“Suele empezar con algo que los adultos no vemos”, destacó Patricio Zunini al reflexionar sobre el bullying que muchas veces queda minimizado por no entenderlo de la manera que lo viven quienes lo sufren.
El fundador de la organización “Hablemos de Bullying”, vocero de “Argentinos por la Educación” y experto en convivencia escolar y bienestar digital, Pablo Mainer, se sumó al podcast de Ticmas para explicar y ayudar a entender esta forma de violencia que deja huellas que alteran vidas y requieren del acompañamiento responsable de los adultos.
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Entender qué es el bullying
Mainer advirtió que hoy se le suele llamar bullying a diversas situaciones de conflicto que tal vez no lo son y que puede generar inconvenientes para tener intervenciones acertadas como adultos.
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“El bullying es una situación de violencia y la característica principal es que se da entre pares, chicos que comparten el espacio escolar o algún otro espacio, y tiene la característica de que se sostiene en el tiempo. Es algo repetitivo, y algo fundamental también es que se da como una diferencia de poder, donde hay uno que se percibe más poderoso que el otro, y también otra característica importante es que hay una intención de generar daño.”, explicó.
Y agregó: “A veces se confunde en un pequeño conflicto, alguna riña o quizás problemas de integración con bullying, y son diferentes las intervenciones que hay que hacer según el fenómeno.”
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La ansiedad y los signos
El especialista destacó que la repetición en la acción del bullying suele generar una ansiedad y temor que muchas veces impacta en no querer hablar e incluso “muchas veces sienten que quizás los adultos pueden empeorar las situaciones o no quieren sumar un problema más.”
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“Entonces, muchas veces cuando nos enteramos de un caso, estamos llegando tarde, porque justamente es una dinámica que está muy solapada, muy en silencio. Por eso hay que prestar mucha atención a algunos signos”, planteó.
Mainer detalló que el uso del término bullying “nace en los años 70, en Estados Unidos, y en Latinoamérica, en Argentina, tardó en instalarse. Hace más o menos entre 15, 18 años que empieza a instalarse la palabra” aunque “el 70% de lo que hay investigado y desarrollado sobre la problemática está escrito en inglés”.
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Y reflexionó: “el bullying existió siempre, lo que pasa es que fue cambiando la dinámica. Nosotros teníamos un sistema educativo más autoritario, más infundado en la amenaza, en el miedo; entonces ese bullying era quizás más solapado, sucedía en algunos espacios o fuera del horario escolar, o era un bullying más físico. Y lo que vemos ahora es que el clima de las escuelas está mucho más complejo, por el desborde de muchas problemáticas asociadas al clima escolar, y el bullying es un emergente de eso. Y vemos que se ha complejizado por las redes sociales, por un lado, y también porque vemos más situaciones de bullying social, o lo que se llama bullying psicológico, que es más complejo de detectar”.
Mientras que en el nivel inicial o en primaria se suele detectar un bullying más físico o vinculado a lo material como romper algo, “cuando los chicos van entrando a la preadolescencia, a la adolescencia, aparece un bullying más vinculado a lo social; no lo invito a un cumpleaños, habla un compañero y todos nos callamos o nos reímos, no lo integro en los juegos, no lo integro en las dinámicas grupales, y justamente en esta edad, donde uno lo que más quiere es pertenecer a su grupo de pares, es muy fuerte lo que pasa a nivel de la salud mental y a nivel de la autoestima de esos chicos.”
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¿Y el ciberbullying?
“Nosotros cuando empezamos con la ONG, en el año 2018, teníamos un taller que era de bullying y otro sobre ciberbullying. Y hoy la verdad es que no podemos hablar de dos fenómenos distintos. Primero porque el 85% más o menos de los casos, según diferentes estudios de Argentina y de Chile, tienen un anclaje en lo presencial. Es decir, no es que nace el ciberbullying directamente en las redes”, explicó Mainer.
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Y agregó: “Después hay otros fenómenos, como puede ser el hate, que es otro tipo de fenómeno. Hoy los chicos se valen de esas herramientas de las redes sociales para seguir generando agresión. Entonces hay una expansión, un traslado de lo que sucede en la escuela en las redes sociales.”
“Nos pasó en una escuela de Rosario, los chicos subían una foto a sus redes sociales y ponían un ícono que solamente ellos sabían lo que significaba y la agresión que estaban generando”, ejemplificó.
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Cuantificar la agresión
A la hora de analizar estadísticas, Mainer destaca que el bullying es “muy difícil de medir, UNESCO habla de que 3 de cada 10 chicos sufre o ha sufrido una situación de bullying.”
Y detalló que la dificultad se encuentra en que el bullying “se confunde con otras situaciones y porque además, hay mucho silencio de por medio. Pero en febrero de este año, el Centro de Estudios de Cuyo, liderado por Alejandro Castro Santander, liberó un estudio de la primera herramienta en Argentina para medir clima escolar. Y dentro del clima escolar el emergente del acoso escolar.”
“Nosotros en Argentina no teníamos una herramienta validada, en este caso está validada por CONICET y pasó todos los filtros de un trabajo de más de dos años. Es un estudio que se hizo con todos los chicos de segundo y tercer año de la provincia de Mendoza y empezamos a tener los primeros números con una herramienta validada en Argentina. Y nos da un 20% de los chicos que están sufriendo o han sufrido bullying”, planteó.
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Para Mainer se trata de crear una “mirada sistémica sobre el problema. Hoy en día, cuando hay una situación de bullying, lo que hay que entender es que el chico que es hostigador seguramente está viviendo alguna situación o vivió alguna situación, algún problema. No es normal que los chicos quieran agredir constantemente a otro, entonces hay que abordarlos desde ese lugar.”
“Las miradas punitivistas o de castigo o de cambiar de escuela hoy no son las recomendadas, porque además sacamos a ese chico y si no hacemos nada sobre el grupo esa dinámica se puede volver a repetir o las piezas se vuelven a acomodar. Hoy la mayoría de los programas anti-bullying están muy orientados a los observadores, otra parte de los actores, que también muchas veces son chicos que la pasan mal, porque son chicos que sienten que no tienen las herramientas para ayudar, o tienen miedo de ser los próximos, o también el bullying y está demostrado en este estudio que te decía de Mendoza, donde muchas veces aquel que es el hostigador está validando su liderazgo.”, señaló.
Y agregó: “no tengamos conversaciones con nuestros hijos, con nuestros alumnos, pensando que pueden ser víctimas de la situación, o quizás hostigadores, sino también pongámonos en el lugar ¿Qué hago si ese chico es observador en una situación? ¿Qué herramientas? ¿Qué habilidades sociales les puedo dar? Es súper importante y en eso trabajamos un montón y muchos de los programas están orientados a eso, a trabajar sobre los observadores. Por cada hostigador y hostigado, los estudios muestran que hay alrededor de trece observadores en cada una de las situaciones.”
Además se pone en juego el contexto de cada niño y el rol de las familias que deben “revisar los estilos de crianza y los estilos comunicacionales que muchas veces forjan ese carácter, esa personalidad o esa falta de habilidades sociales o de canalización de emociones que terminan afectando en esa sociabilización que es la escuela.”
¿Qué mirar desde la escuela?
“En las escuelas hay que trabajar todo lo que tiene que ver con la normativa. Esa normativa no tiene que ver con solamente qué está prohibido, sino qué principios y qué valores tiene esa institución y a través de eso poder trabajarlos en comunidad, que los chicos sean partícipes de eso, que todo el cuerpo directivo y todos los docentes estén capacitados en convivencia escolar y el proyecto de convivencia escolar tiene que ser igual de importante que el proyecto pedagógico.”, destacó.
Y agregó: “Hoy lo que vemos son miradas muy reactivas, a partir de que hay un problema y lo decimos siempre las charlas y las jornadas son bienvenidas y son importantes, pero de nada sirve que un viernes tengamos una charla sobre discriminación de una hora y el lunes en la clase siguiente de matemática tengamos por ejemplo un docente autoritario que no circula la palabra, que etiqueta a los alumnos, que deja que se puedan insultar, donde no trabaja de forma cooperativa, no los integra, de nada sirvió esa charla de discriminación. Entonces por eso hablamos de la importancia de que sea transversal.”
Con respecto al impacto del uso de la IA en el bullying, Mainer reflexionó: “toda situación del mundo digital tiene un anclaje en lo real y yo creo que el gran desafío hoy justamente de la escuela es todo lo que tiene que ver con la ética digital, ¿Qué hago en esas redes sociales? ¿Para qué lo uso? ¿Cuáles son los límites? Y en ellos también, desde muy chicos, empezar a generar una mirada crítica.”
Bullying y rendimiento académico
“Un chico que la pasa mal no aprende”, aseguró Mainer y destacó cómo eso afecta en el rendimiento escolar y la participación en clase: “no animarme a levantar la mano, no integrarme en un grupo, quedarme callado”.
“Pensemos que el bullying tiene diferentes etapas. En la primera etapa suele ser la exclusión es decir, te dejan de lado de alguna manera. Después está la confusión; muchos chicos creen que son merecedores de eso que les pasa”, señaló.
“Y después viene todo lo que es la evitación es decir, ellos mismos se empiezan a aislar de las situaciones y eso hace que en el aprendizaje un montón de cosas se vean afectadas, como te decía recién y después la situación más grave que es la indefensión aprendida; que es esa situación donde ellos sienten que no van a poder salir de ese lugar que nadie los va a poder ayudar”, aseguró.
Y sumó la evidencia de un estudio realizado por la ONG Argentinos por la Educación junto con Alejandro Castro Santander “que hace un paralelismo sobre cuál es el efecto que tiene en el rendimiento escolar y se estima que un chico que sufre bullying es como si perdiera, en sus cinco años de secundaria, alrededor de un año y medio de escolaridad”.
Además de poner foco en lo preventivo, Mainer señaló que el primer paso ante una situación de bullying es la calma y el trabajo en equipo entre la escuela y la familia, y aseguró que “los chicos necesitan ver en los adultos autoridad, una referencia, tranquilidad. Pensemos que son chicos que la están pasando mal”. Y empezar por preguntarle al chico agredido “¿en quién más confías de la escuela? ¿con quién te parece que hablemos primero?”.
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