Olivier Assayas asume el desafío de llevar “El mago del Kremlin” al cine: “La manipulación de la verdad está en el corazón del poder”

El director francés cuenta detalles de la esperada adaptación de la novela de Giuliano da Empoli y por qué eligió a Jude Law para personificar a un maquiavélico Vladimir Putin

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Tráiler de "El mago del Kremlin", de Olivier Assayas

El mago del Kremlin es parte de esa familia de películas en las que intento conectar con la realidad contemporánea”, afirma Olivier Assayas, el director francés que vuelve a sorprender con la adaptación cinematográfica de la exitosa novela homónima de Giuliano da Empoli. La historia se adentra en la Rusia postsoviética y sigue la transformación de Vadim Baranov, un productor de televisión convertido en estratega político durante el ascenso de Vladimir Putin al poder. Protagonizada por Paul Dano como Baranov, Jude Law en el desafiante papel del presidente ruso y Alicia Vikander como Ksenia (un personaje central en la historia), la obra explora la manipulación del poder y la fragilidad de la verdad en el corazón del Kremlin.

La novela de da Empoli, que se convirtió en un fenómeno editorial, ha sido leída y debatida en los principales círculos políticos y económicos de Argentina, donde su retrato del poder y la maquinaria de influencia despertó comparaciones con ciertas (actuales) dinámicas locales. Publicada en 2022 pero fervientemente actual por motivos geopolíticos de público conocimiento mundial, generó discusiones por su retrato de la construcción del régimen y la figura del “spin doctor”, el operador que manipula las percepciones públicas y privadas en la era de la posverdad. Sobre el personaje central de la historia, Assayas aclara: “No quería que Jude Law imitara a Putin, sino que fuera creíble en el papel y pudiéramos captar algo de su personalidad”.

Assayas, reconocido por su habilidad para mezclar política y retrato personal -suyo es la monumental biopic de casi 6 horas Carlos (2010) sobre el terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez-, encontró en este material la oportunidad de reflexionar sobre el impacto de los discursos oficiales y las sombras del poder real. El director optó por una adaptación que abandona la infancia del protagonista para centrarse en el proceso de transformación adulta y la tensión entre relato y realidad, un gesto que refuerza la dimensión universal de la historia. El estreno de El mago del Kremlin en Argentina se presenta no solo como un acontecimiento cinematográfico, sino como un disparador de debates sobre el autoritarismo y la manipulación, temas centrales en la agenda pública global.

Olivier Assayas en el estreno de 'El mago del Kremlin' en el Festival de Venecia 2025 (Foto: REUTERS/Yara Nardi)
Olivier Assayas en el estreno de 'El mago del Kremlin' en el Festival de Venecia 2025 (Foto: REUTERS/Yara Nardi)

—¿Cómo ubica El mago del Kremlin” dentro de su trayectoria como cineasta?

—He amado hacer todas mis películas francesas, íntimas e independientes; de allí vengo y allí regreso de vez en cuando. Pero, cada tanto, necesito abrir puertas o ventanas para dejar entrar aire fresco y tener la sensación de que no estoy totalmente desconectado de la realidad contemporánea. Así que, de vez en cuando, me gusta hacer películas que aborden la historia moderna.

—¿Con qué otros trabajos propios asocia esta película?

—He hecho eso con Carlos, Wasp Network y, finalmente, ahora con El mago del Kremlin. Forma parte de esa familia de películas, y curiosamente, la única mía que tenía en mente al hacer esta fue Demonlover en 2002, porque era una obra algo distópica, vanguardista. Para mí, era como si ese mundo ahí descripto lo hubiera invadido todo, y lo que antes era una corriente subterránea se convirtió en realidad.

—¿Cómo resolvió el desafío de adaptar la novela al formato cinematográfico?

—Pensé que iba a ser extremadamente difícil, pero resultó mucho más sencillo de lo esperado. Por ejemplo, la novela tiene una primera parte sobre la juventud de Vadim Baranov, su abuelo y su padre. Eliminamos todo eso. Comenzamos cuando él ya está en proceso de transformarse y hacerse adulto. Eso fue bastante fácil y obvio. También convertimos mucho de lo que era un monólogo en diálogo, y le dimos más peso al narrador. El narrador no es solo el narrador; es quien hace las preguntas difíciles y no deja que Baranov se salga con medias verdades o mentiras, y no es manipulado como en la novela. Ese cuestionamiento constante crea una dinámica particular.

el mago del kremlin
En la película de Assayas, Paul Dano interpreta a Vadim Baranov y Jude Law asume el desafiante papel de Vladimir Putin

—¿Qué importancia tuvo el desarrollo del personaje de Alicia Vikander (Ksenia) en la adaptación?

—Fue importante fue desarrollar ese personaje, que en el libro es menor -una sombra, la novia de Baranov-, pero poco más que eso. Le dimos importancia a su historia, y para mí se convirtió en la encarnación de lo que le fue robado a la juventud rusa por el régimen totalitario de Vladimir Putin.

—¿Qué visión buscó transmitir sobre el ascenso de Putin y la memoria histórica en Rusia?

—Se trata del ciclo de noticias. Algo ocurre en el mundo y durante dos días es lo más importante. Al tercer día, ocurre otra cosa y todo el circo se traslada a la siguiente ciudad. Luego, tres meses después, pasa algo relacionado con aquel primer hecho, pero ya se olvidó el comienzo de la historia, aunque recuerdas lo suficiente como para poder entender lo que ocurre ahora.

—¿Qué papel tienen el cine y la ficción en la comprensión de los procesos históricos que están sucediendo en el mundo?

—Lo más interesante que se puede hacer al hacer películas sobre la historia moderna es unir los elementos y reconstruir la continuidad. Es como un rompecabezas: cuando juntas todas las piezas, surge una imagen completamente diferente ante tus ojos. Las películas y otras formas de ficción pueden ayudarnos a entender lo que ya sabemos pero no logramos procesar de la manera correcta porque faltan piezas.

—¿Cuándo conoció a Jude Law y cómo surgió la idea de que interpretara a Vladimir Putin?

—Nos conocimos cuando ambos fuimos jurados en el Festival de Cannes en 2011, cuando Robert De Niro fue presidente. Nos llevamos muy bien y coincidimos en la mayoría de las películas. Los dos defendimos que El árbol de la vida, de Terence Malick, ganara la Palma de Oro.

—¿Por qué lo eligió para este papel tan sensible?

—El proceso de casting fue muy delicado. Primero quería trabajar con un actor desconocido, pero cuando pensé en Jude Law, me inspiró el hecho de que era una estrella de cine en el sentido más amplio, pero también un actor capaz de transformarse. Le gusta investigar y cambiar físicamente, y debía interpretar a Putin durante quince años, así que, aunque lo reconocemos, también es muy distinto. No quería que imitara a Putin, solo que fuese creíble para captar algo de su personalidad.