
En plena sierra del Montsant, en Cataluña, se encuentra un pueblo de escasos 450 habitantes cuyo nombre es el mismo que el de una verdura. Para quien lo desconozca, porro en catalán es puerro, de donde bebe su nomenclatura el municipio de Porrera, característico por sus cultivos de puerros en sus lindes. Tal y como recoge el medio NacióDigital.cat, su singularidad radica en su nombre, pero también a su patrimonio local de tradición vitivinícola, además de una concentración de relojes de sol del siglo XIX.
Con una extensión de 28,5 kilómetros cuadrados que recorrer, National Geographic lo ha elegido como uno de los pueblos más pintorescos de Cataluña, una distinción que sitúa a Porrera entre los destinos más llamativos del interior tarraconense. Sin costa a la vista, pero a media hora de Tarragona y a 60 minutos más de Barcelona, es un destino apacible a valorar si se quiere disfrutar de turismo de interior este verano. La localidad se encuentra al este de la comarca del Priorat, a pocos kilómetros del Coll de la Teixeta. El núcleo se extiende a lo largo del valle del río Cortiella, desde el Molló, en el límite con el Baix Camp, hasta la confluencia de ese curso fluvial con el río Siurana, según señala el medio catalán.
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Para los amantes del buen vino, Porrera también destaca por su bebida, ya que buena parte del término municipal ha estado cubierto históricamente de viñedos. Sin embargo, Nació Digital explica que ese sector ha crecido durante las últimas décadas y que la antigua tradición agrícola y vitivinícola sigue activa, con bodegas reconvertidas como Vall Llach, impulsada por el cantautor Lluís Llach.
Qué ver en Porrera, el pueblo del Priorat con 14 relojes de sol y un nombre singular en menos de 30 kilómetros cuadrados
La agricultura continúa siendo el principal motor económico del municipio, aunque no se concentra única y exclusivamente en la tradición vinícola. Junto a las vides, en el mismo término municipal también se cultivan almendros, olivos y avellanos, aunque dichos frutos cuentan con menor peso en la economía y la historia local.
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El nombre de Porrera es uno de los rasgos que más curiosidad despierta entre los visitantes. Según ha publicado Nació Digital, los primeros documentos medievales ya citaban este lugar con formas como Valporriera, en 1157; o Vallem Porreram, unos años después, en 1180. El por qué no era otro que porque el puerro era la hortaliza más cultivada en la zona.
Más allá de esa etimología, el casco urbano conserva uno de sus elementos patrimoniales más singulares: una colección de 14 relojes de sol repartidos a lo largo de todo el pueblo. El medio catalán sostiene que se trata de una de las mayores densidades de estas piezas vinculadas a la cultura catalana. Por ello, pasear por sus calles empedradas equivale a recorrer un museo solar al aire libre. Entre los ejemplares más destacados figuran el reloj vertical inclinado conocido como Rellotge de Tarda, situado en la plaza de la Guineu, y el cuadrante vertical inclinado de grandes dimensiones de la calle Pau Casals, en honor al músico catalán.
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