
La pandemia ya se aleja, parece que hubiera sido en un tiempo sin tiempo, hace nada y hace poco, pero apenas se habla ya de ella. Sin embargo el arte en cualquiera de sus disciplinas comienza a dar cuenta de ella. Series, películas, exhibiciones, canciones, y algunos libros.
Es notoriamente breve la literatura que la tiene como escenario, aunque sea de manera lateral, si bien hay textos más duros que la tienen como objeto de análisis. A Contacto: Un collage de los gestos perdidos (Godot, 2021), de Edgardo Scott, Más que nunca vivos, de Valeria Wald y María Paula Ratti (cielo de pecas., 2022), por mencionar solo algunos, se suma el flamante Restos diurnos, de Jorge Zima, un volumen inclasificable.
Restos diurnos (De los cuatro vientos, 2026), del músico y artista integral Jorge Zima, es un libro único, en el que poemas, reflexiones ensayísticas, aforismos e ilustraciones se entrelazan. Restos diurnos se gestó, casi sin querer, en pandemia, cuando Zima volvía a su casa tras acompañar a su madre –tal como relata en las “Palabras previas”– y se enfrentaba a un cuaderno para “bajar algunos de esos pensamientos”.
En ese texto preliminar, también relata que “desde siempre” ha hecho garabatos, “al principio en los márgenes de las carpetas de la escuela. Con el tiempo fueron ganando espacio”. Y así sucedió, también, en estos dos años: sin intención, textos e ilustraciones fueron brotando en medio del caos del encierro, y Zima los dejó ser. Sin la idea, siquiera, de que en algún momento vieran la luz.

Parece lógico para un músico, director de cine –de Noche en la terraza y Boca de fresa, ambos largometrajes estrenados comercialmente– y gestor cultural –fundó junto con María Laura Giménez el espacio cultural Vaca Profana (2003–2010)– permitir que fluyan las ideas de algún modo en una etapa en la que la incertidumbre es el único horizonte posible. Y vaya que lo logró.
En ochenta y cinco páginas condensa el sentir propio, pero de algún modo un poco el ajeno acerca de un momento que hoy parece brumoso.
Infobae Cultura conversó con Jorge Zima sobre su primer libro, que firmará el martes 28 de abril a las 20:00 en el stand 1222, del Pabellón Verde (Gárgola Ediciones - De los Cuatro Vientos), de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
—Desde el principio mencionás que la introspección en la pandemia fue “inevitable”. ¿En qué momento sentiste que ese proceso personal debía transformarse en obra y no quedar solo en lo íntimo?
—Eso fue después. Durante el período de pandemia y cuarentena simplemente fui experimentando la necesidad de volcar pensamientos, sensaciones, cosas que pasaban por la cabeza y el corazón, en el papel. Ya sea en algunos textos o en dibujos. Pero no lo hice con ninguna intención de que transcendiera de mi escritorio. Ni siquiera de que esos dos elementos: textos y dibujos fueran a convivir, como finalmente lo hicieron, en un libro. Simplemente que al observar esa acumulación y esa proximidad física, me pasó por la cabeza que “querían” dialogar.

—¿Cómo decidiste ponerlos a dialogar?
—Como te decía, se dio de una manera natural. Y tuve que superar cierto pudor para decidirme a que algo tan íntimo, sobre todo con los textos, se hiciera público. Pero lo tomé como un desafío interesante en mi recorrido artístico. Yo ya venía notando que mi proceso creativo se estaba nutriendo cada vez más de elementos personales y profundos. Digo, en lo que filmaba o en los guiones. Que estaba logrando expresar sentimientos que antes me los reprimía, sin darme cuenta, claro. Y este libro, se fue convirtiendo en un paso más en ese sentido. Y le doy la bienvenida.
—En varios pasajes aparece la idea del subconsciente y lo no racional. De hecho, el título está ligado con un concepto del psicoanálisis, también… ¿Qué lugar ocupa lo inconsciente en tu proceso creativo?
—Un lugar muy importante. Son las aguas más profundas del río. Por ejemplo, los dibujos que aparecen en el libro son productos casi puros del inconsciente. Es lo que sale sin que yo tenga nada que ver. Y ahí está la gran paradoja, porque los miro y no recuerdo haberlos hecho: es como si no me pertenecieran y, al mismo tiempo, sospecho que estoy ahí más que en muchas otras cosas. Como en los sueños, no hay manera de que uno mienta en un sueño, no hay nada más profundamente de uno y más verdadero. Sin embargo, parece que se desarrollaran al margen.

—En Restos diurnos, el aislamiento funciona como refugio y límite a la vez. ¿Cómo dialogan esas dos dimensiones en tu mirada sobre la pandemia?
—Me resulta curioso lo poco que venimos hablando y reflexionando sobre aquel período. Tengo la sensación de que nos marcó mucho más de lo que creemos. Y que tal vez, esa transformación, sea menos evidente porque no hay nadie que pueda mirar el fenómeno desde afuera. Todos fuimos parte, a todos nos sucedió. Por supuesto que en esta realidad que nos igualaba en un aspecto, seguían existiendo las inequidades de siempre. Fue una época muy dura, pasamos por muchos estados: temor, incertidumbre, ilusión y desencanto. Nuestros hogares eran los lugares en los que estuvimos recluidos, pero también a resguardo. Yo sentí que tenía una pequeña ventaja porque mi actividad de artista me había dado más herramientas para enfrentar la soledad y el aislamiento. La posibilidad de ir hacia adentro mío y explorar. Y eso se dio con mayor intensidad en ese tiempo, como una necesidad todavía más imperiosa. Yo creo que la creación se potencia con los límites, los precisa de alguna manera.
—El tiempo —su transcurrir y su relación con el pasado y el futuro— parece ser un eje central del libro. ¿Cómo la trabajaste en los textos?
—Ese tema me ha acompañado siempre, y no creo tener exclusividad en esto. ¡El tiempo es el gran misterio! La novedad, en todo caso, es que en este libro me animé a hablar mucho más de esto. En gran medida, por lo que te conté antes, no escribí pensando en publicar. Eran apuntes para mí. Notas de un náufrago que precisaba constatar su existencia.

—La obra tiene un fuerte componente autobiográfico, pero también deja espacio a la interpretación del lector. ¿Qué tan importante es para vos que el sentido quede abierto y no cerrado?
—Ahora que puedo observar este libro, y que también comienza a llegar a otras manos, hay algo que me gusta especialmente, y es que compruebo que es un dispositivo que abre el diálogo, la comunicación. Y me parece que eso se da justamente porque nada está cerrado. Sin darme cuenta hice este libro por una desesperada necesidad de comunicación. Y para comunicarse hay que dejar espacio para el otro, hay que mostrarse incompleto.
[Fotos: prensa Jorge Zima].
La entrada, los horarios, los días
- Entrada;
El precio de la entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires es de $8.000 pesos de lunes a jueves y de $12.000, los viernes, sábados y domingos.
Con esa entrada, el visitante recibirá un chequelibro con el que podrá obteber descuentos en librerías cuando termine la Feria.
- Ingreso gratis:
De lunes a jueves desde las 20.
- Fecha:
La Feria continúa hasta el 11 de mayo.
- Horarios:
De lunes a viernes de 14 a 22. Sábados, domingos y feriados, de 13 a 22.
- Dónde:
En La Rural, Av. Sarmiento 2704; Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia), C. A. B. A.
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