Osvaldo Soriano, autor argentino: “Yo escribo sobre lo nuestro. Mis personajes son perdedores y solitarios que representan aspectos muy fuertes del pais”

El periodista y escritor supo como nadie transformar el fracaso cotidiano y los vaivenes políticos en una épica de la resistencia

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Osvaldo Soriano, escritor argentino: “Yo escribo sobre lo nuestro. Mis personajes son perdedores y solitarios que representan aspectos muy fuertes de Argentina”
Osvaldo Soriano, escritor argentino: “Yo escribo sobre lo nuestro. Mis personajes son perdedores y solitarios que representan aspectos muy fuertes de Argentina”

La literatura argentina suele debatirse entre la vanguardia académica y el fervor de las masas. Pocos nombres han logrado habitar esa tensa frontera con la eficacia, el cinismo y la ternura con la que lo hizo Osvaldo Soriano. Cuando el autor de Triste, solitario y final pronunciaba palabras que definían su obra a partir de los perdedores y los solitarios, no estaba ensayando una queja, sino declarando un principio estético. Para el "Gordo“, narrar a la Argentina requería, de forma obligatoria, mirar a los costados de la autopista del éxito.

“Yo escribo sobre lo nuestro. Mis personajes son perdedores y solitarios que representan aspectos muy fuertes de Argentina”, le dijo en una entrevista a Cristina Mucci, hoy publicada en la página web de la periodista. La frase funcionó como el gran manifiesto oral que Osvaldo Soriano repitió, con variaciones sutiles, en numerosas entrevistas radiales, televisivas y gráficas durante el regreso de la democracia y la década de los noventa. Era su escudo frente a los sectores de la academia que lo tildaban despectivamente de “populista” o “efectista” debido a sus abrumadoras cifras de ventas.

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Esta idea cobró su máxima fuerza tras su regreso del exilio en Francia en 1983. Al encontrarse con una sociedad que intentaba reconstruirse sobre los escombros de la dictadura militar, el escritor entendió que la verdadera identidad nacional no la moldeaban los vencedores de turno, sino aquellos náufragos que sostenían la dignidad en el barro.

Osvaldo Soriano retrató en su obra la soledad y el fracaso como elementos centrales de la identidad argentina y forjó su poética explorando los márgenes sociales y convirtiendo al perdedor en protagonista ético
Osvaldo Soriano retrató en su obra la soledad y el fracaso como elementos centrales de la identidad argentina y forjó su poética explorando los márgenes sociales y convirtiendo al perdedor en protagonista ético

El pensamiento condensado en esa declaración atraviesa como un hilo rojo sus tres obras fundamentales. La primera es Triste, solitario y final (1973), su debut literario es el kilómetro cero de esta filosofía. Al cruzar al mítico detective Philip Marlowe con un alter ego del propio Osvaldo Soriano en un decadente Los Ángeles, fundó su propia mitología: el héroe del policial negro muta en el perdedor querible rioplatense.

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La segunda es No habrá más penas ni olvido (1978), que fue escrita justo antes de su partida forzada a Europa. Esta novela es la radiografía más feroz y satírica de la violencia civil argentina. El peronismo de pueblo se desangra en una guerra absurda donde los personajes matan y mueren sin entender del todo el tablero político. La posterior adaptación al cine en la película No habrá más penas ni olvido (1983), dirigida por Héctor Olivera, grabó a fuego esas imágenes en el inconsciente colectivo.

Y una tercera es Una sombra ya pronto serás (1990), el libro que mejor condensa la madurez de su frase. En los albores del menemismo, un grupo de andariegos sin rumbo recorre las rutas de una provincia de Buenos Aires desértica y empobrecida. La adaptación homónima en el film Una sombra ya pronto serás (1994), a cargo de Héctor Olivera, retrató a la perfección el sálvese quien pueda de una época de desmantelamiento estatal.

Osvaldo Soriano
Tres libros clave de Osvaldo Soriano

¿Por qué estos libros dinamitaron los rankings de las librerías? La importancia de la obra de Osvaldo Soriano radica en que despojó al “perdedor” de la categoría de desecho social para convertirlo en un héroe ético. El boxeador Rocha en Cuarteles de invierno (1980) o el cónsul Martínez en A sus plantas rendido un león (1986) no fracasan por falta de voluntad; fracasan porque las estructuras de poder (sean dictaduras, corporaciones o crisis económicas) son monstruos demasiado grandes.

La soledad de sus personajes refleja de manera fiel la soledad de una ciudadanía históricamente pendular. Al leer a Osvaldo Soriano, el lector argentino de los ochenta y noventa no encontraba un escape, sino un espejo de sus propias frustraciones colectivas, narradas con la velocidad del periodismo y el pulso seco del mejor cine negro americano. El autor demostró que, en este rincón del mundo, perder con los ojos abiertos es la única forma que tienen los honestos para mantenerse en pie.

¿Quién es Osvaldo Soriano?

Osvaldo Soriano nació el 6 de enero de 1943 en Mar del Plata, Argentina. Debido al trabajo de su padre, su infancia transcurrió en un constante peregrinaje por diversos pueblos de las provincias de Buenos Aires, San Luis y Río Negro, un arraigo itinerante que luego plasmaría de forma magistral en las rutas de sus novelas.

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El exilio marcó su vida y su literatura, pero también abrió camino a su consagración internacional. Soriano fue despedido como el último gran narrador popular, tras una carrera que unió periodismo y ficción con mirada crítica y ternura

Tras abandonar los estudios secundarios y probar suerte sin éxito como futbolista, comenzó su carrera periodística en la ciudad de Tandil, para luego instalarse en la capital porteña en 1969. Allí formó parte de redacciones míticas como el diario La Opinión, fundado por Jacobo Timerman, y años más tarde se convirtió en uno de los cofundadores y firmas más emblemáticas del diario Página/12, donde sus crónicas dominicales marcaron una época.

Con el golpe de Estado de 1976, Osvaldo Soriano debió exiliarse, viviendo primero en Bélgica y luego en Francia, países desde donde su obra comenzó a traducirse a decenas de idiomas y a cosechar un notable éxito internacional. A lo largo de su carrera literaria publicó novelas fundamentales de las letras nacionales como Triste, solitario y final (1973), No habrá más penas ni olvido (1978), Cuarteles de invierno (1980), A sus plantas rendido un león (1986) y Una sombra ya pronto serás (1990), además de memorables volúmenes de relatos y aguafuertes reunidos en Rebeldes, soñadores y fugitivos (1988) o Cuentos de los años felices (1993).

Ferviente amante de los gatos y apasionado hincha del club San Lorenzo de Almagro, el “Gordo” falleció prematuramente a causa de un cáncer de pulmón el 29 de enero de 1997 en Buenos Aires, a los 54 años, siendo despedido por una multitud de lectores que vieron en él al último gran narrador popular argentino.

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