Una tormenta torrencial descargó el pasado 17 de septiembre casi 45 milímetros de agua en tan solo una hora sobre Florencia, lo que provocó una filtración en la Galería Uffizi que corrió directamente sobre la vitrina de protección del Baco (h. 1596-1598), uno de los cuadros más valiosos de la colección. La obra fue retirada de inmediato como medida de precaución, aunque el museo descartó cualquier daño.
El agua ingresó por la claraboya de la sala 90, el espacio dedicado a la pintura del siglo XVII donde se exhibe el Caravaggio junto a otras seis obras.
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Un video difundido por el Corriere della Sera muestra cómo líneas de agua descendían sobre la vitrina de vidrio que protege al dios griego representado en el lienzo, haciendo que la imagen se viera borrosa tras los regueros. Las otras pinturas de la sala no sufrieron consecuencias.
En un comunicado, el museo describió el incidente como “una pequeña filtración” y precisó que el agua solo mojó el exterior del cristal protector, sin llegar en ningún momento a la superficie del cuadro.

“No hemos encontrado ningún impacto en ninguna obra de la sala”, señaló la dirección del museo en declaraciones recogidas por medios italianos. El Uffizi retiró la obra únicamente como precaución y, tras las inspecciones correspondientes, reabrió la sala al público a la mañana siguiente.
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El aguacero no afectó solo a la Galería Uffizi. El Palazzo Pitti, el histórico palacio renacentista de 1446 que gestiona la misma institución, también registró ingreso de agua en sus instalaciones. Según la representante sindical de la CISL (Confederación Italiana de Sindicatos de Trabajadores), Silvia Barlacchi, los pisos de la Galería Palatina y de la Galería de Arte Moderno quedaron inundados y algunas áreas de exposición debieron cerrarse temporalmente. La Protección Civil de Florencia emitió una alerta ese viernes.
Todavía no está claro si el agua entró por ventanas abiertas o por problemas en las estructuras, y el museo no respondió preguntas sobre cómo se evitarán filtraciones similares en el futuro.
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Considerada una de las obras más importantes de la colección del Uffizi, el Baco permaneció olvidado en los depósitos del museo hasta 1913, cuando fue redescubierto por Matteo Marangoni, inspector de la galería, durante una inspección de los fondos.
A lo largo de la década siguiente, los historiadores del arte Roberto Longhi y el propio Marangoni lo identificaron como una obra temprana de Michelangelo Merisi da Caravaggio; la autoría fue aceptada de manera unánime por la comunidad académica. El cuadro fue pintado en Roma bajo el mecenazgo del cardenal Francesco Maria del Monte, quien lo encargó como regalo para el gran duque Ferdinando I de Medici con motivo de la boda de su hijo Cosimo II en 1608.
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En el lienzo, de 95 x 85 centímetros y óleo sobre tela, el dios romano del vino aparece como un joven de aspecto casi adolescente, coronado con hojas de vid y racimos de uvas, que tiende una copa al espectador con una expresión que deja traslucir la debilidad propia de la embriaguez.

Sobre la mesa que tiene delante, una cesta con higos, manzanas, granadas y uvas —algunas en evidente estado de descomposición— y una jarra de cristal con vino tinto completan la escena.
Lejos de la representación idealizada propia de la iconografía clásica, Caravaggio humanizó al personaje al punto de mostrarle las uñas sucias, un detalle que escandalizó a parte de la crítica de su época. El modelo habría sido Mario Minniti, amigo del pintor y uno de sus modelos habituales en sus años romanos.
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Una restauración reveló que en el reflejo de la jarra de vino se oculta un autorretrato en miniatura del propio Caravaggio, con su caballete, descubierto en 1922 durante los trabajos de limpieza del cuadro.
Para los especialistas, la obra sintetiza el método pictórico que definiría al maestro barroco: el uso del claroscuro extremo —o tenebrismo— con un fondo prácticamente negro y una sola fuente de luz lateral que extrae los volúmenes con precisión teatral, junto a un naturalismo que la crítica Mina Gregori vinculó a la tradición de los pintores lombardos del siglo XVI, en particular a Moretto y Giovanni Battista Moroni.
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Sin bocetos previos, Caravaggio pintaba directamente sobre el lienzo y resolvía la composición en el proceso; los análisis de rayos X de sus obras muestran constantes revisiones y correcciones.
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