
La ficción tiene una deuda histórica con las mujeres. Especialmente con la representación de su deseo y con la posibilidad de vivir su sexualidad fuera de la culpa, el castigo o la hipersexualización desde una mirada masculina, pues se ha dicho durante décadas que “el placer ha sido cosa de guarras”. Cochinas, la nueva ficción de Prime Video que ha llegado a la plataforma este viernes 24 de abril —tras su paso por el Festival de Málaga fuera de concurso— viene a darle la vuelta a la tortilla para hablar de liberación sexual femenina, de consentimiento, de educación sexual, con el porno, una industria extremadamente machista, como telón de fondo.
Protagonizada por Malena Alterio, Álvaro Mel y Celia Morán —que debuta en televisión por primera vez tras curtirse en el teatro—, esta comedia de ocho capítulos se sitúa en Valladolid, año 1998. Nines (Alterio) es una ama de casa rígida, católica, apostólica y romana que lo que mejor sabe hacer son croquetas. Pero cuando su marido Mariano (Chani Martín) entra en coma y queda a cargo de su videoclub al borde de la quiebra, tiene que hacer frente a un negocio que es un agujero negro económico.

Para ello debe renovarlo o morir, y es precisamente en el porno donde encuentra un filón. Porque, recordemos, “España está llena de guarros y de pajilleros”. Para conseguirlo cuenta con dos de los no-empleados del Dorothy: la deslenguada y revolucionaria Chon (Morán), un alma avanzada para la época, y Agu (Mel), un cinéfilo (y cacho de pan) que irá descubriéndose a sí mismo. El reparto coral lo completan Albert Baró, Celia de Molina, Esperanza de la Encarnación, David Castillo o Raquel Pérez, entre otros.
Entre lo clandestino y lo escandaloso, este establecimiento de barrio se convierte en el primer videoclub porno de Valladolid. Y eso sí, sin blanquear la pornografía. Cochinas es una serie kamikaze y llena de capas, pero que en ningún momento cae en tópicos, sino que se encarga de destruirlos con mimo, precaución y mucha inteligencia.
Pese a lo vulgar y el exceso de algunas escenas —depende de la sensibilidad del espectador, motivo por el que a inicio de cada episodio se lanza un aviso—, a medida que suceden los capítulos, la serie dinamita muchos de los conceptos hombrecentristas que todavía resuenan a día de hoy. Eso sí, el espectador no encontrará un tono sórdido y oscuro, sino todo lo contrario, es pura luz.
Irene Behoyo (Todos los lados de la cama) y Carlos del Hoyo (Señoras del (H)AMPA, Mariliendre) son los creadores y guionistas de esta ficción que arranca tratando la relación de las mujeres con el porno como consumidoras. “¿Dónde están los guarros? ¡Si España está llena de guarros!“, se lamenta una desesperada Nines, que todavía no sabe que su público objetivo es otro.
De hecho, la serie surgió a raíz de leer una noticia que decía que durante el COVID se había incrementado en un 60% el consumo de pornografía en España frente al resto del mundo, que había sido un 11%. El dato que les llamó la atención fue que entre las mujeres se había duplicado. “La idea original era hacer una radiografía sexual de toda una nación. El despertar sexual que vivió España a lo largo de un siglo entero, desde los albores del porno en los años 20 hasta hoy en día con OnlyFans. Cuando acotamos, decidimos trasladarnos a la década de los 90, que además fue la época dorada del porno”, apunta el guionista.

Y en esto se apoyaron para construir la serie. “Para intentar contar una historia sobre liberación sexual, nos quisimos remontar a una época en la que existía muchísimo analfabetismo”, explica Del Hoyo, que apunta que, para su generación, la educación sexual estaba en el consultorio de la revista Súper Pop, programas como En tu casa o en la mía y el porno. Ahí encontraron un caldo de cultivo perfecto para contar “una historia de mujeres que empiezan a compartir sus intimidades, que empiezan a explorarse y a descubrirse sexualmente, y sobre todo, que empiezan a desestigmatizar el placer, que siempre ha sido considerado de guarras". “Que los hombres vean porno, que se toquen, muy bien. Eso es lo natural. Pero las mujeres no”, ironiza su compañera.
Por todo esto, es importante ver la serie hasta el final. A medida que se desarrollan las cuatro horas de la ficción, se van desgranando multitud de aspectos, que van desde la menopausia hasta el consentimiento. Por este motivo, un guion tan complejo solo puede cobrar vida bajo la dirección de tres mujeres: Andrea Jaurrieta (Nina), Laura M. Campos (Valeria, Servir y proteger) y la actriz Núria Gago (Pubertat, Amar es para siempre), que debuta en realización.
La ficción y el sexo, una asignatura pendiente
“La serie no es un blanqueamiento de la pornografía, es una puerta de entrada a todo un universo”, apunta Jaurrieta, nominada al Goya por Mejor dirección novel con Ana de día en 2019, año en que terminó ganando Arantxa Echevarría por Carmen y Lola. En esto también insisten sus creadores. “Nos parecía una manera diferente y original de empezar esta revolución, pero no nos íbamos a poner de perfil si hablábamos de la industria del porno mainstream de los 90, que además es muy, muy machista. Al final, eso es una excusa”.
No han sido casos aislados las críticas a muchas ficciones que tratan el sexo y los desnudos como mero regalo para poner cachondo al espectador (masculino, claro). Uno de los casos más sonados fue La vida de Adèle (2013), duramente criticada por sus largas escenas sexuales con un rodaje polémico por los métodos autoritarios del director. En los últimos años lo hemos visto con Euphoria o The Idol, ambas series creadas por Sam Levinson, que el público y la prensa han tachado de “machista y misógina”, entre otras cosas por abusar ‘de todo’ en exceso. “Hemos trabajado mucho las tres juntas para que [los actores] se sientan cómodos y para no tener una mirada sexualizadora en las tramas principales”, apunta Jaurrieta, que co-dirige los seis primeros episodios.
Precisamente, en la serie, una de las cuestiones en las que más se incide es que lo que se ve en el porno no es real. De hecho, cada capítulo arranca con un sketch explícito con actores porno reales, como Daniela Blume o Sylvan. “Tenía que haber mucha diferencia entre las parodias pornográficas que se hacen al principio de cada capítulo y lo que es después la realidad del sexo”, añade Jaurrieta.

Tanto las realizadoras como los guionistas y creadores coinciden en que “es necesaria una educación sexual para que no se aprenda el sexo a través del porno”. Según los últimos datos proporcionados por la Asociación Punto Omega, la edad media de inicio en el consumo de pornografía en España se sitúa entre los 10 y los 11 años, comenzando en muchos casos por accidente y sin una conversación previa sobre el tema. “El porno sigue perpetuando comportamientos, sobre todo vejatorios para la mujer, pero no solo para la mujer”, añade Bohoyo.
“Ojalá Cochinas sirva para que las madres que lo vean se planteen también el hablar con sus hijos y con sus hijas de sexualidad”, finalizan las directoras.
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