
Emanuel Pereyra (tercero de la foto contando desde la izquierda) cursa el último año del secundario desde la única escuela que funciona en la Antártida, en Base Esperanza para ser más exactos. A fin de año se convertirá en el primer egresado en el continente antártico.
Llegó a la base militar con su familia a comienzos de 2023 y estudia a través del Sistema de Educación a Distancia del Ejército Argentino (SEADEA). En la imagen está acompañado por los otros tres estudiantes de secundario y dos universitarios.
Hace unos meses, Emanuel comenzó a contar en TikTok (emanuel_pereyra_ok) cómo es la vida de un adolescente en la Antártida. Desde entonces, miles de chicos y chicas le escriben pidiendo que les cuente detalles de lo que hace allí.
Conocí esta historia cuando entrevisté a Ariadna Berrardo, la docente y tutora del secundario que funciona en Base Esperanza. Después de varios intentos fallidos en los que tratamos de hablar por WhatsApp, Ariadna me pasó un número de teléfono fijo (como en los viejos tiempos) y así logramos conversar un buen rato.
Me contó que es docente de primaria en un colegio privado de la Ciudad de Buenos Aires, que estudió cinco años de ingeniería química y está casada con el teniente coronel Gustavo Cordero Scandolo, actual jefe de la Base Antártica Conjunta Esperanza. Por eso, hasta allí, se mudaron con tres de sus cuatro hijos, dos varones y dos mujeres.
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En el edificio que muestra la foto funciona la escuela primaria N°38 Presidente Raúl Ricardo Alfonsín, el jardín de infantes Buque Santa Micaela, la guardería infantil Los Pingüinitos y el secundario dictado por el SEADEA. Este año, en total asisten 16 estudiantes, hijos e hijas del personal militar y civil que viven transitoriamente por un año en la base. Uno va al jardín, once cursan grados de primaria y cuatro de secundaria. Además, otros dos están cursando carreras universitarias y ayudan a desarrollar proyectos a quienes cursan el secundario. Hay que tener en cuenta que la dotación de la base se renueva todos los años. Ahora hay 61 personas.
Cuando entrevisté a Ariadna gran parte de las escuelas argentinas estaban de vacaciones. La de la Antártida también.
—¿Qué hacen en la Antártida los y las estudiantes durante las vacaciones de invierno?
— Si el tiempo está bueno, entre las 10 y las 15 aproximadamente, que tenemos sol en esta época del año, juegan afuera. El resto del día están dentro de las casas, con sus familias. También suelen reunirse para ver una película, charlar o jugar a algún juego de mesa. Cuando no se puede salir por vientos fuertes (hemos tenido días con ráfagas de hasta 163 km/h) o nevadas intensas, permanecemos todos en las casas.
El jardín de infantes y la primaria dependen de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Es decir, el Ministerio de Educación fueguino y el Comando Conjunto Antártico son los encargados de seleccionar a la pareja de docentes que cada año enseña en el establecimiento y planifica los contenidos curriculares para ambos niveles. Mientras que la secundaria se cursa a través del SEADEA y cuentan con una tutora en la escuela, que este año es Ariadna Berrardo.
El edificio tiene cuatro aulas. En una funciona el jardín, en otra la dirección (donde hay impresora, fotocopiadora, etc.), en otra (que cuenta con pantalla interactiva) asisten los y las estudiantes de primaria y en la cuarta (equipada con impresoras 3D y placas arduino, entre otros dispositivos) toman las clases los chicos y las chicas que cursan el secundario. Además, tiene una cocina donde se prepara el desayuno que comparten a media mañana, un amplio salón de usos múltiples y baños.
Aclaración (por si la necesitas): las placas arduino son placas electrónicas de código abierto, con software y hardware fáciles de usar. Es decir, es una herramienta que permiten realizar proyectos interactivos a través de una sencilla programación.
Las clases comienzan a las 8 y se cortan a las 12.30, luego retoman a las 15 hasta las 17.30. Cuando el clima no permite salir de las casas, se conectan de modo virtual.

Desde este año, la escuela cuenta con aulas digitales con tecno-robótica de última generación que se logró instalar gracias al acuerdo público-privado celebrado entre el Comando Conjunto Antártico y las empresas ASUS, Banghó, BenQ, Intel, Microsoft y PC Arts. Las compañías no solo equiparon la escuela con computadoras portátiles para cada estudiante, un proyector, una pizarra interactiva, material de robótica y programación para cada nivel e impresoras 3D, sino que capacitaron a los docentes y fueron hasta la escuela para dejar los equipos funcionando.
“Contar con esta tecnología facilita mucho la enseñanza. Los chicos pueden desarrollar proyectos tecnológicos a partir de placas arduino, por ejemplo. También aprender con otros estudiantes que están en distintas escuelas del país y (en el caso del secundario) tener una relación más fluida con los docentes del SEADEA”, explica la docente.
Y agrega: “Hablé con la maestra que estuvo el año pasado y el cambio es muy grande. Ahora, que cada estudiante de secundario tiene su computadora en la escuela, siempre que tengamos buena conectividad de internet (eso depende mucho del clima), el contacto con los docentes que están en Buenos Aires es inmediato. A eso hay que sumar que ahora tenemos encuentros por Zoom y Meet con escuelas que están haciendo proyectos sobre la Antártida y a las que ayudamos desde acá”.
—¿Por qué tanto interés?
—Porque cuando un video en TikTok de Emanuel se hizo viral muchos chicos empezaron a interesarse por cómo es la vida diaria acá. Emanuel, que este año egresará en nuestra escuela secundaria, mostró cómo se tenía que abrigar para salir y cómo era su día en la escuela. Fue algo inesperado, pero nos permitió relacionarnos con otras escuelas y generar proyectos conjuntos. Además, martes y viernes la primaria usa la pantalla digital para tomar las clases de inglés con la profesora que está en Tierra del Fuego. El aula digital también permitió que cada estudiante desarrolle su propio proyecto, para el cual deben indagar y aprender a usar tecnologías que luego enseñan a sus compañeros. Esta forma de aprendizaje los incentiva mucho. De hecho, las primeras evaluaciones mostraron que comprenden los contenidos dados y son responsables de sus estudio”.

—¿Qué es lo más difícil de vivir en la Antártida?
—A los chicos lo que más les cuesta es encontrar una actividad que puedan sostener. A veces van a un gimnasio, pero hay semanas en las que no pueden salir de sus casas. Por eso cuidamos su salud mental, estamos atentos a sus ideas y los motivamos para que aprendan y las desarrollen. A nivel personal, lo más difícil es estar lejos de mi hija mayor, Vanesa. Vinimos con los otros tres: Máximo, Stefano y Constanza. Pero Vanesa no quiso interrumpir sus estudios universitarios y se quedó.
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En la base también funciona la única radio que transmite desde la Antártida, LRA 36 Radio Nacional Arcángel San Gabriel. Su funcionamiento depende del Comando Conjunto Antártico, de Radio Argentina al Exterior (RAE) y de la Universidad Nacional de Quilmes. Los chicos y las chicas producen contenidos para la radio que a veces graban y otras salen en vivo.
“Si bien las radio no forma parte de la escuela le permite a los chicos aprender a preparar editoriales y a expresar sus opiniones, los ayuda a desenvolverse mejor en las materias y conocer el funcionamiento de la radio y el proceso detrás de una noticia. La supervisión de la programación está a cargo del coordinador de la radio, Juan Benavente. Aunque a los adolescentes, en la mayoría de las producciones trato de guiarlos yo, con los conocimientos que adquirí en la capacitación para trabajar en la radio”, cuenta Ariadna. También ayudan en esta tarea las mujeres que se desempeñan como locutoras.
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