
El desperdicio alimentario se ha convertido en una preocupación alrededor de todo el globo. Una situación que se da en distintas etapas a lo largo de toda la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta el consumo. Por lo que es vital actuar en todos los procesos. A nivel mundial, se pierden cerca de un tercio de los alimentos que se producen. Las tasas más altas de desperdicio, tal y como apunta la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, se sitúan en el 40-50% para tubérculos, frutas y hortalizas; 35% para pescado; 30% para cereales, y 20% para semillas oleaginosas, carne y productos lácteos.
Nosotros, como consumidores, también podemos aportar para frenar ese desecho continuo de los alimentos. Por ejemplo, haciendo una compra consciente, revisando las fechas de caducidad con asiduidad y así comernos los productos que están a punto de perecer primero, organizando la nevera y conservando bien los artículos.
Más de 2.000 tipos de queso
Brie, Camembert, Cheddar, Edam, Emmenthal, Gouda, Gruyere, Mozzarella, Parmesano, Roquefort, en el mundo existen más de 2.000 variedades de queso. Cada uno con un sabor y una textura única, ya que, están elaborados con un tipo de leche en concreto, siguiendo una receta o proceso específico. Que haya tantos tipos significa que su forma de conservarlos de no es universal, puede que esté ahí el fallo que estamos cometiendo y que provoque que se estropeen antes de tiempo.
La importancia de la temperatura
El queso es un alimento vivo y debe conservarse en un sitio fresco, en la nevera, de la que lo sacaremos unos minutos antes de su consumo para que esté a temperatura ambiente. La temperatura exacta de conservación varía según el tipo, tal y como apunta en su portal web García Baquero. Los de pasta blanda, como el de Burgos y queso fresco, se preservan mejor a temperaturas bajas (entre 4 y 8 grados), por eso es mejor guardarlos en la parte alta del frigorífico. En cambio, los quesos duros y con mayor curación deben conservarse a una temperatura más alta (entre 8 y 12 grados), el lugar óptimo para depositarlos es en la parte inferior o en los cajones de la nevera.
El sencillo truco para conservar queso

Los trucos para que duren más en la nevera también son diferentes dependiendo de su variedad.
Queso fresco o tipo Burgos
El queso fresco contiene mucha agua y una vez abierto, va perdiendo líquido poco a poco. La clave para que aguante más es colocar un trozo de papel de cocina en un recipiente hermético. Después hay que depositar la pieza de queso encima, cerrar el envase y meterlo en la nevera. El papel será el encargado de absorber el exceso de líquido que el producto desprende y permitirá conservarlo mejor y más tiempo. Eso sí, es preciso que este papel se vaya sustituyendo a diario.
Queso tierno
El mejor truco para que no se ponga malo es envolverlo en papel microperforado o papel de horno antes de meterlo en el frigorífico. Hay que tratar de rodear el trozo sin pegar mucho el papel ni dejarlo demasiado suelto, para permitir que respire, pero sin que se seque.
Queso semicurado y curado
Este método tradicional consiste en coger un trapo limpio de algodón, humedecerlo y después, envolver el queso con él. De esta forma, será el trapo el que absorberá la humedad del queso y alargará su vida.
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