
La devaluación del peso determinó el lunes post PASO el Banco Central removiera el entramado de precios de una economía que ya traía una velocidad alta y provocó una estampida de remarcaciones, ventas interrumpidas por falta de valores de referencia y negociaciones urgentes entre el Gobierno y las empresas para poner algún techo a los aumentos que se reflejarán en los índices del Indec de agosto y septiembre, y fijarán un piso más alto hacia adelante.
Además, la medida reavivó un debate habitual sobre cuál es el dólar que actúa como referencia para los distintos sectores de la economía, teniendo en consideración que la economía argentina ya convivía con una alta brecha cambiaria desde hace años y que distintos bienes parecieran seguir más la variación de las cotizaciones paralelas a la oficial.
La consultora LCG consideró que tras la devaluación “la inflación será más alta en estos meses”. “Estimamos que la mitad de la economía ya funcionaba al tipo de cambio libre, pero buena parte y principalmente gran parte de la canasta básica está aún a tipo de cambio oficial. Con la inercia que venía la economía y asumiendo un pasaje a precios del 50%, la inflación irá a un rango de 20-25% acumulado entre agosto y septiembre, con un piso de 13% en agosto”.
Un trabajo de campo de la consultora PxQ, del economista Emmanuel Álvarez Agis, previo a la devaluación del último lunes, estudió en detalle qué sectores podrían tener un impacto directo de un movimiento del tipo de cambio oficial. En ese momento la discusión que intentó abordar tenía que ver con una liberación completa o no de los controles cambiarios.
¿Oficial o paralelo? Qué dólar miran empresas y comercios
“En el extremo, si el 100% de los precios estuviesen al dólar oficial, eliminar el control de cambios y unificar el mercado tendría un impacto grande en la inflación. En el otro extremo, si el 100% de los precios estuviesen al tipo de cambio paralelo, la unificación cambiaria no tendría impacto alguno sobre la inflación”, ejemplificó PxQ.

Utilizando como método una comparación de precios de los mismos bienes en distintos países, la consultora midió que a dólar oficial un paquete de harina de trigo en un supermercado argentino tiene un valor en dólares similar al que registra en Brasil, México y Estados Unidos. “En cambio, medido al paralelo la harina argentina está mucho más barata que en estos países. Con la mayoría de los productos alimenticios sucede algo similar”, reveló el estudio de marras.
El informe incorporó, además de una comparación de la última “foto” de precios, un análisis del proceso de los últimos años y de otros elementos que explican el precio de los alimentos en otros países para tener un panorama más certero. De todas formas, la conclusión de PxQ fue que “los alimentos están más baratos en términos relativos con EEUU en la comparación histórica”.
“Si bien los precios de alimentos en Argentina están más altos que en la media histórica al oficial, esto parece estar explicado por la dinámica global (i.e., la guerra) y en términos relativos siguen baratos en la comparación internacional medidos en dólares oficiales”.
“Aunque el precio de los alimentos (casi 30% del total del IPC) es elevado históricamente medido a dólar oficial, esto parece ser consecuencia de una dinámica internacional y no de que el pricing de ese sector se realice al paralelo. Los precios están en línea con el de los alimentos en otros países de la región y ante un salto en el tipo de cambio oficial se verían directamente afectados”, mencionó la consultora.
Por otro lado, PxQ hizo un ejercicio similar con indumentaria y calzado, automóviles y otros bienes transables. “En el caso de los automóviles gama alta e indumentaria y calzado, tanto la foto del precio en comparación con otros países, como la película que refleja la dinámica de la historia reciente parecen mostrar que el pricing tiene más que ver con el dólar paralelo. Con productos medicinales se observa algo similar ¿Esto quiere decir que ante una unificación no se verían afectados? No, pero el traspaso a precios de la devaluación debería ser menor que en el rubro de alimentos”, indicaron.
Hay un tercer grupo, entre los que hay bienes electrónicos y equipamiento para el hogar, “cuyo precio parece elevado en dólares oficiales pero no es tan evidente que su pricing sea directamente al paralelo”, mencionó la consultora de Álvarez Agis. “En este caso se podría argumentar que una eventual unificación los afectaría menos que a alimentos, pero más que a automóviles, indumentaria y medicamentos”, apuntó.
La consultora de Álvarez Agis intentó también medir qué impacto directo tendría en el índice de inflación un salto cambiario. Para eso, analizó la composición de la canasta que mide el Indec en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). “Se puede determinar que cerca del 19% del IPC tiene una dinámica que está más relacionada con el tipo de cambio paralelo que el oficial, mientras que el 30% del índice (mayormente alimentos y bebidas) está vinculado a las variaciones del tipo de cambio oficial”, consideró.
El restante 51%, explicó PxQ, se trata de servicios. Su dinámica de precios “no depende del tipo de cambio, que suele afectar la determinación del precios de los bienes”.
En conclusión, según el trabajo, si se devalúa el tipo de cambio oficial “el 30% del IPC sufriría un traspaso de la devaluación a precios, mientras que un 19% podría no verse afectado. Pensando solo en los efectos de primera vuelta de una unificación cambiaria, que implica un salto del tipo de cambio oficial de 100%, implica una aceleración de la inflación de 20 puntos porcentuales”.

Más allá de ese ejercicio que hizo PxQ, hay dos precios que tendrán un efecto derrame inmediato por la devaluación: tarifas de servicios públicos y combustibles. Para las tarifas hay un trabajo de cálculo de impacto que ya empezó a circular en los despachos oficiales. El salto devaluatorio cambia la ecuación del costo de la generación y, por lo tanto, la necesidad de subsidios en caso de que el Gobierno no permita un traslado a las boletas.
De manera trimestral, la Secretaría de Energía suele determinar lo que se llama el precio estacional de energía eléctrica, aunque hay un valor vigente actualmente hasta octubre. Según pudo saber Infobae, las conversaciones -por el momento internas- en el equipo económico para determinar qué camino tomarán sobre tarifas y subsidios y, sobre todo, con qué velocidad, se iniciaron en las últimas horas.
Tanto para energía eléctrica como en gas, para hacer operativo una suba de tarifas primero el Gobierno tiene como requerimiento por ley llamar a una audiencia pública.
Por lo pronto, si no hubiese cambios, queda una instancia de subas, en noviembre. El peligro en una demora para esa decisión es que un mayor gasto en subsidios tendría como consecuencia una situación fiscal más compleja.
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