
Cuando se habla de infraestructura escolar, uno piensa en la construcción de aulas, el estado de los baños, la conexión a internet, la existencia o no de una biblioteca. Pero hoy la noción se entiende de una manera más amplia: abarca también cuestiones relacionadas con la luminosidad, los niveles de ruido, la ventilación y la configuración de los espacios escolares. Todos estos factores pueden incidir en los aprendizajes: no es lo mismo estudiar en un aula silenciosa o en una ruidosa, en una sala con ventanas o en una totalmente cerrada al exterior. Más allá de la variable que se observe, los expertos coinciden en que la infraestructura escolar impacta en los aprendizajes.
Esa es una de las principales conclusiones a las que llegó Ivana Templado, economista de FIEL, en su estudio Infraestructura escolar y aprendizajes: evidencia para la Argentina, publicado esta semana por la fundación Konrad Adenauer. Tras cruzar los datos de infraestructura con los de aprendizaje medidos por el operativo Aprender de primaria –y controlando otras variables que influyen sobre los desempeños, como el nivel socioeconómico de las familias o el clima escolar–, la autora encontró que distintos aspectos de la infraestructura inciden de manera diferente según el nivel socioeconómico de los estudiantes.
“El tipo de equipamiento con que cuentan las escuelas públicas, así como los recursos de la biblioteca, son especialmente relevantes para los aprendizajes de los estudiantes de bajos ingresos. Para los estudiantes de mayores ingresos, en cambio, es la conexión a internet en espacios de aprendizaje lo que facilita mejores logros, posiblemente porque los primeros solo cuentan con dichos recursos en el ámbito escolar, mientras que los segundos ya disponen de los mismos en sus hogares, y es el acceso a información y recursos educativos en la escuela, en la interacción con su grupo de pares, lo que hace la diferencia”, explica Templado.
En cuanto a los sectores medios, “tanto el equipamiento como la conectividad en espacios de aprendizaje se asocian a mejores resultados educativos”, agrega la autora. Sin embargo, la inversión en infraestructura escolar resulta un desafío crítico para un sistema en el que todas las provincias dedican más del 80% de sus presupuestos educativos a salarios, con escaso margen para financiar obras.
Transformar el espacio para potenciar los aprendizajes
¿Cómo reinventar la arquitectura escolar? La Escuela Técnica Roberto Rocca, de Campana (provincia de Buenos Aires), fue rediseñada en 2022 en colaboración con el estudio de Rosan Bosch, una diseñadora especializada en la creación de entornos escolares orientados a la personalización del aprendizaje. Ahora la institución figura entre las 10 escuelas más innovadoras del mundo: fue nominada al World’s Best School Prizes 2023 en la categoría de Innovación.

En esta escuela privada –donde todos los estudiantes tienen algún porcentaje de beca–, la transformación del espacio es el signo más visible de una cultura innovadora que abarca la currícula, la enseñanza experiencial y el modelo de aprendizaje, a partir de la comprensión de que el enfoque educativo tradicional no funciona para todos. El rediseño, inspirado en la escuela High Tech High de California y en escuelas de Barcelona, busca fomentar el desarrollo de las habilidades de los alumnos a través del Aprendizaje Basado en Proyectos.
Los diseños del estudio Rosan Bosch se basan en una serie de principios que crean “paisajes de aprendizaje” lúdicos, pensados a partir de metáforas vinculadas con la naturaleza. Así, por ejemplo, la “cima de la montaña” es un espacio donde el estudiante le transmite a un grupo lo aprendido, entrenando sus habilidades de comunicación. Para esto, existen lomas con distintas formas, texturas y alturas, gradas y desniveles. Las “cuevas”, en cambio, son espacios resguardados para lograr la concentración y momentos de soledad.
“Luego de repensar la organización escolar, hubo un cambio de paradigma muy grande, no solo de los estudiantes sino también de los docentes, quienes empezaron a trabajar de forma más colaborativa, en la integración de materias y la identificación de ejes trasversales. Estamos dando pequeños pasos hacia la escuela del futuro, una que invite a los estudiantes a ser protagonistas”, afirma Ludovico Grillo, director de la Escuela Técnica Roberto Rocca.
Las aulas y varios espacios comunes, como el comedor y un patio abierto interno, fueron reformados siguiendo un sistema de organización a través de nodos, donde estudiantes y docentes trabajan conectando materias similares o conceptos de una misma rama, fomentando el trabajo multidisciplinario. La idea: que el alumno pase a tener un rol central en la toma de decisiones sobre su camino de aprendizaje.
También hay experiencias innovadoras de articulación entre arquitectura y pedagogía en instituciones estatales. Es el caso del Centro de Desarrollo Infantil N° 8 “Rayito de Sol”, construido en 2017 en la Ciudad de Buenos Aires en el marco del proyecto Escuelas del Siglo XXI del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El diseño del centro se basó en cuatro pilares: “La generación de espacios que fomenten la libertad y la asignación de sentido de parte de los usuarios; la interacción y versatilidad de las aulas; la integración de todas las áreas hacia los espacios interiores articulados en tres patios principalmente a través de grandes ventanales; y la neutralización del proyecto hacia el exterior para dotar de mayor seguridad al alumnado”, explican desde el BID.

Ubicado en Villa Soldati, el Centro se caracteriza por salones amplios que permiten un uso múltiple y flexible: una misma sala utilizada como espacio de recreación para los niños puede transformarse en salón de actos. El patio de juegos, rodeado por ventanales de vidrio, permite a los docentes observar a los chicos mientras realizan sus actividades. “Los espacios interiores permiten libertad de usos y movimientos. Se propuso dejar todas las instalaciones a la vista con el objetivo de facilitar su rápido acceso y su fácil mantenimiento”, señala la descripción del proyecto.
Otras dos escuelas argentinas que formaron parte del proyecto del BID son el colegio privado Scholem Aleijem, de CABA, y el jardín maternal José Gervasio Artigas, ubicado en el paraje Los Zapallos, en Santa Rosa de Calchines (provincia de Santa Fe). Estas escuelas, como todas las que integran la iniciativa en América Latina, se caracterizan por la innovación en la infraestructura escolar, ya sea por la sustentabilidad ambiental, la integración con la comunidad, los métodos de construcción, la inclusión de personas con discapacidad o el diseño creativo.
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Déficits de infraestructura y desigualdades provinciales
En Argentina el escenario es muy desigual: mientras algunas escuelas avanzaron en reformas arquitectónicas al servicio de la pedagogía, en otras siguen faltando condiciones básicas como electricidad o baños en buen estado. El estudio de Ivana Templado encontró que las mayores desigualdades se encuentran entre las escuelas públicas, mientras que el panorama de la infraestructura escolar es más homogéneo entre las escuelas privadas de distintas provincias.
“Cuando en una escuela faltan servicios básicos, eso afecta sobre todo a los chicos de niveles socioeconómicos más bajos”, señala la autora, que se basó en datos del Relevamiento Anual 2020 y de los cuestionarios a directores en los operativos Aprender 2018 y 2019, ya que Censo Federal de Infraestructura Educativa 2021-2022 –que aportará datos más actualizados– no estaba terminado al momento de realizar la investigación ni se publicó aún.
Los datos muestran que en algunas provincias aún hay escuelas con déficit en la provisión de luz eléctrica (sobre todo, en Santiago del Estero y Formosa), mientras que solo 7 de cada 10 (71%) directores a nivel nacional indican que sus escuelas cuentan con agua de red pública.
La disponibilidad de calefacción en las aulas muestra grandes diferencias entre las jurisdicciones, que en algunos casos se justifican por las temperaturas promedio de cada región. El 100% de las escuelas de Tierra del Fuego, Santa Cruz, Neuquén, La Pampa, Mendoza, Río Negro y Chubut tienen calefacción, mientras que la proporción se ubica en torno al 90% en provincia de Buenos Aires y por debajo del 80% en Santa Fe y Córdoba, donde ciertas zonas pueden tener temperaturas bajas en invierno.

Con respecto al estado de los baños, en provincias como Chaco, Santiago del Estero y Formosa un 30% de los directores indica que los estos no cuentan con inodoros con botón, mochila o algún sistema de arrastre de agua.
Además de esta infraestructura básica, Templado analizó la disponibilidad de “infraestructura curricular”, más directamente orientada a los aprendizajes –aunque ambos tipos de recursos se asocian con los logros educativos–. En este punto, encontró un déficit importante en la conexión a internet (salvo en CABA y Santa Fe), especialmente en términos de “conectividad pedagógica”, es decir, la posibilidad de conexión en espacios de aprendizaje como las aulas, laboratorios o bibliotecas.
Los datos también evidencian un déficit importante de salas de informática (solo el 37% de las escuelas tiene una), mientras que las bibliotecas están más extendidas: se encuentran presentes en el 67% de los establecimientos. Otra cifra significativa: 3 de cada 4 directores (75%) declaran que en sus escuelas no hay un espacio asignado para el gabinete psicopedagógico.
Hacia las “ciudades de aprendizaje”
En un sentido más amplio, la conexión entre infraestructura y aprendizaje abarca también el afuera de la escuela: algunas intervenciones apuntan al espacio público para crear “ciudades de aprendizaje”. Pensado especialmente para los niños y jóvenes de sectores más vulnerables, el concepto apunta a “no dejar solas a las escuelas en el objetivo de igualar oportunidades, y que la ciudad sea lugar de juegos y experiencias planificadas interdisciplinariamente para mejorar el desempeño escolar de los chicos, fomentar su curiosidad científica y promover sus habilidades socioemocionales”, describe Templado.

La noción de “ciudad de aprendizaje” también es utilizada por la Unesco para reconocer a los municipios que alientan la educación a lo largo de toda la vida (en Argentina, Concepción del Uruguay, Salta, Tafí Viejo, José C. Paz, San Justo y Villa María forman parte de una Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje). Sin embargo, en la concepción que señala Templado, la idea tiene que ver con intervenir el entorno urbano para promover el desarrollo cognitivo y socioemocional.
“La idea es que la sociedad también debería tomar un rol educador, no solamente la escuela. Considerando la importancia que tiene el desarrollo temprano del lenguaje, una estrategia posible es que plazas, calles, letreros alienten una mayor comunicación entre los padres o tutores y los chicos”, afirma Templado.
Como ejemplos, la especialista menciona la implementación de cartelería específica en supermercados “para motivar el diálogo entre los niños y sus padres o cuidadores”, así como el planteo de problemas sencillos o preguntas disparadoras de ciencia o matemática en las paradas de colectivos, “con el mismo objetivo de facilitar charlas entre padres e hijos e incentivar la curiosidad”. De lo que se trata, indica Templado, es de “promover una educación que trascienda el espacio escolar”.
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