
Con el verano cada vez más cerca y las altas temperaturas haciendo acto de presencia, son muchos los viajeros que ya se han atrevido a darse el primer chapuzón del año en algunas de las maravillosas playas españolas. Estos arenales son conocidos en el mundo entero y es que nuestro país cuenta con algunos de los más extraordinarios del planeta. Así, el viajero puede disfrutar de impresionantes playas vírgenes, calas de aguas turquesas o arenales urbanos con todo tipo de servicios y comodidades.
Esta amplia variedad coloca a nuestro país en el punto de mira de los mejores rankings de playas del mundo, y en este caso la prestigiosa selección anual de The World’s 50 Best Beaches ha situado a dos playas españolas entre las mejores del mundo. Una está en Menorca, resguardada entre acantilados y pinar, y otra ocupa 12 kilómetros de costa salvaje en Fuerteventura. Dos arenales que no se parecen en nada entre sí, salvo en una cosa: en que quienes los visitan rara vez los olvidan.
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Cala Macarella, en Menorca
En la costa sur de Menorca, protegida por altos acantilados que le dan forma de herradura y respaldada por un pinar denso, Cala Macarella es uno de los arenales más reconocibles del Mediterráneo español. La arena es blanca y fina, el agua turquesa y cristalina, y los fondos marinos ofrecen condiciones excelentes para practicar snorkel entre una fauna submarina variada. La cala está protegida del viento y del oleaje, lo que la convierte en una opción especialmente adecuada para visitar con niños. Permite además practicar el nudismo, y está considerada una de las mejores playas nudistas de España.

The World’s 50 Best Beaches la ha situado en el puesto 12 de su clasificación de 2026. La razón que argumentan es tan sencilla como difícil de conseguir: “A pesar de ser una de las playas más visitadas de la isla, su ubicación dentro de un área protegida minimiza el desarrollo urbanístico y mantiene el entorno prácticamente intacto”. Una distinción que resume lo que hace especial a Cala Macarella: la capacidad de recibir a miles de visitantes cada verano sin perder su carácter virgen.
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Su popularidad tiene un precio en temporada alta: la masificación es una realidad en julio y agosto, y el acceso desde el aparcamiento más cercano requiere un paseo de varios minutos por un sendero entre pinos. Quienes prefieren encontrarla más tranquila optan por la primera hora de la mañana o por las visitas fuera del mes de agosto.
Playa de Cofete, en Fuerteventura
A casi 3.000 kilómetros de distancia, en el extremo sur de Fuerteventura, la playa de Cofete representa uno de los arenales más vírgenes del planeta. No hay chiringuito, ni hamacas, ni urbanización a la vista. Solo 12 kilómetros de arena dorada atrapados entre las olas del Atlántico y las montañas escarpadas de la península de Jandía, en uno de los paisajes más áridos y sobrecogedores de las islas Canarias.
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Sin embargo, llegar hasta ella exige esfuerzo. La pista de acceso es de tierra y piedras, se extiende durante 8,5 kilómetros y tiene tramos que requieren un vehículo con buena altura libre al suelo. Esa dificultad es, precisamente, lo que mantiene la afluencia baja y el entorno prácticamente sin intervención humana. A pesar de ello, The World’s 50 Best Beaches la ha incluido en el puesto 39 del ranking mundial con una descripción que lo dice todo: “Transmite una sensación de naturaleza virgen e indómita, y su inmensidad la distingue de las playas más urbanizadas de las Islas Canarias”. Una playa para quienes buscan el silencio, el viento atlántico y la sensación de estar solos ante el océano.
No obstante, las corrientes en Cofete son fuertes y el baño puede ser peligroso en función de las condiciones del día, por lo que conviene informarse antes de entrar al agua. El paisaje, no obstante, justifica el desplazamiento incluso para quienes prefieren quedarse en la orilla.
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