Alejandro Droznes explora la geografía íntima del rock argentino en nueve relatos

El libro ‘Aquí tu libertad’ reúne textos sobre Miguel Abuelo, Andrés Calamaro, Bersuit Vergarabat, Babasónicos, Los Piojos, Litto Nebbia, Los Fabulosos Cadillacs, Fito Páez y Pity Álvarez. Infobae Cultura comparte el capítulo dedicado a este último

Guardar
Primer plano de Alejandro Droznes, hombre con barba, lentes y gorra, junto a la portada azul del libro "Aquí tu libertad" que presenta una guitarra estilizada
El autor Alejandro Droznes, con lentes y gorra, sonríe junto a la portada de su libro "Aquí tu libertad", una obra que explora nueve lugares esenciales para el rock argentino.

Alejandro Droznes, escritor y traductor de Raymond Williams y Slavoj Žižek, publica su segundo libro, Aquí tu libertad: Nueve lugares para el rock argentino (Altamarea), un ensayo que propone leer nueve discografías del rock argentino a través de una premisa poco frecuente en la crítica musical: no es qué dijeron los artistas, sino desde dónde lo dijeron.

El libro parte de la idea de que cada artista construye un territorio propio. Miguel Abuelo, Andrés Calamaro, Bersuit Vergarabat, Babasónicos, Pity álvarez, Los Piojos, Litto Nebbia, Los Fabulosos Cadillacs y Fito Páez son los nueve nombres elegidos. A cada uno le corresponde un lugar: Argentina, Barrio Norte, el exilio, Lanús, Núñez, el suburbio, América, el trópico, Madrid. La geografía no opera aquí como decorado sino como categoría de análisis: el espacio donde una obra se origina determina cómo esa obra se escucha y se habita.

El fragmento que se reproduce a continuación pertenece al capítulo dedicado a Pity Álvarez y al barrio de Núñez. La elección puede sorprender. Pity nació y vivió en Villa Lugano, en el extremo sur de la ciudad, y su música estuvo siempre asociada a ese territorio. Pero Droznes trabaja con una tensión: la de un artista que proviene de un barrio y que, durante los años de Intoxicados, se acercó a otro público, a otra geografía simbólica, para luego —en un gesto que el texto narra con precisión— rechazar a ese público desde el escenario de Vélez. El capítulo rastrea ese movimiento de ida y vuelta con recursos que van de la crónica a la digresión personal, del análisis de letras al testimonio periodístico.

Pity Álvarez y Núñez

Que sea rock es una película del año 2006 que está dedicada al rock nacional. Está dividida en segmentos de unos diez minutos, y cada segmento está dedicado a una banda determinada.

La parte de Intoxicados empieza con una versión en vivo de “Una vela”, cuya primera frase dice: “es que cerca de mi casa vive una piba / que por cinco mangos te chupa la pinga”. Reflexiones sobre la inflación aparte, la sordidez continúa a lo largo de toda la canción: mi puntero, fierro, balas, camino de tierra, Echeandía, la yuta, el Mundial de Japón, esos putos. Después la parte que es en vivo termina y se lo ve a Pity en una entrevista. Está en un departamento y cuenta: “el día que escribí este tema no tuve que pensar nada más que lo que hacía yo cuando me iba desde mi casa hasta la sala de ensayo”.

Ese sería, entonces, el lugar de Pity: espacios como Piedrabuena, el Barrio Cardenal Samoré, Ciudad Oculta. La zona que se ve en los mapas de la Capital Federal en la que hay lagos y grandes y misteriosos predios verdes y se juega la Copa Davis: terra incognita para mí.

Pero la versión en vivo que se ve en la película está sacada de un show en Obras Sanitarias en el marco del festival Pepsi Music del año 2005. El escenario está al aire libre y por eso “Una vela” suena sobre el horizonte de los edificios de la avenida del Libertador y no en Villa Lugano.

Después de contar cómo compuso “Una vela” Pity agarra una guitarra y toca, en ese mismo departamento, “Fuego”.

El segmento de Intoxicados en Que sea rock permite así, a sabiendas o inconscientemente, ver las dos caras de Intoxicados. Por un lado el repertorio para el público barrial que seguía a Pity desde Viejas Locas: “Una vela”, “Un tema de mierda”, “Te la vamos a dar”, “Transan”, “Comandante”. Por el otro “Se fue al cielo”, “No tengo ganas”, “Nunca quise”, “Fuego”, “Casi sin pensar”: las canciones de clase media que pueden gustarle a un muchacho nacido y criado en Colegiales, o sea yo. Son dos sistemas de relato, dos líneas paralelas, dos imaginaciones distintas.

***

Pasó un año desde el show de Intoxicados que se ve en Que sea rock. Es la noche del treinta de septiembre de 2006 y adelante está el escenario del Pepsi Music. Hacia el final del show el baterista empieza a hacer una base y Pity Álvarez avisa que van a tocar un cover y dice: “Un desafío nada más. ¿A ver si anda mi amigo por ahí? ¿A ver Adriancito?”. Cantaron juntos “Patinador sagrado” de Babasónicos y para extremar el barroco también hubo un arpegio de “Rezo por vos”, de García-Spinetta.

La escena resume el acercamiento de Pity a una cultura que no es la cultura barrial que pregonara desde Viejas Locas.

“Los zapatos son de Moris” dice Pity en ese falso almuerzo con Mirtha Legrand que se ve en el DVD Otro día en el planeta Tierra. El relato subyacente del disco habla de un mundo invadido por hormigas que tienen cautivo a Federico Moura, líder de Virus y verdadero antípoda estético de toda impronta chabona; además la frase “estamos enfermos”, de “Fuego”, viene de “Pecados para dos”. Justamente “Fuego” es cantada a dúo con Calamaro: fue Calamaro el que le pidió participar a Pity, y no al revés.

En el ámbito internacional la referencia a los Rolling Stones desaparece y empieza a verse a los Beatles: “Disculpá si te parece raro / pero comparto la opinión / que escuché en una canción (”Let it be")” se escucha en “Nunca quise”. También hay altas dosis de Pink Floyd (“Felicidad, depresión”) y de James Brown (“Jaime Marrón”). Su hija se llama Blondie, como la banda estadounidense.

Inversamente, Pity empezó a ser reconocido fuera de su ámbito de pertenencia. Cantó “La sal no sala” con Charly: en los términos de García, y por las guitarras octavadas de canciones como “No tengo ganas” y “Fuego”, Intoxicados puede entenderse como la “maravillización” de Viejas Locas. Spinetta dijo en público “me gusta Pity Álvarez, loco divino”, y según Juanse solía elogiarlo aún más en privado. Fito lo invitó a cantar “Cable a tierra” y antes de empezar se dirigió al público: “yo les pido silencio porque lo que hace Pity es de una orfebrería emocional tan fuerte”. Cerati lo enalteció. Dárgelos no solamente cantó con él; también lo defendió del sarcasmo televisivo de Roberto Pettinato en el programa Un mundo perfecto. Paco Amoroso y Andrés Ciro han hecho, cada uno por su lado, versiones de “Aunque a nadie ya le importe”, que es de Sergio Toloza, guitarrista de Viejas Locas, pero tiene infusa la gracia de Pity. Leo García y Usted Señálemelo han hecho versiones de “Nunca quise”, pero es la versión de Ainda Dúo la que por su atmósfera lounge podría formar parte de un eventual Bossa ´n´ Pity: excelente música de fondo para los locales gastronómicos de la parte más favorecida de la ciudad.

(Escribía esto en Colonia del Sacramento, lugar pituco si los hay en el sur del mundo, y decidí subir a la terraza de un café frente al río para regalarme un momento y una cookie. El local se llamaba Serrano Café y mientras subía rogué que no hubiese música: por algún motivos los responsables de muchísimos bares eligen llenar de ambiente a sus clientes, y yo prefería el silencio del agua, la tarde y los ceibales. La cuestión es que puse un pie en aquel privilegiado mirador en el que podía sonar sin ningún problema esa música electrónica que se inventó para disfrutar los atardeceres en Ibiza y estaba empezando exactamente, ni dos segundos antes ni dos segundos después, “Nunca quise”. Había una pareja muy cool, él con barba y tatuajes y ella con un flequillo sofisticado hasta lo trascendental. Ella cantaba la canción).

En aquel recital del Club Ciudad la gente le pidió toda la noche por el regreso de Viejas Locas pero Pity siguió profundizando una narrativa interestelar (Otro día en el planeta Tierra, El exilio de las especies) que, en términos sociales, significó acercarse durante algunos años a la galaxia de la clase media.

***

En el año 2008 fuimos con unos amigos a un festival llamado Ciudad Oculta Rock. Es un encuentro solidario que se hace cada 25 de mayo en Ciudad Oculta. Era domingo, el Mercado de Hacienda no estaba lejos y se sentía el aire de campo propio de la zona de Mataderos.

Creo que fuimos porque queríamos completar nuestro vínculo con Pity. Queríamos ver a Intoxicados en su primer ámbito de pertenencia, y no junto a la avenida del Libertador. Queríamos verlos en contexto, lejos de los festivales sponsoreados que se hacían, por lo general, en el barrio de Núñez. También es posible que fuésemos en representación de ese otro público de Pity.

Tomamos un taxi en Caballito, le dijimos al chofer dónde íbamos y sucedió una de las conversaciones más instructivas que tuve sobre estética. Él venía de un extracto social humilde y nosotros, a grandes rasgos, de la Comuna 13. Nos pusimos a hablar de Pity con él. Nos dijo que le gustaba más Callejeros y empezó una charla comparando esas dos bandas. Yo elogié la música de Pity y él dijo que Callejeros le parecía mejor porque las letras eran más filosóficas y menos superficiales. Fue un momento importantísimo. Para mí las letras de Callejeros eran torpes mientras que en las de Pity la sustancia estaba embebida en una simplicidad plebeya solo aparente…

Al llegar se hizo bastante evidente que éramos sapos de otro pozo. Era obvio porque éramos los únicos, entre miles de personas, que teníamos ropa de colores. Todo el resto usaba buzos y camperas en blanco y negro. Ahí “Fuego” sonaba extranjera. Y “Una vela” funcionaba como himno. No había, a diferencia del norte de la ciudad, logos ni stands ni carpas temáticas. Nadie filmaba con el teléfono inteligente, que ya existía: a uno de mis amigos se le ocurrió sacar el suyo y, según me contó un minuto después del hecho, se lo robaron como pidiéndoselo y casi con amabilidad.

Al poco tiempo Intoxicados se disolvió y fuimos a Vélez a ver la vuelta de Viejas Locas. Con Intoxicados Pity había pasado de “Lo artesanal” a “Las cosas que no se tocan”, de lo manual a lo simbólico, pero ahora volvía al punto de partida. Como puede verse en el videoclip de “Perro guardián”, tema que lanzaron para promocionar el regreso, Pity, que venía de años de pelo multicolor, se tiñó de negro para ese show.

Guardo en mi corazón el inicio de “Caminando con las piedras”: cantando la melodía instrumental de la introducción, la que en el disco hace la armónica, pude sentir al estadio de Liniers girando con el cosmos.

Y promediando el recital pasó algo.

En un intervalo entre canción y canción Pity dijo algo así como que él era Perón. Y dijo algo así como: “ya no los necesito”. Se refería a su público más fiel: el que se identificaba con Viejas Locas y había llenado Vélez para ver la vuelta del grupo. Si entendí bien, la analogía era la siguiente: Pity era Perón y su público más fiel era la Juventud Peronista, en la que Perón se apoyó para descartarla una vez que llegó al poder. Era como si Pity estuviese diciendo: “ahora que logré un público más amplio, ahora que salí del ámbito estrictamente barrial, ya no los necesito”.

No había teléfonos así que esto no puede verse en YouTube. Pero te ruego, amable desconocido, que tengas un gesto de confianza y creas, sin siquiera dudarlo, lo que te cuento. (Para confirmar el dato consulté al periodista Ezequiel Ruiz, que investigó la trayectoria de Pity y me dijo: “Fue totalmente así. Confirmo esto que decís. Yo también quise reconstruirlo al detalle pero nunca encontré grabación ni en video ni en audio”. En su nota de aquel momento, incluida en el medio under El acople y titulada “Viejas Locas en Vélez: el manifiesto desastre”, Ruiz transcribió así la frase: “Que se vayan de acá los rolingas; en una época nos sirvieron, ahora ya no”).

Pity, en un extraño gesto, había hecho la presentación de ese recital en Puerto Madero. Cada vez más lejos de su ámbito primero, años después llegaría a decirle a su público que estaba yendo en avión privado a un show de Viejas Locas en Tucumán (que terminó suspendiéndose en medio de grandes desmanes y “que salía capaz de lo nacional, te digo la verdad, Bebe” le dijo a Contepomi en Mega 98.3).

Y esa noche, en el José Amalfitani y con la frase en cuestión que tanto Ezequiel Ruiz como yo recordamos, se estaba ubicando en otro lugar y en otra liga. El cronograma de recitales en Vélez de ese último tramo de 2009 le daba la razón: en octubre había tocado Charly García, en noviembre tocaba él y en diciembre tocaría Luis Alberto Spinetta.

***

En una entrevista publicada en Página/12 el 29 de septiembre de 2005, Roque Casciero le pregunta por el verso de “Te la vamos a dar” que dice: “no te hagás el mexicano / que esto es Argentina / que esto es Lugano”. Pity responde: “hay una onda muy tumba en la calle. Recién vengo de Piedrabuena, donde viví veintiséis años, y no puedo creer que los guachos hayan cambiado tanto. (…) El que te mata es un tarado que no sabe lo que vale la vida humana. Y está lleno de esos. Yo me enfrento con esa gente y trato de darle mi punto de vista. No por querer cambiar nada... Bah, capaz que sí”. Dos respuestas antes había dicho: “Es que si vos tirás un papel y nadie te dice nada, vas a volver a tirarlo y después van a haber tantos papeles que el de al lado, cansado de barrerlos, también va a empezar a tirar”.

“El de al lado (...) también va a empezar a tirar”.

Y es que es tan obvio que ni siquiera se dice: lo que pasó, el asesinato de Cristian Díaz por Cristian “Pity” Álvarez en una calle interna del complejo de monoblocks Cardenal Samoré, pasó porque la estrella nunca se fue del barrio. Si se hubiese ido a vivir con el resto de la colonia artística (de la avenida Córdoba hacia la avenida del Libertador, digamos), la noche fatal no hubiera sucedido.

“¿Por qué andas armado, Pity?” le preguntó Juan Ortelli en una entrevista de 2008 para la Rolling Stone. Respuesta: “Porque los pendejos, los fans, se me cruzan por las paredes… Y esto es propiedad privada: no saben cómo los puedo recibir yo. (…) Yo me adapto a los tiempos. Me encantaría cagarme a trompadas, o que me caguen a trompadas. Pero ya pasó eso. Yo ando armado porque los demás andan armados. Con un fierro te cagan, boludo. Yo tengo que tener los mismos entrenamientos”.

En 2011, en una entrevista en la radio Rock & Pop, Pity le dijo a Juan Di Natale: “canté en contra de las armas y voy a seguir cantando en contra de las armas. (...) Te digo la verdad, no uso más armas. Que quede bien claro, eso lo quiero asegurar”. Mientras lo decía puso un arma sobre la mesa. Ante la sorpresa del entrevistador aclaró que era una réplica. “¿Y te sirve para algo esto?”. “Sí, para espantar giles”.

***

“Y pocos son los que van a zafar” cantaba Pity en “Homero”, esa relectura amerindia y poscolonial (y, por cierto, meritocrática) de Los Simpson que está incluida en Especial. La frase parecía querer ocultar el hecho de que Pity tenía todos los boletos para zafar, si es que no había zafado ya: Especial había contado con la producción de Nigel Walker, se había grabado en Circo Beat y lo había editado la discográfica PolyGram. Y Viejas Locas ya había teloneado a los Rolling Stones en River. Por lo tanto la versión precisa de la frase podría haber sido: “somos pocos los que vamos a zafar”. Pero, por el contrario, en el verso siguiente la primera persona reforzaba lo que se había deslizado con la tercera: “Aprendemos a ser felices así”. Pity se incluía, y ya dos veces, entre los que no iban a zafar.

Pity, en efecto, zafó del trabajo, de la rutina, de la familia, de ser un obrero, pero no de la línea que decía: “Pasará dando saludos / y monedas a unos vagos”: en ese verso, el más circunstancial de toda la canción junto con el de “Al bajar del colectivo esquivará unos autos”, relumbraba el destino. Según un rumor, Díaz le pedía plata a Pity sabiendo que tenía. “La gente sabía que sos el Pity, que te va bien, que tenés guita” dijo ante la tragedia Felipe Barrozo, el de las guitarras octavadas de la buena época.

Pity, como indiferente al éxito, siguió viviendo en una escenografía bastante parecida a la de “Homero”. Alguna vez le pidieron una opinión sobre Julio Cobos, que en ese momento era vicepresidente, y él respondió: “¿Cobo?”: ni en aquel instante ni nunca se refirió a la política nacional contemporánea, pero ese apellido que escuchó le sonó al nombre de la avenida que surca el sur de la ciudad.

El caso da para la ampulosidad pintoresca: el poeta popular que no traiciona los orígenes y desgrana sus versos sobre las baldosas que lo inspiraran cuando purrete. En realidad, y según varios testimonios, era el consumo de pasta base lo que lo ataba a la zona.

A ese ser que se drogaba en los bajos fondos le preguntaron en televisión “¿Qué fue lo más fuerte que probaste?”. Y él, increíblemente, respondió con una anécdota de su viaje por las clases sociales argentinas. “Una vez alguien estaba comiendo sushi y trajeron una salsita verde... Terrible”.