
“Yo soy re intuitiva, soy re hemisferio derecho”; “yo soy de analizar todo, soy re hemisferio izquierdo”: todos alguna vez escuchamos o dijimos esto. Pero ¿es tan así? (Spoiler: no). Y, ¿es cierto que solo usamos el 10% de nuestro cerebro? Para llegar a esta respuesta, tenemos que comprender cómo está formado el cerebro.
Hay diferentes maneras de dividirlo. Primero están las materias: la parte interior está compuesta por una materia blanca, y la exterior, por la famosa materia gris. La materia blanca son fibras nerviosas y deben su color a una sustancia llamada mielina. La materia gris son cuerpos celulares que no tienen mielina, de ahí que tengan otro color. Y la forma “retorcida” de la materia gris es resultado de la evolución humana: el cerebro se fue expandiendo y, para aprovechar el espacio limitado dentro del cráneo, empezó a tomar esa forma.
Después están los hemisferios. El cerebro está dividido en un hemisferio derecho, que maneja las capacidades como la intuición, la creatividad y los sueños; y el hemisferio izquierdo, que controla el pensamiento analítico, y la lógica. Pero no es que estas características radican de un lado y no del otro: el cerebro es una red interconectada y la intuición o la lógica son capacidades cognitivas muy complejas, que, por más que estén un poco más en un lado, necesitan de todo el cerebro. Los hemisferios también tienen que ver con los movimientos del cuerpo: el hemisferio derecho controla los movimientos del lado izquierdo del cuerpo y el hemisferio izquierdo los del lado derecho. Esto es porque las fibras nerviosas que unen el cerebro con el resto del cuerpo están entrecruzadas.
En el medio de los hemisferios está el tálamo, que es la parte que procesa información de los sentidos —menos del olfato— y la envía al resto del cerebro. Acá entra una división más: los lóbulos. Hay cuatro y cada uno es responsable de las funciones básicas del cuerpo humano. El lóbulo frontal maneja el lenguaje y el habla. También es donde se genera la capacidad de prestar atención y la memoria a corto plazo. El lóbulo parietal es donde está el sentido de la orientación espacial y donde se generan las sensaciones de temperatura y dolor. El lóbulo temporal maneja lo auditivo y hace que se reconozcan voces, sonidos y hasta rostros. También regula las emociones. El lóbulo occipital es el que procesa la información visual, lo que entra por los ojos se interpreta acá. Falta una parte más del cerebro: el hipotálamo que regula las funciones de supervivencia, como el sueño, el hambre y la sed.
Pero entonces, para volver a la pregunta inicial: ¿es cierto que solo usamos el 10% de nuestro cerebro? ¡No! Todas las partes del órgano están en actividad constante, haciendo cosas voluntarias y no voluntarias todo el tiempo. Por ejemplo, una persona mientras hablamos puede estar caminando y mientras escuchando música y, además, respira y bombea sangre desde el corazón. Mucho más que el 10%.
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