
La tortilla de patatas es uno de los platos estrella de la gastronomía española. Sin embargo, es también una de las elaboraciones más polémicas. Y es que los debates en torno a si debe llevar o no cebolla, así como en torno a su punto de cocción perfecto, son las eternas discusiones de muchas casas.
En la cocina no hay nada escrito. No obstarte, cuando se trata de grandes comidas, la mejor opción siempre es optar por un equilibrio capaz de contentar a todos los comensales. Así, en el caso de la tortilla de patatas, lo mejor es lograr una textura que no resulte ni excesivamente líquida, ni completamente cuajada. Con ello, se consigue una tortilla jugosa sin llegar a estar cruda, que conquistará tanto a los amantes de la tortilla poco hecha, como a los de la muy cuajada.

Cómo conseguir que la tortilla de patatas quede cuajada sin estar cruda
Para conseguir que una tortilla de patatas quede perfectamente cuajada, sin que el interior esté crudo ni demasiado seco, se deben cuidar ciertos detalles en su preparación. Tanto es así, que para garantizar un buen que resultado hay que trabajar para ello desde el inicio, hasta el final de la receta. De esta forma, el primer paso es asegurarse de contar con una sartén antiadherente y de buen tamaño. Este utensilio no solo evita que la mezcla se pegue, sino que permite una cocción homogénea, facilitando que la tortilla no se rompa en el momento del volteo.
Después, para una textura ideal, las patatas deben cocerse a fuego bajo en aceite abundante, de modo que queden blandas y bien cocidas en lugar de doradas o crujientes. Este tipo de cocción previa asegura que la tortilla final no tenga trozos duros. Más adelante, a la hora de batir los huevos, es recomendable que estén bien mezclados para que el resultado sea uniforme. Al añadir las patatas, estas deben estar aún calientes, lo que facilita que el huevo comience a cuajarse levemente antes de verter toda la mezcla en la sartén. La proporción tradicional es de aproximadamente un huevo por cada patata mediana, aunque se pueden añadir uno o dos más si se busca una textura más jugosa. La mezcla debe quedar húmeda pero no líquida.
Entre tanto, en el momento de cuajar la tortilla, la clave está en el fuego medio-bajo. Con la mezcla en la sartén, se deja que la base se cuaje unos minutos sin prisa, moviendo ligeramente la sartén para asegurar que no se pegue y que se cocine de manera uniforme. El tiempo de cocción estimado para este paso no debería superar los cinco minutos. Cuando los bordes están firmes y el centro todavía tiene algo de humedad, habrá que dar la vuelta a la tortilla.
Por último, se cocina el segundo lado durante un par de minutos. Un truco útil para asegurarse de que la tortilla no esté cruda es presionar ligeramente el centro; si cede demasiado, se recomienda dejarla unos segundos más al fuego, hasta alcanzar la textura deseada.
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