
Ángels Barceló lleva años escapando a Menorca cuando el ritmo de los directos lo permite. La periodista, que el 31 de agosto de 2026 cerrará su etapa de 21 años en la Cadena SER tras conducir programas como Hora 25 y Hoy por hoy, tiene su refugio en Sant Lluís, el pequeño municipio del sureste de la isla al que acude para desconectar. Dos premios Ondas, el Micrófono de Oro, la Antena de Oro y la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Cataluña avalan una carrera que ahora entra en una nueva fase, con más tiempo para disfrutar de ese rincón menorquín sin el sonido del despertador de madrugada.
De este modo, Menorca es, de las islas Baleares, la que mejor ha resistido la presión del turismo masivo. Reserva de la Biosfera desde 1993, la isla combina calas de agua transparente, pueblos de arquitectura blanca y un interior verde que sorprende a quienes esperan solo playa. Sus municipios tienen personalidad propia, y Sant Lluís es uno de los más singulares: fundado por los franceses en el siglo XVIII, con menos de 7.000 habitantes y rodeado de algunas de las mejores playas del Mediterráneo, es el tipo de lugar que cuesta abandonar una vez que se conoce.
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Un pueblo fundado por los franceses
Sant Lluís es uno de los municipios más jóvenes de Menorca. Su origen se remonta al 18 de abril de 1756, cuando 12.000 soldados franceses al servicio del mariscal Duque de Richelieu desembarcaron en la playa de Santandria, tomaron el castillo de San Felipe y pusieron fin a la ocupación británica. La localidad comenzó a crecer en torno a su iglesia en 1761, con la parcelación de los terrenos adyacentes para construir viviendas.
La dominación francesa duró apenas siete años. En 1763, el Tratado de París obligó a devolver la isla a los británicos, y no fue hasta el siglo XIX, con el Tratado de Amiens, cuando Menorca volvió a manos españolas. Sant Lluís no obtuvo la categoría de municipio de pleno derecho hasta 1904, pero su origen francés sigue presente en cada esquina: en los nombres de las calles, en la inscripción de la fachada de la iglesia bajo los escudos del rey de Francia y en el propio nombre de la localidad, que rinde tributo al rey Luis IX.
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Casas blancas, un molino centenario e increíbles playas

Situado a 10 kilómetros de Mahón, Sant Lluís es posiblemente el pueblo más blanco de Menorca. Todas sus casas, torres de defensa, caseríos y urbanizaciones comparten la misma cal inmaculada que define la arquitectura tradicional de la isla. En el centro del pueblo, la plaza de Sa Creu, de trazado cuadricular, reúne el ayuntamiento y la iglesia parroquial del siglo XVIII, el corazón de la vida local.
A su vez, a la entrada del municipio, el Molí de Dalt —el Molino de Arriba— da la bienvenida al visitante. Construido en el siglo XVIII y restaurado íntegramente en 1987, es el único superviviente de los tres molinos que definían el perfil de Sant Lluís: los otros dos, el Molí d’Enmig y el Molí de Baix, han desaparecido. El edificio funciona hoy como museo etnológico y oficina de turismo, con una colección de herramientas del mundo rural y de oficios ya desaparecidos.
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Sin embargo, el gran atractivo de Sant Lluís es su litoral. El municipio está rodeado de playas y calas que cubren todos los perfiles: arenales familiares con servicios completos, playas casi vírgenes entre pinos y calas rocosas de acceso más reservado. Las dos más frecuentadas son Punta Prima y Binibeca. La primera, también conocida como playa del Aire, es la más turística de la zona y se encuentra a 5 kilómetros del centro.
Durante la ocupación británica los ingleses la llamaron Sandy Bay, y hoy cuenta con paseo marítimo, aparcamiento y transporte público desde Mahón. La segunda, Binibeca, está a seis kilómetros del pueblo, rodeada de pinos, con aguas traslúcidas y arena blanca y fina. En la parte posterior de la playa hay un pinar con mesas de picnic. Para quienes prefieren entornos más tranquilos, las calas de Biniancolla, Es Caló Blanc, Binioparratx, Binidalí y Rafalet ofrecen alternativas de mayor intimidad a pocos minutos del núcleo urbano.
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Las fiestas de agosto y los alrededores del pueblo
Las fiestas patronales de Sant Lluís se celebran en honor al rey de Francia San Luis IX, el último fin de semana de agosto. El programa incluye los tradicionales jaleos de caballos, carreras de burros, conciertos, carrozas, orquestas y fuegos artificiales. Es uno de los momentos del año en que el municipio concentra más visitantes y la plaza de Sa Creu muestra su cara más animada. El calendario festivo es también un reflejo de la identidad particular de Sant Lluís: un pueblo que lleva el sello francés en su nombre y en su trazado urbano, pero que ha construido a lo largo de los siglos una vida propia, menorquina y mediterránea, que no necesita grandes reclamos para resultar atractiva.
Por otro lado, el entorno inmediato de Sant Lluís añade más razones para alargar la estancia. Muy cerca de la localidad se encuentra el Faro Isla del Aire, uno de los puntos más fotografiados del sur de Menorca, y Llucmaçanes, un pueblo tradicional de arquitectura blanca que conserva intacto su carácter rural. Además, también se merece una visita Binibeca Vell, un poblado de pescadores de calles estrechas y casas encaladas que ha atraído a artistas e intelectuales durante décadas.
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