de una vida saludable”.

Además, señala que “hay intervenciones que son muy asequibles” —aunque algunos estén aprovechando para monetizarlo—, y que “existen senolíticos [fármacos que eliminan las células senescentes, aliviando la inflamación] y senomorfos muy efectivos, que junto con otros fármacos muy económicos, como la metformina [ayuda a controlar la glucemia en sangre], y prácticas como el ayuno y el mantenimiento de una microbiota intestinal saludable, salvo un genotipo muy malo y unas condiciones patológicas especialmente adversas, estaríamos en una combinación que de por sí puede alargar la vida de una manera notable”.

Gamboa insiste en que “se puede alargar la vida de una manera sencilla, sin tener que recurrir a CRISPR-Cas o a base editing, que son unas intervenciones muy intrusivas y que requieren de un equipo de un laboratorio altamente capacitado y con muchas personas trabajando exclusivamente para ti en condiciones excepcionales durante mucho tiempo”.

La microbiota intestinal es clave
La microbiota intestinal es clave en la salud y en la longevidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si algunos tratamientos pueden llegar a costar hasta dos millones de euros es evidente que son terapias a las que solamente va a poder acceder una élite. “Sin embargo, el poder tomar una combinación de metformina con fisetina o quercetina [flavonoides antioxidantes], practicar una ingesta de calorías razonable”, es algo accesible, dice Gamboa. También menciona los relojes epigenéticos, la secuenciación del genoma completo ya que todo ello brinda información real para poder actuar. “No actúo a ciegas; primero identifico cuál es mi situación con respecto al envejecimiento”, dice. Y explica que hoy en día es factible determinar la edad biológica, no cronológica, de una persona, con gran precisión. Este es el punto de partida. Saber si se tiene un genoma favorable o no. “Saber si mi reloj corre más rápido que el del vecino”, señala. A partir de ahí, se decide qué hacer y con qué premura. “Los mecanismos del envejecimiento están relacionados a través de rutas fácilmente accionables y entonces puedo identificar sobre qué rutas metabólicas actuar. Por ejemplo, ¿tengo problemas de regulación de nutrientes? ¿Voy a tender a la diabetes? ¿Voy a tener glucosa muy alta en sangre y por ello un acortamiento de mi vida? ¿Tengo problemas de oxidación? Porque es a través de esa diagnosis real, que yo voy a poder articular terapias personalizadas para mí”, detalla.

La longevidad está muy relacionada con la medicina genómica, pero también con la llamada medicina personalizada, que también se está aplicando, o tratando de aplicar, en la medicina tradicional, explica Gamboa.

Muchos de estos tratamientos están siendo experimentados por los mismos científicos que los desarrollan. “Conejillos de Indias voluntarios”, los llama Gamboa. “Yo también experimento ciertas técnicas en mí mismo y con cierto éxito, gracias a Dios —confiesa—. Es casi irresistible la tentación de probar la efectividad, incluso el acierto, de tus deducciones”. Señala que, en especial con el uso de metformina, “los resultados son francamente excepcionales”. “Yo pasé de una edad biológica mayor a la cronológica, a revertirlo en un porcentaje significativo, y ello sin grandes intervenciones”.

Ahora bien, advierte que “el problema de la longevidad extendida es que aunque vivamos muchos años nuestras facultades y nuestras condiciones productivas no serán las mismas” y que “para poder vivir en esa longevidad extendida dependemos de una serie de fármacos, de ayudas, de condiciones de vida”.

“Esto va a ser un geriátrico que alguien debe mantener”, ironiza.

En cuanto a la actividad física, Gamboa señala que “el deporte activa rutas metabólicas, que son las mismas que activa el ayuno”.

En cuanto a un tipo especial de medicina personalizada, las clínicas de longevidad, en las que durante un día le hacen al paciente-cliente pruebas de todo tipo, con tecnología de última generación, para determinar un tratamiento específico para esa persona, un tratamiento rejuvenecedor, para que la edad biológica retroceda. “¿Crees que esto funciona y que llegará un momento en que se pueda también popularizar este rejuvenecimiento con médicos, con algo científico?”

Clínicas de longevidad, tecnología de
Clínicas de longevidad, tecnología de avanzada utilizada para diagnósticos y bienestar del paciente.

“La respuesta corta es sí, funciona —dice Gamboa—. ¿La relación prestaciones-precio es razonable? La respuesta es no. El mercado de estas terapias en la fase actual son grandes fortunas. Pero funcionan, sin ninguna duda, y están aplicando todo lo que hoy día es ciencia probada de una manera óptima”.

Insiste en diferenciar estas clínicas de la medicina personalizada, “que no tiene por qué tener un enfoque exclusivamente orientado a la extensión de la longevidad”.

Finalmente, señala que en su libro informa de todos estos avances “que evidentemente nos afectan a todos y que antes o después nos llegarán también a todos, aunque ahora mismo solamente lo tengan los grandes multimillonarios o algunos científicos avanzados”.