
La pandemia de la Covid-19 dejará muchos desafíos sociales y económicos. El distanciamiento social parece que llegó para quedarse. No se sabe cuándo desaparecerá la confianza y volverán los abrazos y los apretones de mano.
Pero no sólo eso, sino que también planteará un cambio en el modo de divertirse, de hacer deporte y de vender, comprar y producir bienes y servicios. Y se estableció una palabra en el llano que hasta ahora sólo estaba en boca de los managment: protocolo.
Hoy aparecen protocolos para cortarse el pelo, vender cereales, sacar fotocopias, tomar un taxi y fabricar un auto. No es que la sociedad previa a la pandemia viviera en un caos sin reglas de convivencia, sino que lo que se está empezando a ver es la aparición de nuevos modelos que plantean una especie de accidente cardiovascular colectivo en donde, luego de estos meses, la sociedad en su conjunto tiene que encarar una suerte de rehabilitación de los procedimientos que ya conocía y aprender unos nuevos. Ya no se saluda más con la mano, ahora es con el codo, o simplemente: hola, ¿cómo va?

La mayoría de los economistas concuerdan en que los protocolos encarecen los procesos y esto va a terminar afectando el valor final de los bienes y servicios. Los protocolas que en algún momento democratizaron el acceso, generaron la masividad y le daba volumen a los negocios van camino a desaparecer y esa variable será un costo mayor.
Hace unos días el Estado nacional habilitó más de 600 fábricas para que vuelvan a producir. Cada una de ellas tuvo que elaborar un protocolo de funcionamiento y el Comité de Evaluación y Seguimiento del Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción conformado por cuatro ministros.
Esos procedimientos incluyen el traslado del personal sin uso del transporte público (en vehículos provistos por la compañía, autos propios o movilidad individual), control de síntomas de la Covid-19, estrictas medidas de distanciamiento social, provisión de material preventivo (barbijos, alcohol en gel, etc) y plan de acción frente a la aparición de casos sospechosos.

Pero si se baja a lo más simple, lo más cotidiano, la implementación de los protocolos estará presente en lo que hasta ayer nadie le prestaba atención. Jugar al fútbol, por ejemplo, también cambiará. Las canchas de fútbol 5, hay alrededor de 5.000 en todo el país que están cerradas desde hace dos meses y que están preparando sus propias reglas de bioseguridad. Este sector que emplea a 150.000 personas y por el que pasan miles de jugadores y jugadoras todos los días establecerá reducir el número de jugadores por turno (una hora) y que cada persona firme una declaración jurada en la que afirma no tener coronavirus Covid-19 y no haber estado en contacto con nadie contagiado. Se acabaron los campeonatos con un equipo mirando desde afuera cómo juega quien podría ser su futuro contrincante.
Hace unos días, el presidente de la cámara de alojamiento por hora le dijo a la periodista Nancy Pazos que están preparando un protocolo para presentar a la Ciudad y reabrir las puertas. Los concesionarios de 0 km lo hicieron y la presencia de guantes, barbijos, desinfectantes, distanciamiento, es la condición para hacerlo. Los clientes se podrán sentar en los autos, pero con estrictas normas de higiene.

Una de las industria que está trabajando contra reloj para poder ponerle un respirador es la del turismo. Las grandes aerolíneas comenzaron a enviar correos electrónicos a sus clientes en donde señala que la vida vuelve, “paso a paso. Los hoteles están reabriendo, las playas están esperando niños enérgicos y las compañías están comenzando a producir nuevamente. Viajar, privado o relacionado con el negocio, será posible nuevamente. Pero lenta y ciertamente con toda la debida precaución. La flexibilización de las medidas de coronavirus es un paso cauteloso hacia una nueva normalidad".
El Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) ha presentado los protocolos globales para reactivar el sector turístico y generar confianza entre los consumidores, permitiendo viajar “de forma segura” una vez superada la fase crítica de la pandemia de coronavirus.
Según la agencia Europa Press, las medidas han sido diseñadas por los representantes de la industria turística global, basadas en evidencias médicas y de acuerdo a las normas establecidas por la Organización Mundial de la Salud.

Entre otras medidas, incluyen la limpieza profunda y lavado de manos, desinfección de objetos y estancias, así como garantizar que el cliente no manipule los alimentos del buffet para los hoteles, así como el uso de mascarillas, compras virtuales, pagos sin contacto y el ofrecimiento de desinfectante de manos en las entradas y salidas de los establecimientos comerciales.
El segundo paso es llevar adelante medidas propias para la aviación y los cruceros en donde se pondrán en juego una de las reglas básicas de la nueva normalidad: el distanciamiento. Algunas aerolíneas se oponen a generar un mayor espacio entre cada uno de los viajeros pero, lo cierto, es que deberán caminar hacia alguna medida que genere tranquilidad en los viajeros si quieren subsistir.
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