Dalmacio Mera y el proyecto para regular las redes sociales: “Nuestros hijos entran al mundo por el celular”

En diálogo con TICMAS, el Defensor del Pueblo de Catamarca explicó el pedido para que Meta aplique en la Argentina medidas de protección para menores similares a las anunciadas en Estados Unidos y planteó que la regulación debe avanzar junto con la educación digital.

Dalmacio Mera
Dalmacio Mera
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Hace poco menos de un mes, el 26 de agosto, el fiscal general de California anunció un acuerdo con la compañía Meta —dueña de Facebook e Instagram— que obligaría a modificar algunas de las condiciones con las que niñas, niños y adolescentes utilizan las redes sociales. La iniciativa surgió en el marco de una acción colectiva contra la compañía de la que participa una coalición bipartidista de 51 fiscales generales de Estados Unidos.

Las modificaciones no apuntan solamente a los contenidos que circulan por las plataformas, sino también a su funcionamiento. El acuerdo contempla límites predeterminados de tiempo de uso, bloqueos nocturnos, restricciones a las notificaciones en horario escolar, herramientas reforzadas de supervisión parental y mecanismos para verificar la edad de los usuarios. También prevé la posibilidad de acceder a contenidos no personalizados, sin algoritmos destinados a prolongar indefinidamente el tiempo frente a la pantalla, y auditorías independientes que permitan controlar el cumplimiento de las medidas.

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Hace unos días, la discusión llegó a la Argentina. El 9 de septiembre, la Defensoría del Pueblo de Catamarca presentó una recomendación ante la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF) para que exija a Meta la aplicación de aquellas medidas en el país. El documento plantea que esas condiciones sean consideradas estándares mínimos de protección y propone, además, extender el criterio a otras plataformas digitales de alcance global.

Ya no se trata solamente de discutir qué contenidos deben retirarse o cuáles deberían estar prohibidos, sino de poner la atención sobre el modo en que las plataformas están diseñadas: sus sistemas de recomendación, los mecanismos destinados a captar y retener la atención y el tratamiento de los datos de los usuarios. La propia recomendación habla de medidas de prevención y de “seguridad por diseño”.

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El documento presentado por la Defensoría recupera los resultados de las pruebas educativas PISA 2022 —se presentó días antes de que surgieran los resultados de las PISA 2025, pero justamente estas últimas sostienen aportan una visión más profunda del problema—, que muestran un puente directo entre la distracción provocada por dispositivos digitales durante las clases y un menor desempeño académico. Al mismo tiempo, aclara que esos datos no permiten atribuir exclusivamente a la tecnología la evolución de los aprendizajes y plantea el problema en términos más amplios: atención, concentración, comprensión y aprovechamiento del tiempo escolar.

Manos sosteniendo un teléfono inteligente encendido con iconos de aplicaciones en un entorno oscuro.
La iniciativa busca regular horarios de acceso, el fin del scroll infinito y que no haya notificaciones durante las horas de clase (Imagen Ilustrativa Infobae)

Al frente de la iniciativa está Dalmacio Mera, Defensor del Pueblo de Catamarca y exministro de Educación de la provincia. Desde la Defensoría viene trabajando, junto a pares de otras jurisdicciones, organizaciones de la sociedad civil y legisladores nacionales, en una propuesta más amplia sobre el impacto de las redes sociales y los entornos digitales en grupos vulnerables, con especial atención en niñas, niños y adolescentes.

Para Mera, la discusión no se resuelve prohibiendo los teléfonos ni suponiendo que los chicos deben quedar al margen de una vida que ya es digital. La cuestión es quién establece las condiciones de ese ingreso, qué herramientas tienen las familias y las escuelas para acompañarlo y hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas que diseñan las plataformas.

TICMAS habló con Dalmacio Mera sobre este proyecto:

¿Su gestión en la Defensoría arrancó ya pensando en que la vida digital tiene que tener una regulación?

—Sí, porque conviven dos mundos que a veces están contrapuestos. Está el nativo digital, que tienen las condiciones pero están inmaduros para un montón de cosas. Se habilitan delitos vinculados a la cuestión digital y muchos de esos terminan con asesinatos. Muchas malas experiencias digitales terminan con suicidios. Es una herramienta muy potente que, por la inmadurez propia de cualquier chico, de cualquier condición social, de cualquier lugar del mundo, no siempre pueden manejar. Por otro lado, los mayores no tenemos la intuición ni la facilidad para movernos en la era digital. Entonces caemos por esa falta de conocimiento. Somos padres que no tenemos herramientas para enseñarles a nuestros hijos, y nuestros hijos conocen mejor las herramientas, pero no conocen mejor la realidad, el entorno, ni que detrás de mucha cuestión digital hay personas de carne y hueso, y muchas no tienen las mejores intenciones.

¿Cuánto puede llevar hasta que Meta cambie su diseño?

—Espero que lo hagan a la brevedad. Espero que el mes que viene sea un tema saneado. Si tienen la facultad y las herramientas para hacerlo en un país, lo pueden hacer en cualquier lugar del mundo. La auditoría que plantean en Estados Unidos, y que nosotros hemos planteado proponiendo observatorios en distintos lugares, es relevante porque las cuestiones prohibitivas hay que manejarlas con mucha delicadeza. No hay nada peor que prohibir lo que no se puede prohibir. Y no hay nada peor que prohibir por miedo. Nuestros hijos viven en un mundo digital: hay que darles herramientas para que sepan manejarse. A mí me tocó ser ministro de Educación por un breve tiempo en Catamarca. Prohibí el uso de celulares en la primaria y en la secundaria, salvo a pedido del docente. Pero también planteamos la necesidad y dejamos armado el sistema de educación financiera y de reforzar la parte tecnológica, porque yo no necesito manejar un celular para conocer qué opera, qué está bien y qué está mal en un celular. Necesito un profe que me lo enseñe. Todo el marco teórico de cómo funciona, qué se puede, qué no se puede, qué está bien, qué está mal.

El chico puede no usar el teléfono en el aula, pero lo va a usar en la casa.

—Lo va a usar en la casa. Y lo va a usar cuando lo tenga, porque lo va a tener. Es el mundo en el que les toca desenvolverse. Yo siempre pongo el ejemplo de un auto. Nadie les da a sus hijos el auto y le dice: “Andá por la ciudad, aprendé a manejar, volvé en dos horas y me contás cómo te fue”. Ahora nuestros hijos entran al mundo por el celular y nosotros no tenemos las herramientas para educarlos y decirles dónde están los riesgos. Y entonces, por ejemplo, terminan endeudándose. No tienen educación financiera y tienen la facilidad del diseño: “Hacé clic y te prestamos un millón de pesos”. Algunas de esas plataformas prestan al 200%. Ni hablar de los juegos en línea, donde detrás de un avatar puede estar un pedófilo. Son riesgos que nosotros no conocemos porque no los vivimos.

Persona de espaldas en habitación oscura usa celular. Íconos de redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter, chat y corazón se proyectan en las paredes.
Para Mera, el uso de las redes puede compararse con aprender a conducir: Nadie les da a sus hijos el auto y le dice: “Andá por la ciudad, aprendé a manejar, volvé en dos horas y me contás cómo te fue”. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además de exigirles cambios a las empresas, ¿se plantea algún trabajo con los ministerios de Educación para enseñar ciudadanía digital?

—Hay muchos proyectos y muchas fundaciones y asociaciones que trabajan en la materia. Doy por descontado que todos los ministerios de Educación de la Argentina trabajan en eso, pero ahí entramos en el problema de la brecha: ¿cuántos profesores están capacitados para enseñar algo que es de uso cotidiano y sobre lo que están aprendiendo más de los hijos que de lo que aprendieron en una escuela de formación docente? No era una materia omnipresente en la vida de cualquier ciudadano. Saben los profes de tecnología, pero los de otras disciplinas saben lo que va aprendiendo y probablemente lo que le cuentan los hijos. Si yo te digo que, cuando se me desconfigura el teléfono, se lo paso a mi hija de 12 años para que me lo reconfigure, vos me vas a creer. Y me va a creer cualquier persona de más de 40 o 50 años que tenga hijos y a la que se le haya desconfigurado el teléfono.

Pero una cosa es que sepan usar una herramienta y otra es que sepan usarla bien.

—Totalmente. Ahora, usarla bien requiere un montón de herramientas que te las da la maduración biológica. Para seguir con el ejemplo del auto: si te subís, querés andar fuerte porque estás buscando tus límites. Por eso no se les da un auto a chicos de 13 o 14 años. Se tiene que esperar a determinada edad, con cierta maduración objetiva y con una enseñanza de educación vial. Tenés que ir a sacar tu carnet, tenés que aprobar un examen. Acá no hay nada de eso. Los chicos agarran un celular y pueden entrar a cualquier puerta mucho más fácil que nosotros porque tienen esa intuición del sistema y porque, para hacer más plata, las megaempresas armaron diseños que te generan adicción a través de la dopamina. Esto ya está documentado. Nos genera dependencia, e insisto: a grandes y chicos. Protejamos a los chicos, que son los más vulnerables. Con lo que pasó en Estados Unidos se ha demostrado que es de fácil rediseño. Que se puede apagar. Hacer un apagón nocturno para que los chicos duerman y descansen las ocho horas que tiene que dormir un niño para poder, al otro día, aprender, hacer deporte, jugar, divertirse y también usar las redes sociales, y poder hacerlo sin que eso le afecte su salud física, su salud mental, su salud emocional y termine dependiendo de un aparato detrás del cual no sabemos quién está.

¿Ya tuvo respuesta de Meta?

—Presentamos todas las notas y les pedimos a las autoridades nacionales que sienten a Meta a la mesa y que Meta se comprometa a hacer lo mismo que está haciendo con los menores de Estados Unidos. Entendemos que no se necesitaría mucho más que una reunión amistosa para entender que esto ha ocurrido probablemente sin la maldad de nadie. Hoy se puede documentar, se puede comprobar. Quizás es un efecto colateral de una plataforma que tenía el sentido de hacer cosas positivas. No tenemos que demonizar ni a Facebook, ni a Instagram, ni a Meta. La herramienta es potente para todo; depende del uso que se le dé. Si se le da mal, es para el mal. Ahora hay que ir por las otras compañías. Con TikTok no hay con quién hablar en Argentina. La solución definitiva la tiene el Congreso. Hablé con varios legisladores que están comprometidos con el tema y esperemos que lo puedan poner en agenda y tener en miras —hay proyectos que lo tienen— la cuestión del diseño y la cuestión de la gobernanza, y que no termine con un proyecto que es muy importante, como el de educación digital, por ejemplo, que es suficiente para abordar la problemática que hoy padecemos. Hoy las redes son para que los chicos salten al vacío, te atrapan, no ayudan al desarrollo y al futuro de nuestros menores. Con las herramientas para controlar, regular, pueden usarse para cosas positivas.

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