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Apple demandó a OpenAI por robo de secretos: los mensajes que publicó OpenAI muestran la brecha del lado de Apple

El abogado externo de Apple confundió a dos empleados con apellidos asiáticos y tardó cinco meses en formalizar el reclamo, según los correos que publicó OpenAI. Mientras tanto, empleados activos de Apple seguían pidiéndole archivos a un ingeniero que ya se había ido a trabajar a OpenAI

El problema real es la gestión de accesos, no el espionaje
Apple demandó a OpenAI por robo de secretos comerciales y la respuesta de OpenAI incluyó mensajes y correos sobre la gestión interna de Apple. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El 3 de agosto, OpenAI publicó un comunicado que va mucho más allá de la negación de rutina. La empresa respondió a la demanda por robo de secretos comerciales que Apple le inició el 10 de julio, y lo hizo con anexos: capturas de mensajes de texto entre empleados y una cadena de correos entre abogados. El título de la pieza es “Apple se está equivocando”. Lo que arde no es el título: son los documentos que trae debajo.

Porque esos documentos no prueban que OpenAI sea inocente. Prueban que la demanda de Apple tiene un problema de origen: la propia empresa que dice haber sido saqueada no controla bien quién entra y sale de sus sistemas.

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La respuesta de OpenAI se ordena en dos bloques de evidencia. El primero apunta a los abogados de Apple. El segundo, a los mensajes de texto de sus propios empleados.

El primer error fue de los abogados de Apple, no de OpenAI

La demanda original acusa a OpenAI de haber orquestado un esquema para apropiarse de información confidencial sobre productos de hardware no anunciados, a través de dos extrabajadores: Chang Liu, que pasó ocho años como ingeniero sénior de sistemas eléctricos en Apple, y Tang Yew Tan, que trabajó más de 24 años en Apple, los últimos como vicepresidente de diseño de producto para iPhone y Apple Watch, y hoy es el jefe de hardware de OpenAI. Apple sostuvo que había alertado a OpenAI en febrero y que nunca recibió respuesta.

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La supuesta fuga empezó del lado de Apple, con empleados que seguían activos
OpenAI sostuvo que la demanda de Apple tiene un problema de origen porque Apple no controló bien quién entraba y salía de sus sistemas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los correos que publicó OpenAI cuentan otra secuencia. El abogado externo de Apple, Gabriel Gross, del estudio Weil, Gotshal & Manges, le escribió el 23 de febrero al abogado general de OpenAI para plantear el reclamo. Hasta ahí, todo en orden. El problema llegó con el mensaje siguiente: Gross admitió, por escrito, que confundió dos apellidos y le envió a OpenAI un correo que en realidad estaba dirigido a otro extrabajador de Apple. El abogado de OpenAI respondió desconcertado, porque además Gross había afirmado que ya habían hablado por teléfono. Nunca habían hablado.

Apple después reconoció el error. Pero entre ese cruce de correos y la demanda pasaron cinco meses de silencio.

La supuesta fuga empezó del lado de Apple, con empleados que seguían activos

El segundo bloque de evidencia es el que más le pesa a Apple. OpenAI publicó capturas de mensajes de texto entre Liu y colegas que, a diferencia de él, seguían trabajando en Apple. El último día de Liu en la empresa fue el 22 de enero. Los mensajes muestran que, después de esa fecha, fueron esos empleados activos los que le pidieron ayuda para ubicar archivos y transferirlos por AirDrop desde su cuenta de iCloud. Uno de ellos mantuvo la cuenta de Liu conectada durante más de una semana. Recién el 31 de enero cerró sesión, y cuando el sistema le preguntó si quería guardar una copia de los archivos, dijo que no.

La demanda dice que Liu se llevó información de Apple. Los mensajes que Apple no eligió mostrar sugieren que fue Apple la que se la siguió pidiendo.

El problema real es la gestión de accesos, no el espionaje

Apple demandó a OpenAI por robo de secretos
La evidencia difundida por OpenAI señala que la cuenta de Liu siguió conectada más de una semana tras dejar Apple, lo que expuso fallas de gestión de accesos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sobre Tang Tan, el otro acusado, OpenAI fue más breve: dijo que siempre le insistió al equipo que no querían ni debían usar información confidencial de otras empresas, y recordó que pasó más de 24 años en Apple como uno de sus diseñadores más reconocidos. El problema real es la gestión de accesos, no el espionaje. Ese número, más que probar una conspiración, describe una migración de talento a gran escala en el sector de hardware de inteligencia artificial.

Y ahí está la verdadera paradoja del caso. Apple construyó una reputación mundial en base al control absoluto sobre su información interna. Es la empresa que hace firmar acuerdos de confidencialidad hasta para entrar a un edificio, la que oculta prototipos bajo telas negras, la que despide gente por filtrar detalles de un evento antes de tiempo. Pero los correos y mensajes que ahora circulan muestran una gestión de accesos mucho más floja de lo que esa reputación sugiere: cuentas de empleados que se van y siguen abiertas durante semanas, archivos que se transfieren sin ningún control, personal activo que le pide ayuda a alguien que ya no debería tener acceso a nada.

El robo de secretos, si existió, necesitó una puerta abierta del lado de Apple para pasar.

Esta demanda todavía se define en una corte de California, y ahí es donde importa jurídicamente. Pero como historia corporativa ya dejó una lección más simple: Apple puede seguir vendiendo la imagen de la fortaleza inexpugnable, pero la evidencia que su propio litigio sacó a la luz cuenta la historia de una empresa que jamás terminó de cerrar la puerta por donde salió su propia gente.

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