La artritis reumatoide puede llevar a la depresión, pero la depresión también provoca artritis: un estudio propone un nuevo abordaje de la enfermedad

El dolor y el bajo ánimo afectan la actividad física y el descanso, lo que a su vez retroalimenta el deterioro físico y emocional

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Artritis. (Shutterstock)
Artritis. (Shutterstock)

Una nueva investigación redefine la comprensión y el abordaje de la artritis reumatoide difícil de tratar. Los hallazgos de la Universidad Semmelweis proponen un modelo que sugiere que factores como la depresión o los trastornos del sueño, la obesidad y el tabaquismo pueden ser tan determinantes como la inflamación en la persistencia de los síntomas de esta enfermedad.

Hasta un 28% de los pacientes con artritis reumatoide no logra una mejoría duradera pese al tratamiento. Este grupo presenta una notable resistencia a la remisión, lo que ha llevado a los científicos a investigar causas más allá de los parámetros convencionales de la enfermedad. Ahora, este estudio sostiene que, además de la inflamación, trastornos como la obesidad, el tabaquismo, la depresión y los problemas de sueño pueden perpetuar los síntomas. La interacción de estos factores genera un círculo vicioso en el que el dolor y el bajo ánimo afectan la actividad física y el descanso, lo que a su vez retroalimenta el deterioro físico y emocional.

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En los últimos años, los especialistas han comenzado a utilizar el modelo de “tratamiento por objetivos”, que implica un monitoreo regular de la evolución del paciente. Si los marcadores inflamatorios no descienden, se ajusta la medicación. Sin embargo, este método también puede funcionar como alarma temprana cuando los síntomas persisten pese a la mejoría de los valores analíticos.

Ante la pregunta sobre la relación entre depresión y artritis reumatoide, los investigadores concluyen que no solo la depresión puede ser consecuencia de la enfermedad, sino que también puede ser un factor causal. En otras palabras, la depresión puede preceder a la aparición de la artritis y contribuir a su curso crónico, complicando el abordaje terapéutico. “Cuando los valores objetivo mejoran, pero el paciente sigue sufriendo dolor y fatiga, conviene reconsiderar el tratamiento. En estos casos, en lugar de prescribir automáticamente más medicamentos, los médicos deberían buscar la causa subyacente de los síntomas, ya sea el síndrome de dolor crónico, la depresión, los trastornos del sueño o la obesidad”, señala en el estudio el doctor György Nagy, jefe del Departamento de Reumatología e Inmunología de la Universidad Semmelweis.

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Inteligencia artificial para terapias personalizadas

Los investigadores, que han publicado su estudio en las revistas Nature Reviews Rheumatology y The Lancet Rheumatology, observaron que este enfoque mejora los resultados en pacientes con casos complejos y puede fortalecer la relación entre médico y paciente. El seguimiento detallado permite identificar rápidamente cuándo los síntomas no responden a la inflamación, evitando tratamientos farmacológicos innecesarios.

El equipo ya proyecta el siguiente paso: el uso de inteligencia artificial para perfeccionar las estrategias terapéuticas. “Gracias al reconocimiento de patrones basado en IA, pudimos identificar subgrupos entre los pacientes y, con la ayuda de estos datos, pudimos crear estrategias de tratamiento más eficaces, casi personalizadas, para ellos”, subraya la doctora Lilla Gunkl-Tóth, primera autora de las publicaciones.

Con la integración de análisis de datos avanzados, los futuros tratamientos podrán adaptarse a perfiles específicos, maximizando la eficacia y reduciendo los riesgos de sobretratamiento. Esta vía de investigación, según el equipo, representa una de las apuestas más prometedoras para quienes conviven con artritis reumatoide y otras enfermedades autoinmunes de curso complejo.

*Con información de Europa Press

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