Guillermina Tiramonti: “La pobreza no impide aprender”

Entrevistada en el marco del 3° Seminario de Innovación Educativa que Ticmas organizó en la Feria del Libro, la gran referente hizo un llamado por recuperar la cultura de la enseñanza en la escolaridad y abandonar el perfil asistencialista.

Guillermina Tiramonti participó en el 3° Seminario de Innovación Educativa de Ticmas (Foto: Agustín Brashich)

Guillermina Tiramonti es una de las referentes educativas más importantes del país. En ámbitos educativos casi no necesita presentación. Licenciada en Ciencias Políticas y magíster en Educación y Sociedad por Flacso, ha impartido clases y ha realizado investigaciones centradas en el análisis de las políticas públicas tanto nacionales como de América Latina.

Esta semana, Tiramonti fue invitada a participar en el 3° Seminario de Innovación Educativa que Ticmas organizó en la Feria del Libro. En una entrevista pública, Tiramonti hizo un análisis de la situación educativa del país, que en los últimos días se vio muy sacudida por el informe que publicó Argentinos por la Educación que da cuenta de la caída abrupta en la lectocomprensión de los estudiantes de tercer grado.

La entrevista completa puede verse en congreso.ticmas.com. Aquí una transcripción del encuentro.

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Quiero comenzar con una frase tuya: “Si no aprendiste a leer y a escribir estás condenado a vivir en un mundo totalmente marginal”.

—Todos sabemos que, si no tuviéramos el instrumento de la lectura y la escritura, serían muy pocas nuestras posibilidades de participar en la sociedad. No solo de conseguir trabajo, sino simplemente de dialogar con el conjunto de la sociedad. La dificultad de Latinoamérica para alfabetizar a las nuevas generaciones es una dificultad que debe pensarse como urgente. El corazón, la esencia de la escuela es poder transferir a las nuevas generaciones la lectura y la escritura. Hace muy poco se hizo un informe que muestra que, en promedio, el 40% de los chicos no sabe leer y escribir a una edad que ya debería hacerlo, y no comprende lo que lee. Hay mucha conversación sobre el tema, pero, en realidad, sabemos que un chico puede aprender a leer y escribir en primer grado: si llega a tercer grado y no aprendió, no solo no tiene un instrumento para avanzar en el conocimiento, sino que ya hay un montón de otros conocimientos que quedaron atrás.

Guillermina Tiramonti participó en el 3° Seminario de Innovación Educativa de Ticmas (Foto: Agustín Brashich)

¿Esa dificultad es producto de la pandemia?

—No, para nada. Viene de lejos y se podrían aventurar algunas hipótesis. Por un lado, hay un tema epocal que es muy difícil de conceptualizar: la escuela es un espacio organizado con referencia a la cultura de la Ilustración, y está navegando en un mundo cuya cultura cambió de forma radical, cuando es justamente la institución que tiene la obligación de transferirla a los que vienen. Entonces está en un punto álgido y tiene mucha dificultad para asumirlo: qué es lo que enseño, qué mantengo, qué cambio. Pero, además, la escuela es una institución que, desde la primera mitad del siglo pasado en adelante, comenzó a cambiar su perfil y pasó a ser una institución con un perfil de asistencia, que cambió la cultura centrada en la enseñanza y el aprendizaje. De modo que hoy los discursos educativos no están centrados en la enseñanza. Hablo de escuelas en general, aunque hay un conjunto de instituciones —en nuestro país y en todos los países de la región— que sí están centrados en el aprendizaje y sí están centrados en el aprendizaje que tienen que adquirir los chicos del siglo XXI.

El informe que sacó Argentinos por la Educación se llama “Lectura y desigualdad” y dice que, en Argentina, seis de cada diez alumnos del menor nivel socioeconómico se ubican en el resultado más bajo de las pruebas ERSE. El más alto es Perú. ¿Qué tiene que aprender Argentina?

—Bueno, yo no he ido últimamente a mirar las escuelas de Perú, pero Perú y Brasil están haciendo un esfuerzo fuerte para mejorar los aprendizajes de sus alumnos. En este seminario hubo líderes de ONGs que mostraron el éxito por mejorar aquello que la escuela no puede hacer. ¿Viene un ONG, hace un programa de lectura y escritura, y logra que los chicos aprendan? ¿Qué pasa con la escuela? Ahí entra la hipótesis de que el esfuerzo no está puesto en el aprendizaje. Lo que aprenderíamos de Perú es que, a lo mejor, la metodología que están usando es distinta de la nuestra. Otro aprendizaje sería que se le hace seguimiento a los chicos: qué aprenden y qué no aprenden los chicos. Brasil, que mejoró en estas encuestas, tiene una cultura de la evaluación muy fuerte, que nosotros no tenemos. Si vemos a aquellos países donde han mejorado en los años del informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, nos vamos a encontrar con una preocupación por el método y una revisión sobre la metodología, nos vamos a encontrar con sistemas de evaluación y con una escuela que está de nuevo enfocada en el aprendizaje.

Frente a estas noticias que muestran la caída del aprendizaje, ¿qué deberíamos hacer como sociedad, como padres, como docentes, para movilizarnos y no quedarnos solo con la indignación?

—Yo creo que empieza a haber una cierta conciencia en la sociedad respecto de que esto no es un problema de Juan o de María, sino que es un problema de la sociedad y que, por lo tanto, los distintos actores deben hacerse cargo. Hoy hay una fuerte demanda a quienes se están postulando para gobernar en relación con la educación. Una sociedad que demanda por la educación, que entiende que la educación es importante, probablemente encuentre un eco en la política. Porque sabemos que la política responde cuando la sociedad hace una cuestión de esto.

Guillermina Tiramonti participó en el 3° Seminario de Innovación Educativa de Ticmas (Foto: Agustín Brashich)

¿La situación educativa es la misma en la educación pública que en la privada?

—En un momento, las clases medias empezaron a mandar a sus chicos a la escuela privada y — no estoy haciendo ninguna crítica— pensaron que eso les solucionaba el problema de la educación: bueno, después de la pandemia se dieron cuenta que no. La educación es un sistema con vasos comunicantes. Este mismo informe muestra que los resultados de los chicos de los sectores socioeconómicos más altos de la Argentina son iguales a los resultados de los chicos de los niveles socioeconómicos medios bajos de los países de punta y, si se toman los países desarrollados, resulta que son iguales a los resultados de los sectores más bajos de esa población. No es cierto que te salvás si mandaste el chico a una escuela privada. Los maestros comparten la cultura, la formación y lo que pasa en un lado baja el nivel del resto. Esta es una cuestión de todos. Todos escuchamos que el conocimiento es la llave del desarrollo. Bueno, nosotros ya tiramos la llave.

Históricamente la educación nunca se llevó bien con índices y métricas. ¿Cómo se hace para reconocer la importancia de las métricas?

—No es sólo importante la métrica. La presencia de la evaluación condiciona el hacer cotidiano de la escuela. Los datos, además, sirven para pensar la política. Si yo sé que, en promedio, el 40% de los chicos no saben leer y escribir, tengo una idea de a dónde está el cáncer para ir a atacarlo. Pero, además de proveer insumos para hacer políticas, la medición es un estímulo positivo para aquellos que están trabajando bien. Sobre eso quiero decir una cosa: la pobreza no impide aprender. Hay una justificación de decir: “Yo atiendo a chicos pobres”. La pobreza no impide aprender. Lo que pasa es que los chicos pobres, en general, vienen de ambientes socioculturales muy extraños a lo que la escuela les está enseñando. Entonces se hace necesario generar una metodología de mayor intervención sobre esos chicos, donde la maestra tenga más protagonismo en la enseñanza.

El año pasado publicaste el ensayo La gran estafa, un llamamiento casi rabioso a cambiar la manera de pensar la enseñanza y el aprendizaje. ¿Qué efectos provocó?

—Si preguntás por los efectos en algún ámbito político: ninguno. Me tienen un poquito más de bronca. Pero quiero decir que después de la pandemia, me interesa mirar más a las escuelas. Después de hacer una denuncia, uno tiene la obligación de mirar bien de cerca, a ver si puede pensar en algo positivo. En eso estoy.

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