
El 95% de los encuestados -una muestra diversa de 4200 profesores y estudiantes universitarios- asegura que utiliza inteligencia artificial a nivel educativo. Pero esta aceptación tiene tantos matices como personas y roles ya que impacta en la evaluación y en la demostración de aprendizajes adquiridos.
El estudio titulado “IA en Educación Superior: Perspectivas, Adopción y Riesgos en más de 4.200 Estudiantes y Educadores” fue realizado por la británica Census Wide, a pedido de una plataforma de educación, en octubre de 2025 y cuyos resultados fueron recientemente publicados.
Entre los puntos más destacados se menciona que “el 81% de los encuestados considera que la IA está teniendo una influencia positiva en la educación superior”, aunque el 37% apróximado de estudiantes y docentes considera que la inteligencia artificial no solo impacta en la posibilidad de una evaluación honesta sino que también puede interferir en los beneficios de la interacción educativa y erosionar habilidades adquiridas producto de un nuevo aislamiento tecnológico.

El beneficio de la IA
La pregunta que siempre surge es cómo la inteligencia artificial puede o no mejorar el aprendizaje y la experiencia profesional en el ámbito académico. La pregunta no es azarosa considerando que más del 90% de ese universo asegura utilizar herramientas de IA para diversas tareas.
De acuerdo a este relevamiento, al menos el 47% de los encuestados destacan que la posibilidad de un aprendizaje autónomo es uno de los principales beneficios. El uso de inteligencia artificial generativa les permite ahondar en ciertos tópicos o explicar y simplificar conceptos sin la necesidad de utilizar material extra o la intervención de un tutor.
En segundo lugar respecto a los beneficios se ubicó el incremento de la productividad y la eficiencia (41%) seguido del apoyo educativo (41%) y por último un feedback en tiempo real (36%).

Usos y criterios
Mientras el 51% de los estudiantes encuestados indicó que usa la IA para investigar; entre las otras tareas se destaca que el 49% la utiliza para redactar -desde mails hasta papers- , seguido por manejo del tiempo y autoevaluación (44%).
En el caso de los docentes se plantean algunas diferencias. Un 34% aseguró utilizarla para crear tareas para sus estudiantes al igual que la planificación de clases y tutoriales.
En menor medida se posicionan tareas como revisión de la asistencia, y evaluación de exámenes y/ o tareas (aunque alcanza hasta un 30% de uso para estas últimas actividades, claves en el proceso de aprendizaje).

Los grandes temas: hacer trampa y perder “humanidad”
Resulta llamativo que tanto el temor al plagio o a no ser evaluado correctamente se equipara (37%) con el miedo a que la inteligencia artificial limite la interacción humana; siempre clave -hasta ahora- para la educación académica.
Además se plantea que este “aislamiento” frente a la IA puede acarrear futuros cambios en habilidades adquiridas como comunicación, interacción social o habilidades de pensamiento crítico y empatía.
En cuanto al plagio o falta de uso criterioso de la IA, el 24% de los estudiantes admitió haber entregado tareas sin un doble chequeo con respecto a lo que les ofreció la herramienta utilizada. Aunque llamativamente son los estudiantes los que suelen mostrarse más preocupados con respecto a ser considerados “tramposos” al no tener siempre clara la forma correcta o habilitada de uso de IA en su proceso de aprendizaje.
Si bien el 71% de los encuestados cree que efectivamente el uso ético de la IA en la educación superior puede crear un nuevo paradigma para el aprendizaje, la tensión con respecto a qué y cómo se evalúa en este presente abre diversas dimensiones y debates.
Otro de los temas que también generó incertidumbre, es el que respecta a la privacidad de la información volcada en la IA generativa no solo en términos de integridad; sino también de reserva académica en cuanto a investigaciones en curso y/o planificación de exámenes y respuestas.
Los encuestados coinciden en la importancia de establecer lineamientos éticos y de trabajo institucional con respecto a la IA lo que permite menor ambivalencias y “pisar sobre terreno más seguro” rompiendo con el fantasma de la acusación de un mal uso de la herramienta.
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