
“Si vos vas a la Feria del Libro de Buenos Aires, la que se hace en abril y mayo, está llena de gente”, dice la escritora Claudia Piñeiro. “Si vos vas a la FED, está llena de gente. No necesariamente es la misma gente. Alguna gente coincide y otra gente no coincide. Pero a mí me parece que el capital extraordinario que tenemos es haber formado un público lector al que le interesan dos eventos como ese. Me parece maravilloso”.
Es que el 11 de mayo terminó la Feria del Libro de Buenos Aires, en este momento se está haciendo la Feria del Libro Infantil y ya está por empezar -el 6- la Feria de Editores, la FED, un encuentro que dura cuatro días y donde se presentan las editoriales independientes, las chicas y medianas, esas que casi siempre están atendidas por sus propios dueños, las que muchas veces descubren autores que luego triunfarán en las grandes ligas.
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Pero ¿hacen falta dos Ferias del Libro generales y una para chicos?
En 2025 la asistencia a la Feria del Libro fue récord: 1.340.000 personas anduvieron por La Rural mirando libros, comprando, escuchando charlas durante 19 días. Algunos se burlan de que hay de todo en la Feria, un cambalache. Pero un cambalache alrededor de los libros... no está mal, ¿no? Mientras tanto, la Feria de Editores tuvo 18.000 personas en 2022, 24.600 en 2024 y 30.800 el año pasado. Un crecimiento que se siente.
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“¿Por qué va tanta gente a la Feria del Libro de Buenos Aires y a la FED?”, retoma Piñeiro. “Porque durante mucho tiempo se formó un gran público lector. Ahora, ¿las políticas públicas actuales van a destruir esto que hemos generado en todo este tiempo? Ojalá que no. Ojalá que no, porque es un capital intangible que algunos no están leyendo correctamente”.
Este año, la FED está atravesada por una preocupación: el anteproyecto del gobierno que busca eliminar la Ley de Precio Fijo, que impide que una librería venda un título más barato que otras. Esa ley toca en particular a las librerías chicas -que no están en condiciones de subsidiar un título y que sufrirán si otros lo hacen- y a las editoriales que protagonizan la FED, que muchas veces venden lo suyo en esas librerías.
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Por eso, Víctor Malumián, una de las voces en defensa de esa ley, es también, uno de los fundadores y organizadores de la FED. “La FED tuvo sus primeras cinco ediciones en y gracias a FM La Tribu”, recuerda. “En 2013 fue la primera y participaron 15 editoriales. El chiste interno fue que si no iba nadie nosotros pagábamos las pizzas y las editoriales amigas las cervezas".
No hizo falta, ya vimos. La FED prendió. La gente se acercó. Tuvieron que mudarse a un espacio más grande -la Galería Central Newbery- y después otro más grande -Dumont 4040- y después al Konex. En pandemia fue virtual primero y al aire libre después, en el Parque de la Estación. Y desde 2022 se hace en Complejo Art Media. Todo a pulmón: aunque hay un pequeño aporte del Fondo Nacional de las Artes, el 97 por ciento se paga con lo que ponen las editoriales y un par de sponsors privados.
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Pero ¿vale la pena? ¿Necesita Buenos Aires otra Feria más? Dice Malumián: “La Feria Internacional del libro de Buenos Aires cumple un rol fundamental, con una asistencia en público que es de las mayores en la región. La FED es una feria pensada desde lo logístico para las pequeñas y medianas editoriales, desde los requerimientos mínimos para acceder a un espacio, la horizontalidad de los espacios, la misma señalética, etc, hasta cómo cura sus actividades culturales, donde solo participan autoras y autores que publican con las pequeñas editoriales".
¿Y para los lectores? Malumián habla de algo que cualquiera que haya ido habrá visto: en la FED se charla mucho de lado a lado de las mesitas por donde se atiende. “El rasgo fundamental es que detrás de cada mesa está la o el editor. Eso implica un montón de cosas, nadie conoce mejor el catálogo de una editorial que su editora o editor, podés preguntar absolutamente todo, desde el por qué del diseño, cómo fue el proceso de traducción, las correcciones, etc. Para una persona curiosa ese detrás de escena es interesante. En segunda instancia creo que se dan charlas muy enriquecedoras que terminan en recomendaciones o vínculos inesperados entre libros, un poco por el tipo de público que nos visita, otro poco por el punto que mencionaba antes. Podés ver escenas donde una persona está mirando un libro y otra que pasa por detrás le hace un comentario sobre ese título, si le gustó, si recordó a tal autora, etc. Se genera una breve conversación alrededor de un libro".
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Dos Ferias del Libro generales en una ciudad. ¿Va a ellas la misma gente? Los organizadores de la FED lo estudiaron: el 60 por ciento de quienes van a esta Feria no va a la grande. La mayor parte de su público tiene entre 26 y 35 años. Son más los que alquilan que los que tienen vivienda propia y la mayoría trabaja en relación de dependencia.
“Hay público que quiere esas dos formas de acercarse a los libros, que son muy distintas”, subraya Piñeiro. “En la Feria del Libro de Buenos Aires hay algo que tiene que ver con los distintos stands. Entonces, las editoriales muy grandes se destacan más y las editoriales independientes están muchas veces agrupadas todas juntas en un solo stand. En la FED todos los lugares son iguales, son mesitas. Vos vas recorriendo y buscando el libro que te gusta. Hay una cosa muy democrática ahí”.
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Malumián explica el fenómeno, del lado de los editores, en ese mismo sentido: “La FED está pensada a la medida de las pequeñas editoriales, desde lo accesibles que son los espacios hasta la logística para ocuparlos. Los seguros, internet, tensión, todo lo provee la FED para que la editorial no tenga que encargarse. La duración es otro tema crucial dado que una feria de varias semanas no es conveniente para un pequeño editor”.
Hay para todos, parece. Lectores de una Feria, lectores de la otra, muchos lectores de las dos. En una, dice Piñeiro, autores conocidos, conferencias, paseo familiar. En la otra, “esa joyita de la editorial independiente que ni se sabe que existe”.
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De esto hablan los editores y los libreros cuando defienden la Ley de Precio fijo en nombre de la “bibliodiversidad”.
Y, además, las ferias de los chicos
Kuki Miler es la dueña de Ediciones De La Flor y durante muchos años presidió el Comité que organizaba la Feria del Libro Infantil. Por eso tiene algo que decir respecto de una Feria más, la de los chicos. ¿Una feria más, una tan especializada?
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“La más antigua, la Feria Internacional del Libro siempre fue pensada para todo público, pero por su estructura y desarrollo la zona infantil dentro de ella funciona como un complemento. Es habitual que sea también donde algunos adultos dejan a los niños haciendo alguna actividad (lecturas, talleres variados, teatro, etc.), mientras ellos recorren la feria o van a algún acto que les interese. Si parte del recorrido está dedicado a ver material infantil hay que buscarlo en los más dispersos stands, muchos que tienen un lugar destinado a libros infantiles, siempre menor en proporción al total de su catálogo, o en stands de editoriales específicamente infantiles diseminados en los varios pabellones de la exposición”, explica.
Una feria propia para los chicos, entonces, resulta a la vez más efectiva y más amable: “En general, lo ideal en una feria infantil es que desde su entrada incorpore a los chicos a un ambiente lúdico, donde los libros y la lectura (especialmente para los que promedian la escuela primaria) sean un placer, diversión, entretenimiento que se diferencia de la lectura escolar obligatoria. Es también una posibilidad de mirar y “tocar”, " libremente los libros lo que permite un contacto directo sin la mediación de los adultos en la elección (salvo cuando necesariamente marcan los límites económicos)“.
La feria es de los chicos, pero los adultos están ahí. “Una de las cosas muy positivas es el compartir con los adultos acompañantes todo el tiempo, incluso es común ver que leen juntos. La visita, dice la editora, “es de atractivos múltiples a descubrir, porque obviamente están en un lugar donde las propuestas son muy diferentes a las pantallas de uso diario”.

¿Son muchas las Ferias del Libro que hay en Buenos Aires? Spoiler: hay otra, además, en el barrio de Boedo. Otra en Flores. Otra de Filosofía. Otra de Derechos Humanos. Hay en San Martín, en Morón, en Quilmes, en Florencio Varela, en San Fernando y más. Hay, por supuesto, en Córdoba, en Neuquén, en Jujuy, en Santa Fe, en Rosario, en Corrientes, en La Pampa, en Tucumán y más y más.
No sé qué dirán de nosotros por ahí. Este es Otro componente -lindo- del ADN argentino.
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