
Marcelo Rubens Paiva es el escritor brasileño cuyo libro Aún estoy aquí inspiró la película homónima dirigida por Walter Salles y ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera en 2025. Esta semana, llega a Buenos Aires para participar de una serie de actividades en la Feria del Libro: el viernes participará de una charla junto a Ana Correa y Eduardo Sacheri, y luego firmará ejemplares de su libro más famoso e internacional.
Ainda estou aquí es potente historia familiar que se convirtió en símbolo, en un principio iba a centrarse en la figura de su padre, Rubens Paiva -un ingeniero civil y dirigente político, detenido, desaparecido y asesinado en 1971-, pero terminó convirtiéndose en el retrato de la lucha de su madre, Eunice Paiva, contra la impunidad de la dictadura militar que gobernó Brasil en un largo período de 21 años, entre 1964 y 1985. El filme, protagonizado por Fernanda Torres, se convirtió en un fenómeno internacional y puso en primer plano la memoria y las heridas abiertas de la historia reciente de Brasil. “¡Es inacreditável", exclama el autor por videollamada desde San Pablo. “La película se proyectó en mil salas en los Estados Unidos y diez mil salas en China”, agrega.
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Paiva, que nació en Río de Janeiro pero ahora es paulista por adopción, dice que ama a Buenos Aires por su aire europeo en plena América del Sur. Y reflexiona: “Los paulistas son muy semejantes a los porteños. Los cariocas son más relajados, no tienen mucho compromiso con horario. El carioca no está deprimido, va al mar, a la playa, mar, Corcovado, samba, carnaval... Mientras que los porteños y los paulistas tienen casi una soledad que lleva a la depresión. Y me gusta más el aspecto urbano de Buenos Aires que de São Paulo. Es una ciudad muy internacional y me gusta mucho ese ambiente.”

Durante la conversación, Paiva también compartió su admiración por el cine argentino y su influencia en la adaptación: “Tiene una capacidad de no hacer cosas melodramáticas, de evitar el bien y el mal, lo enemigo y lo amigo. El secreto de sus ojos fue una gran inspiración porque habla sutilmente de la dictadura, sin enfrentamientos armados, y aborda el drama personal y familiar de quienes fueron afectados.”
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“Aún estoy aquí”, fenómeno global
—¿Cómo viviste el fenómeno global que significó la adaptación de tu libro al cine?
—Es muy diferente la experiencia de un escritor que no tiene tantos libros traducidos, a la experiencia de un escritor que tiene un filme que es una adaptación del libro, y que hace que las personas quieran leer el libro para saber más de la historia, saber más detalles, porque el libro es más completo que el filme. Y tiene que ser así, ¿no? El filme tiene que ser un resumen del libro. Es difícil traducir un libro al cine con todas las complejidades y cuestiones de tiempo. Entonces, Walter Salles captó aquel momento de la dictadura, mientras el libro capta toda la historia de mi mamá desde la infancia hasta el Alzheimer. Y ahora las personas están queriendo saber quién fue mi mamá, mi familia. Es bastante curioso, después de cuarenta años de escritor, vivir esta experiencia.
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—¿Cuál fue tu enfoque al trabajar en el guion y por qué elegiste inspirarte en el cine argentino?
—Lo primero que le dije a Walter Salles cuando acordamos hacer el filme fue: “Hagamos una película argentina”. En ese sentido, El secreto de sus ojos fue una gran inspiración. Y en nuestro caso, es un conflicto que fue muy poco explorado en el cine brasileño. Nosotros vivimos diferente la dictadura. Y desde el cine, salvo algunas excepciones, también. En Brasil tenemos un problema muy grande: el lenguaje de la telenovela, que influenció el cine por mucho tiempo. Pero ahora estamos liberándonos un poco. La telenovela no es profunda, es superficial.
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—¿Cómo fue para vos afrontar el peso emocional de contar la historia de tu madre en el libro y luego verla en la película?
—Fue así desde el primer día que comencé a escribir el libro, porque ella estaba viva. Y era una especie de invasión de su privacidad que a mí me incomodó un poco. Empecé a escribir, paré y retomé. Cuando ella ya estaba con un estadio de Alzheimer bastante avanzado, me sentí con el derecho de exponer su historia, porque ella fue la verdadera heroína, la verdadera protagonista de esta familia de una lucha democrática. Ella incluso antes que mi padre.
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Mi padre vivió durante el golpe del 64 y fue preso en 71. Preso, muerto y torturado. Pero mi madre vivió el golpe del 64, el exilio de mi padre, fue presa con mi padre y vivió después. Luchó por el reconocimiento de la muerte, también por el regreso de la democracia, y por los derechos indígenas. Ella se volvió una figura pública muy importante durante el proceso democrático. Era una mujer que a la vez tenía que vivir como madre con cinco hijos, sin mucho dinero, porque la cuestión de los desaparecidos políticos es que las familias no tenían acceso a las cuentas de sus parientes.
—¿Qué te impulsó finalmente a escribir el libro?
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—Decidí que debía escribir porque también teníamos en Brasil una ascensión de la extrema derecha que deseaba retornar el régimen autoritario, exactamente como Milei ha hecho en Argentina, como Trump hace en Estados Unidos. Una aspiración autoritaria que busca valores que nosotros ya estábamos acostumbrados a olvidar. Estaban en el pasado, pero que ahora son recuperados como valores insanos, conservadores. Brasil fue el primer país que vivió la experiencia de elegir como presidente a un ex capitán de la dictadura, con generales y con militares de la dictadura en el gobierno y diciendo cosas como: “Se torturó muy poco, debería haber matado a tres mil”, elogiando a Pinochet, elogiando y premiando a torturadores. Fue muy difícil y yo decidí escribir un libro para hablar de este tema porque la gente estaba creyendo en este discurso. Porque no hay memoria.
—En ese sentido ¿Cómo describirías la dictadura brasileña en comparación con la argentina y otras de la región? Se la suele ver de otra manera...
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—Es que la dictadura brasileña en el 75, 76, se puso un poco más tranquila: muchos exiliados uruguayos y argentinos vinieron a Brasil. Del 64 a mediados de los 70 fue el periodo más violento. La información fue muy poco difundida. Por ejemplo, nosotros no sabemos los números exactos de los desaparecidos, porque muchas familias tenían miedo de hablar de esto. Y también están los muertos indígenas, que resistieron porque los militares querían ocupar la Amazonia. También los negros sufrieron una especie de racismo que al mismo tiempo era político. Y los homosexuales... En los años 70, muchos tuvieron que exiliarse y muchos no volvieron.

—¿Cuáles son a tu criterio las diferencias principales respecto a otras dictaduras del Cono Sur?
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—Era una dictadura diferente, no era como en Argentina o Chile, que fue instantánea y con una violencia muy sádica en pocos años. Hay una sospecha de que mi padre fue arrojado de un helicóptero, de un avión, exactamente como en Argentina con “los vuelos de la muerte”. Pero es una suposición, no sabemos si es verdad o no. Si uno mira el complejo de la guerra fría por toda América Latina, el primer golpe de Estado fue en Guatemala, con la familia Arbenz, que fue muy semejante al golpe brasileño: la CIA y una propaganda tipo “los comunistas están llegando”. Después vino el golpe en Brasil, en 1964. La tecnología de la tortura y el método de los desaparecidos políticos fue implementada inicialmente en Brasil. Creo que los primeros desaparecidos políticos de América Latina fueron brasileños.
Me recuerda cuando estuve en Argentina en 1977, viajando como estudiante. En Brasil, nosotros respirábamos un poco de libertad, había manifestaciones en la calle y los sindicatos y las organizaciones estudiantiles se reorganizaban. Y era lo opuesto de la Argentina, que vivía como nosotros habíamos vivido años antes. Recuerdo que fui de Asunción a Buenos Aires en ómnibus y tren. Llegué a Santa Fe. Yo y un amigo fuimos a una pensión. En medio de la madrugada golpearon la puerta, era la policía: nos tuvieron una hora de interrogatorio, preguntando qué hacíamos, adónde ibamos. Se comportaban como los militares brasileños se comportaban diez años antes.
—¿Cómo comenzaste a explorar tu propia historia en la literatura y qué impacto creés que tuvo?
—Mi primer libro, Feliz Ano Viejo, fue también un testimonio personal. Después partí hacia la ficción buscando hablar de mis problemas a través de otros personajes, que es lo que hacemos con la ficción, con el cine, con el teatro. Retorné en 2014, treinta años después, para escribir una autobiografía. Tuve una vida muy particular y siento la literatura como una misión, como un deber de transmitir mis problemas. El problema que mi familia sufrió es un problema que todo el mundo puede sufrir.
*Marcelo Rubens Paiva se presenta en la Feria del Libro el viernes 8 de mayo: a las 17.30 h en la Sala José Hernández participa del diálogo Del libro a la Alfombra Roja con Ana Correa (Somos Belén) y Eduardo Sacheri (El secreto de sus ojos). Coordina: Ingrid Bejerman. Y a las 20, firma ejemplares en el stand de Riverside Agency, nº 817, del Pabellón Verde.
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