
Mendoza y su industria vitivinícola sufren recurrentes crisis de precios. Al parecer, no hay tal cosa como una buena cosecha. No por la calidad, los vinos mendocinos lograron ganarse un lugar no sólo en el mercado local sino en plazas de exportación, sino por la cantidad. Cuando la cosecha es pobre, los precios de la uva y la bebida se disparan, haciendo caer el consumo y afectando a los costos. Cuando la cosecha es abundante, los precios se derrumban y los productores van prácticamente a pérdida. La solución que pensó la provincia es crear un “Banco de Vinos” que les permita regular la cantidad de vino que sale al mercado cada año y tranquilizar los vaivenes de los precios.
Este fin de semana se celebró la tradicional Fiesta de la Vendimia en la capital mendocina. El flamante presidente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), José Zuccardi, saludó el proyecto impulsado por el Gobierno de Mendoza. “Para no pasar nuevamente, y sin escalas, de la importación de vinos a la crisis de excedente es necesaria una polìtica de financiamiento de los stocks”, dijo.
El gobernador mendocino, Rodolfo Suárez, lo mencionó como uno de sus principales objetivos. “Consistirá en un estímulo financiero destinado a incentivar el ahorro de vino tinto genérico o varietal para contar con un mecanismo anticíclico permanente”, dijo y aseguró estar buscando una ley nacional y el acompañamiento de otras provincias productoras de vino.
¿En qué consiste el proyecto? Nada que se parezca a liberar los precios al arbitrio del mercado.
El sentido del Banco de Vinos es, a partir de un fondeo inicial que debería llegar de las provincias, permitirle a los productores vitivinìcolas hacer un depósito en vino fluido. Un depósito bancario, propiamente dicho. A cambio de ese depósito, y por el plazo que corresponda, los productores obtendrían un rendimiento. Una tasa de interés, como la de un plazo fijo.
La idea es que los depósitos sean voluntarios, no forzados. En tanto los productores encuentren que el precio que se les paga por la bebida es suficiente como para mantener una rentabilidad sana, podrán vender -si quieren- toda su producción. Y, a la inversa, si encuentran una depresión de precios que los obliga a malvender, pueden optar por hacer un depósito en el banco.

Las crisis de sobreproducción y subproducción de la industria vitivinícola se vieron agravadas, durante lo peor de la crisis financiera que golpea a la Argentina desde 2018, por la suba de tasas con la que el Banco Central trató de contener la devaluación del peso y la inflación.
“Con tasas del 70% es imposible la agroindustria”, dijo Zuccardi a Infobae antes del desayuno de Coviar, un evento anual previo a la fiesta principal de la Vendimia que se hace en el Hotel Hyatt del centro mendocino y al que asistieron los ministros del Interior, Eduardo de Pedro, su par de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, los gobernadores de Mendoza, Rodolfo Suárez, de Jujuy, Gerardo Morales, el vice gobernador de San Juan, Roberto Gattoni, los presidentes del Banco Central de la República Argentina, Miguel Pesce, y del Banco Nación, Eduardo Hecker y su vice, Matías Tombolini.
Como la cosecha es anual, explicó Zuccardi, la venta de la producción es la única vía con la que cuentan los productores para hacerse de la liquidez necesaria, pagar sus cuentas y solventar la siguiente cosecha. Esperar para vender cuando los precios son bajos supone pedir préstamos bancarios muy por encima de la tasa de referencia. Con lo cual, se veían obligados a vender o vender con tal de hacerse de liquidez.
La tasa en la que piensan los impulsores del banco es un rendimiento atado a la inflación, menos el promedio del incremento del precio del vino. Así, a mayor precio mayor será el incentivo a vender y, a menor precio, mayor será el incentivo a depositar el vino. El rendimiento se pagaría dos veces al año, en junio y en diciembre, cuando mayor es la necesidad de liquidez de los productores.
El vino depositado en el banco, mientras tanto, debería funcionar como un fondo anticíclico. En caso de una cosecha pobre en cuanto a cantidades -los problemas de escasez de agua de la provincia y otros factores hacen que no sea rara una caída en la producción- los incentivos, confían en la industria, funcionarían a la inversa.
Ante la menor oferta de vino, quienes tienen su producción “bloqueada” por el depósito en el banco, tendrían todos los motivos para sacarla al mercado. De esa manera, se evitaría la importación desde países limítrofes a la que se recurre habitualmente para conseguir el vino faltante y que, por la suba del dólar, termina por comerse la rentabilidad de las bodegas.
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