
La historia de Nicolas Cage es un compendio de excesos y búsquedas espirituales que, como en las tragedias griegas, culminó en una caída estrepitosa. Alguna vez dueño de una fortuna que rondaba los 150 millones de dólares, el sobrino de Francis Ford Coppola se lanzó a una espiral de compras extravagantes que hoy suenan a leyenda: un cráneo de dinosaurio, cobras albinas, mansiones embrujadas y hasta un pulpo que, según sus palabras, “no te llevará a la bancarrota”. Sin embargo, fue su obsesión por los bienes raíces y la búsqueda mística del Santo Grial lo que finalmente lo sumergió en un abismo financiero.
El Hollywood que vio brillar a Cage en los años noventa con películas como Leaving Las Vegas o Con Air, también presenció con asombro cómo este actor, amante de lo excéntrico, compraba propiedades con la misma pasión con la que otros coleccionan libros. Quince residencias distribuidas por el mundo fueron suyas, incluyendo un castillo en Alemania y otro en Inglaterra, un pueblo en Rhode Island y una isla desierta en las Bahamas.
Pero no todo era material, también había un trasfondo espiritual: “Empecé a seguir la mitología y encontraba propiedades que se alineaban con ella”, reveló en una entrevista, explicando que su vida se transformó en una búsqueda del Grial que lo llevó a recorrer paisajes tanto de Inglaterra como de los Estados Unidos.

El castillo Neidstein en Oberpfalz, Alemania, lo adquirió en 2006 por 2.5 millones de dólares y lo vendió tres años después por la misma suma, una de las pocas veces en las que sus inversiones inmobiliarias no le significaron pérdidas. Más desafortunada fue la compra de Midford Castle en Inglaterra y su mansión en Newport, Rhode Island, por las que pagó un total de más de 25 millones de dólares. Estas propiedades, que se alineaban con su búsqueda mitológica, se convirtieron en cargas insostenibles cuando los problemas financieros tocaron a su puerta.
Aún en medio de esta crisis, Cage mantenía una actitud que oscilaba entre la resignación y la filosofía: “¿Qué es el Grial sino la Tierra misma?”, reflexionaba al final de su travesía. Sin embargo, esta búsqueda espiritual, comparada por el mismo actor con el proceso de construir una biblioteca personal, se pagó con un alto precio. En sus días más oscuros, cuando el gobierno de Estados Unidos le reclamaba millones en impuestos atrasados, el actor tuvo que vender buena parte de sus posesiones para evitar la bancarrota total.
Entre los objetos más emblemáticos de su colección destaca el cráneo fosilizado de un Tarbosaurus de 67 millones de años, por el que desembolsó 267,000 dólares. Pero este cráneo no permanecería mucho tiempo en su poder, ya que tuvo que devolverlo al gobierno de Mongolia después de descubrirse que había sido adquirido ilegalmente. “Nunca me devolvieron el dinero”, confesó Cage en una mezcla de frustración y aceptación.

“Lo compré en una subasta legítima y descubrí que había sido secuestrado ilegalmente en Mongolia, y luego tuve que devolverlo. Por supuesto, debe otorgarse a su país de origen. Pero, ¿quién lo sabía? Además, nunca recuperé mi dinero. Así que eso apestaba”, dijo el actor al New York Times.
No todas sus adquisiciones fueron tan accidentadas. Cage es también un apasionado de los cómics, llegando a poseer la primera edición de Action Comics No. 1, la histórica aparición de Superman en 1938. Este cómic, robado y posteriormente recuperado por la policía, es una de las joyas de una colección que en su momento fue valorada en más de 1.5 millones de dólares. Su amor por los superhéroes se refleja también en su vida personal: su hijo lleva el nombre de Kal-El, el último hijo de Krypton.
Pero si algo caracteriza a Cage es su naturaleza excéntrica y su inclinación por lo oculto. Su mansión en Nueva Orleans, por ejemplo, no es solo una propiedad más en su extensa lista; se trata de la Casa de Madame LaLaurie, conocida por ser el escenario de torturas y asesinatos en el siglo XIX, y que inspiró el personaje de Kathy Bates en la serie American Horror Story: The Coven.

El actor no ha brindado información ni tampoco ha mostrado las cabezas encogidas pero si ha mostrado su interés por este tipo de artículos. “Empecé a seguir la mitología y fui encontrando propiedades que se alineaban con eso. Era casi como un Tesoro Nacional”, dijo al NY Times.
A estas cosas se sumaron sus adquisiciones de una tumba funeraria de nueve pies de altura en Nueva Orleans, un pulpo mascota de 150.000 dólares que, según él, ayudó a su actuación para algunos papeles.
Mientras Cage navegaba por este mar de posesiones y deudas, su vida profesional seguía un curso paralelo. Convertido en un meme andante, su prolífica carrera en el cine continuaba, alimentada en parte por la necesidad de mantener a raya a la Hacienda estadounidense. “Tienes buenas inversiones y malas inversiones”, reflexiona, quizás recordando no solo sus adquisiciones materiales, sino también las decisiones que marcaron su vida.
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