
El aire frío y seco del invierno es ideal para la propagación de los virus. Además, el pasar más tiempo en interiores y con las ventanas cerradas supone que haya muchas más oportunidades de contacto. Es habitual, entonces, buscar formas de reforzar el sistema inmunológico, y cuanto más natural sea, mejor.
La mayoría de cítricos tienen un alto contenido de vitamina C. Aunque la creencia popular de que la vitamina C ayuda a prevenir los resfriados no es cierta, si que tiene efectos sanadores: reduce los síntomas y acorta el período de enfermedad. Ya lo dice el refrán: “Zumo de limón, zumo de bendición”, pero no tienen que ser limones, que son un gusto adquirido, ya que hay cítricos para todos los gustos, de paladares ácidos a más dulces.
Todas esas frutas cítricas de color naranja son fáciles de confundir, pero existen diferencias entre ellas que pueden ser decisivas a la hora de su disfrute: estas son las claves para distinguir las mandarinas de las clementinas. Lo primero que se debe tener en cuenta es que todos los cítricos conocidos son, supuestamente, descendientes de la mandarina, el pomelo y el cidro. La naranja, por ejemplo, es un descendiente que resultó de la hibridación entre la mandarina y de la pampelmusa.

Mandarinas
Según los estudios, el cultivo de la mandarina comenzó en el sureste asiático alrededor del año 2000 a.C. De hecho, se cree que su nombre proviene de los trajes que utilizaban los mandarines (la élite social y gobernante de China imperial). Su cultivo se introdujo en Europa en el siglo XIX.
Contienen semillas, a diferencia de las clementinas y de las naranjas, y son ligeramente más ácidas que sus descendientes híbridos. Además, sus semillas pueden consumirse, sea masticándolas directamente o preparando una infusión, y tienen varios beneficios para la salud debido a su composición: contienen Naranjanina, que es un flavonoide con propiedades antiinflamatorias, antibacterianas y antivirales; Hesperidina, un flavonoide con propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y cardioprotectoras; y Limoneno, un compuesto orgánico con propiedades antiinflamatorias, anticancerígenas y antioxidantes. Por tanto, su consumo ayuda a reducir la inflamación en el cuerpo, a proteger contra el cáncer, fortalecer el sistema inmune y mejorar la salud cardiovascular.
Clementinas
Supuestamente, la clementina fue detectada por primera vez en el siglo XIX en Argelia y nombrada por el misionero francés Clement Rodier. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la descubrió en los jardines de un orfanato en el municipio de Misserghin, cerca de Orán (Argelia), alrededor de 1890.
Este fruto cítrico es resultado de la hibridación entre mandarinas y naranjas (de polinizar un mandarino con el polen de un naranjo). Son más dulces que las mandarinas, y más fáciles de pelar por su piel más fina y suelta. No tienen semillas y, además, son la variedad de mandarina más pequeña. Son una muy buena fuente de antioxidantes y fibra, que reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Además, aunque de por sí no son una fuente de hierro, la vitamina C y el ácido cítrico ayudan a incrementar la absorción de hierro en el tracto digestivo, por lo que, de ser consumidas regularmente junto a alimentos ricos en hierro, pueden ayudar a prevenir o mejorar la anemia.
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