
Imagina por un momento que, en una de las mejores etapas de tu vida, donde experimentas la satisfacción de los comienzos prometedores, recibes una noticia inesperada que te lleva a replantearte toda tu realidad. Lo que se presenta como un momento de alegría, de repente, adquiere el matiz agridulce de la contradicción. Esta es la historia de Muireann McColgan, una mujer de 39 años que acababa de experimentar un momento conmovedor: el nacimiento de su primer hijo. Todo parecía estar en orden cuando, a las dos semanas de dar a luz, llegó la noticia que cambiaría su mundo para siempre: era portadora de un cáncer de mama en fase terminal. En cuestión de días, toda su felicidad se vio amenazada por el diagnóstico médico, obligándola a replantearse ya no su futuro, sino el de la hija a la que a penas había comenzado a conocer.
El testimonio de Maureen
Fue la propia Muireann que compartió su testimonio por redes. La joven madre ya llevaba experimentando algunos síntomas durante meses, no obstante, consideró que eran fruto del embarazo, quizás, una mastitis. No obstante, una mamografía posterior al nacimiento de su hija, demostró que se trataba un cáncer de mama. La triste noticia impactó a la mujer, y a su marido Tomasz, dejándolos devastados.

En octubre de 2023, Muireann recibió un primer diagnóstico que, aunque doloroso, le dejó un margen de esperanza: cáncer de mama en estadio 2, con un pronóstico alentador y un 95 % de probabilidades de superarlo. Durante unos días se aferró a esa certeza, convencida de que, con tratamiento y fortaleza, podría salir adelante y ver crecer a su hija. Pero poco después, algo empezó a cambiar. Un dolor persistente en la espalda comenzó a preocuparla. Al principio lo atribuyó al esfuerzo y al agotamiento de la maternidad reciente, hasta que una prueba reveló la causa: el cáncer ya había alcanzado sus huesos. En consecuencia, el pronóstico dio un giro brutal: su enfermedad pasaba del estadio 2 al 4, la fase terminal, sin posibilidad de cura.
El nuevo diagnóstico lo recibió por una llamada telefónica. La noticia de la metástasis, unida a la falta de sensibilidad de los profesionales médicos a la hora de comunicar su estado de salud, hizo que la joven madre se derrumbara por completo. “Me lo dijeron por teléfono. No sabía qué hacer: tenía las piernas destrozadas. Todo estaba destrozado. Tenía un bebé pequeñito y me acababan de decir que tenía una enfermedad incurable. Fue surrealista”, declaró al medio The Sun.
El conflicto interno de la contradicción
Muireann se encontraba ante un estado absoluto de contradicción: la felicidad de haber dado vida, y el terrible conocimiento de que tarde o temprano ella ya no estaría allí para disfrutar de ella. La enfermedad terminal traería consecuencias mas allá de su estado de salud: nadie les daría una hipoteca o un préstamo, estaría todo el rato cansada, dejaría progresivamente a su marido solo en la crianza de su bebé. La joven madre confesó en redes sociales lo aterrador que fue comprender los efectos de su enfermedad, lanzando un mensaje de sensibilización social. Por otro lado, comenzó a recaudar fondos para la investigación contra el cáncer. En agosto de 2024, recorrió 230 km en bicicleta desde Dublín hasta Galway para la Fundación Irlandesa contra el Cáncer de Mama.
En Francia, el cáncer de mama representa el tumor más frecuente entre las mujeres y, al mismo tiempo, la principal causa de mortalidad femenina por esta enfermedad, de acuerdo con el Instituto Nacional del Cáncer. Aunque las cifras muestran que la mortalidad desciende progresivamente cuando el diagnóstico se realiza de manera temprana —con un 88 % de supervivencia en las pacientes diagnosticadas entre 2010 y 2015—, no todos los casos siguen este curso. La experiencia de Muireann McColgan ilustra una realidad más amplia: cuando el cáncer de mama aparece durante el embarazo, suele descubrirse en fases avanzadas.
Esto ocurre porque los cambios fisiológicos propios de la gestación modifican el tejido mamario y dificultan la detección precoz. Frente a este panorama, la Fundación de Cáncer de Mama de Quebec insiste en la necesidad de una vigilancia constante. Además de los controles médicos habituales, recomiendan a las mujeres embarazadas realizar autoexploraciones, mamografías y biopsias en caso de sospecha. "Se sabe que estas pruebas son seguras tanto para la madre como para el bebé", subraya la Fundación.
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