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Ni falta de amor, ni falta de autoestima: este es el motivo por el que echas de menos a alguien que te hace daño

La psicóloga Ainhoa Vila explica cómo el cerebro asocia el alivio tras el dolor con el vínculo afectivo en relaciones inestables

La alternancia entre distancia y afecto genera un apego difícil de romper
El “refuerzo intermitente” ayuda a explicar por qué cuesta dejar atrás a quien hace daño (iStock)
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Las relaciones afectivas pueden dejar una huella profunda, especialmente cuando se vive una dinámica marcada por el sufrimiento y la ambivalencia. Comprender por qué algunas personas siguen sintiendo nostalgia por quienes les causaron daño es una cuestión relevante en el ámbito de la psicología.

Este fenómeno no solo afecta a quienes han atravesado relaciones personales conflictivas, sino que también interpela a familias y entornos cercanos, que muchas veces no logran comprender la persistencia del apego.

La psicóloga Ainhoa Vila ha puesto el foco en por qué una persona puede seguir añorando a quien le hacía daño y ha rechazado una explicación que, a su juicio, culpa a la víctima: “el típico ‘es que no te quieres lo suficiente’ es mentira”. Su tesis sitúa el origen en un aprendizaje emocional ligado al alivio y no en una supuesta falta de amor propio.

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El refuerzo intermitente y el deseo de volver

La respuesta que ofrece Vila es concreta: “Lo que echas de menos es el alivio”. La psicóloga sostiene que, en relaciones marcadas por la alternancia entre cercanía y distancia, el cerebro acaba vinculando a la misma persona con el dolor y con su cese, un patrón que identifica como “refuerzo intermitente”.

Antes de llegar a esa explicación, Vila describe una escena reconocible para quien ha salido de una relación dañina. Tener claro que la relación hacía daño, haberlo contado “mil millones de veces” y saber incluso qué consejo dar a otra persona no impide que aparezca el deseo de volver a estar cerca de quien provocó ese sufrimiento.

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El patrón de “frío y calor” puede crear un apego más fuerte que en relaciones sanas, según Vila.
Muchas personas entienden el daño que sufren, pero el deseo de volver persiste, señala la psicóloga Ainhoa Vila (Pexels)

La psicóloga formula ese conflicto con una secuencia de culpa y extrañeza. “Y aun así hay noches que darías cualquier cosa, pero cualquiera, por estar cerca suyo”, explica Vila, antes de señalar el golpe posterior de vergüenza: “¿Cómo puedo echar de menos a alguien así? ¿Qué es lo que me está pasando?”.

Según su relato, el problema no está en que la persona afectada no comprenda lo ocurrido. De hecho, subraya que muchas veces lo entiende con precisión y sería capaz de advertir a otra persona con claridad: “Sal de ahí, huye, por favor”.

En ese punto, Vila desmonta la lectura moral de la experiencia. “No te pasa nada, quiero que me escuches bien”, afirma, para desplazar la interpretación desde la culpa hacia el funcionamiento del sistema nervioso y del vínculo aprendido.

El ciclo de distancia y alivio refuerza el vínculo

La clave de su explicación está en las relaciones de “frío y calor”. Vila sostiene que, tras días de distancia, silencio o tensión, la reaparición del afecto genera una descarga intensa: “Después de días de distancia, de silencio, de estar de puntillas, él volvía a ser cariñoso. Y en ese momento tu sistema nervioso registraba un subidón de alivio enorme”.

Ese mecanismo, añade, no se produce una sola vez, sino que se repite “cientos de veces”. Ahí es donde sitúa el efecto más profundo: “Y ese subidón, repetido cientos de veces, crea un vínculo muchísimo más fuerte que el de una relación sana, el refuerzo intermitente”.

Algunas actitudes que tenemos, pueden ser señales de lo que somos según los psicólogos

A partir de ahí, la pregunta central cambia de sentido. Para Ainhoa Vila, no se trata de preguntarse “por qué le sigo queriendo”, sino de localizar el aprendizaje que ha unido amor e inestabilidad: “¿Qué parte de mí aprendió que el amor se siente así, como una montaña rusa donde nunca hay un final?”.

La psicóloga enmarca esa idea en lo que dice observar de forma habitual en consulta. Habla de “gente completamente rota, avergonzada, con muchísima culpa” que intenta “resignificar a su pareja” y termina encontrándose “siempre con las mismas cenizas”.

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