
Los lunares, una forma común de lesiones cutáneas benignas, suelen desarrollarse a lo largo de la vida, aunque en algunos casos pueden estar presentes desde el nacimiento. Se trata del tipo de tumor más común en la piel y puede aparecer a cualquier edad y en cualquier parte del cuerpo.
Los lunares se originan a partir de las células encargadas de producir melanina, el pigmento que da color a la piel y aumenta con la exposición al sol. Así, esta es una de las razones por las que es tan importante utilizar crema de sol. Y es que los lunes, aunque no tienen por qué ser malignos, sí pueden ser un síntoma de cáncer de piel.
La incidencia de la enfermedad ha aumentado un 40% en los últimos años en España y, según datos de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), se estima que pronto se convertirá en una de las enfermedades más frecuentes entre la población general. Por ello, y para evitar mayores riesgos, conviene acudir a un dermatólogo de forma frecuente para que pueda evaluar los cambios en las manchas y autoexplorarse para comprobar si se han producido alteraciones en la piel.

Cuál debe ser el aspecto normal de un lunar
Los lunares suelen ser manchas pequeñas de color marrón, aunque pueden variar en color, forma y tamaño. Pueden ser marrones, negros, rojos, azules o rosados, y tener una textura suave, rugosa o elevada. Según recoger el portal especializado en medicina Mayo Clinic, la mayoría son ovalados o redondos, y miden menos de 6 milímetros de diámetro. Algunos, como los nevos congénitos, pueden ser más grandes y cubrir zonas del cuerpo. Los lunares pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo y tienden a cambiar con el tiempo, especialmente durante la adolescencia o el embarazo.
Por otro lado, las dermatosis papulosa negra son pequeñas protuberancias no cancerosas que aparecen en mujeres de piel negra, sin riesgo de melanoma, pero tratables por motivos estéticos.
Señales de peligro en un lunar
Un lunar puede ser un indicio de cáncer de piel si presenta bordes irregulares, una forma asimétrica o si cambia de color, tamaño, forma o relieve. . Para identificar posibles señales de alarma, se utiliza la regla del ABCDE.
La “A” corresponde a la asimetría, donde una mitad del lunar es diferente a la otra. La “B” se refiere al borde, sugiriendo atención a lunares con contornos irregulares, dentados o con ondulaciones. La “C” señala los cambios de color, como aquellos que presentan varios tonos o colores desiguales. La “D” indica el diámetro, destacando lunares de más de 6 milímetros que han crecido. Finalmente, la “E” representa la evolución, que abarca cualquier cambio en tamaño, forma, color o relieve, además de la aparición de síntomas como picazón o sangrado.
Los lunares malignos presentan una o varias de estas características. No obstante, un único factor no tiene por qué de determinante de ningún diagnóstico. Por ello, si se detecta cualquier cambio en una mancha o luna lo mejor siempre es consultar a un profesional.
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