
Si algo ha quedado claro en los últimos años es la importancia del uso del protector solar para mantenerse a salvo de los rayos ultravioleta del sol y, así, prevenir la aparición del cáncer de piel. La incidencia de este tipo de cáncer ha aumentado en las últimas décadas, tanto los melanomas como lo no melanomas. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, cada año se registran entre 2 y 3 millones de casos.
La incidencia global de estos tipos de cáncer continúa aumentando, y uno de los principales factores que predisponen al desarrollo del mismo parece estar relacionado con la exposición recreativa al sol y el historial de quemaduras solares de cada persona. Es por ello que los expertos recomiendan encarecidamente la protección de la piel.
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El Factor de Protección Solar SPF
El tiempo que una persona aguanta expuesta al sol sin quemarse varía en función de cada piel. El Factor de Protección Solar (FPS o SPF), que aparece en los botes de las cremas, multiplica el tiempo al que la piel puede estar expuesta al sol. Por lo que la frecuencia con la que las personas deben aplicarse protector solar es diferente dependiendo de cada caso.
Según la clasificación ideada en 1975 por Thomas B. Fitzpatrick, dermatólogo de la Universidad de Harvard, existen seis clases diferentes de piel en base a su tonalidad, facilidad para quemarse y capacidad para broncearse. Es lo que se conoce como el fototipo.
¿Cuál es el fototipo de mi piel?
Las pieles más claras son de fototipo tipo I y pueden resistir al sol sin quemarse unos 10 minutos. Así pues, una crema con un factor de protección solar 30, multiplicará por 30 el tiempo que una persona con ese tipo de piel puede estar expuesta al sol. Sin embargo, esta es la teoría, ya que existen diversos factores que disminuyen la eficacia de la protección de las cremas, como la sudoración, el contacto con el agua y con la arena de la playa, o el efecto de la fricción con la ropa. Por ello, según indican los especialistas, es necesario aplicar crema sobre la piel en intervalos más cortos de tiempo: al menos cada dos horas.
La Organización de Consumidores y Usuarios cuenta en su página web con un test de siete preguntas sobre el color de la piel, la cantidad de pecas y el color de los ojos, entre otras, con las que establece el fototipo de piel de cada persona y el factor de protección solar que se necesita en cada caso para no quemarse.
Por ejemplo, una persona con “piel clara, con pecas, cabello castaño, sensible al sol, que veces se broncea y se quema” pertenece al fototipo III, tiene riesgo de padecer cáncer de piel bajo, y debe usar medidas de protección con un factor de protección solar en crema muy alto (FPS de 50+) en condiciones de máxima insolación (alta mar, alta montaña, nieve, países tropicales) y crema con alta protección (FPS de 30 o 50) en el resto de situaciones.
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