
Marcado componente de la cultura española, la siesta ha sido alabada y criticada por muchos. Algunos son tildados de vagos por echarse a descansar unas horas durante la tarde y señalan lo detrimental que puede ser para el sueño nocturno. Otros, en cambio, han preferido destacar las capacidades reparadoras de la siesta y han intentado calcular el tiempo perfecto para sacarle el máximo partido.
Sin embargo, algunos científicos han descubierto que, en realidad, la siesta es beneficiosa o no según la genética. Así lo aseguró la catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia, Marta Garaulet Aza, durante el XX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO). “Distintos estudios realizados en gemelas y mellizas han determinado la heredabilidad de la siesta; además, estudios de genoma masivo están permitiendo identificar cuáles son los genes que se asocian con la propensión a dormir o no siesta”, aseguró.
En concreto, fue un estudio del grupo de investigación en Nutrición del IMIB (Instituto Murciano de Investigación Biométrica), liderado por la propia Garaulet, el que dio con esta clave en el año 2021. Realizada en colaboración con el Massachusetts General Hospital (MGH), la investigación, publicada en la revista NatureCommunications, reveló docenas de regiones genéticas que determinan la tendencia de las personas a dormir la siesta.
Los genes del sueño
El estudio contó con la información genética de 452.633 personas, a quienes se preguntó si dormían la siesta durante el día ‘nunca/ocasionalmente’, “a veces” o “habitualmente”. A partir de estos sujetos, el centro de genómica del MGH identificó 123 regiones en el genoma humano asociadas a dormir siesta. Entre ellas, se encuentra el gen KSR2, un gen que juega un papel en el comportamiento del sueño y que los investigadores del Massachusetts General Hospital y sus colaboradores habían descubierto previamente.
Las personas que tengan estos genes tendrán una mayor predisposición a dormir la siesta, ya sea por necesitar más tiempo de descanso (propensión al sueño), no conseguir un verdadero descanso durante la noche (sueño ligero) o tener una tendencia a despertarse muy temprano (grandes madrugadores).
Riesgo de engordar si la siesta no está en tus genes
Para estas personas, la siesta sí será beneficiosa. “Sin embargo, para aquellos que no tienen una propensión genética, si la duermen tendrán mucho más riesgo de engordar”, advirtió Garaulet. La razón detrás de este fenómeno radica en el tejido adiposo. La siesta prolongada afecta la expresión de genes en este tejido, lo que lleva a un aplanamiento metabólico que puede incrementar el riesgo de obesidad abdominal. La experta explicó que “una siesta muy prolongada produce un aplanamiento del 83% en la expresión de genes metabólicos”, lo cual puede alterar el funcionamiento del metabolismo y llevar a condiciones como la obesidad abdominal.
Por eso, el tiempo que se pasa durmiendo la siesta también es clave. “Una siesta corta, de menos de 30 minutos, es beneficiosa, mientras que una siesta larga se asocia con la obesidad”, aseguró la investigadora.
Esta relación se da más en países sin tradición de echarse la siesta. En países como Inglaterra, donde la siesta no es una práctica común, se observó una relación entre siesta y obesidad. Sin embargo, en España, donde la siesta es un hábito arraigado, no se encontró tal asociación.
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